Marx a Engels
en Manchester

[Londres, 26 de febrero de 1851]

¡Querido Engels!

Te he dejado narrar los hechos por los propios implicados en las cartas de Pieper y Schramm. De este modo podrás formarte mejor un juicio propio. ¡Ridiculez inconcebible por parte de los 200 asesinos fraternales, que descargan su ímpetu revolucionario en dos individuos aislados; ridiculez inconcebible del Dear, del Landolphe, del Louis Blanc, etc., el quedarse mirando tranquilamente y seguir recitando sus frases fraternales!

Una cosa más de la conversación de Schramm con Harney: H[arney] subrayó que Schapper es un «viejo conocido» suyo y que, mientras estuvimos en Bruselas, mantuvo relaciones muy íntimas con él.

¡A propósito! El informe entero sobre el mitin lo habían enviado ya los señores L. Blanc y consortes la víspera a un periódico de París.

El procedimiento judicial arruinaría a L. Blanc. Imagínate qué banquete para el «Times», sobre todo porque Barthélemy, el galeote, el asesino, etc., aparecería como acusado y provocador al asesinato. En efecto, Barthélemy dijo en plena escena de la cuña, señalando a Schramm: «C’est un infâme, il faut l’écraser.»

Lo judicial sólo tiene el efecto malo de que: el periódico proyectado por Harney y Jones es chismorreo, Harney y los fraternales son chismorreo, el «Times» se regodeará, Pieper perderá su puesto (ya tiene bastante nobleza para no preguntar por eso) y Schramm y los demás acabarán por echársenos encima a todos los cartistas. ¿Qué hacer? Mañana hablaré de ello con Jones. El amigo Harney parece que, junto con Schapper, confía en que el asunto pase sin más. Por eso no ha considerado que valiera la pena dar los pasos necesarios para con nosotros ni hacer las concesiones necesarias. El burro agrava así la situación. No puede uno dejar pasar impune esta porquería.

Si Harney te escribe, ten cuidado con una sola cosa. En tu carta te has detenido demasiado en la crítica teórica de Ledru-[Rollin] y Blanc. H[arney] ahora hace como si nosotros exigiéramos que él forme nuestra cola. Por tanto, hay que echarle ante todo en cara:

1. que se trata única y exclusivamente de su relación con Schapper y Willich, al haberse constituido en apéndice de nuestros enemigos personales directos, unos canallas comunistas, y, en la medida de su peso, haberlo arrojado contra nosotros en la balanza ante Alemania. ¿Y no había roto él con nosotros por escrito la relación con Vidil, con Barthélemy y con Willich? ¡Y cómo pudo reanudarla sin nosotros, a nuestras espaldas y contra nuestra voluntad! Si eso es leal, yo no lo entiendo.

2. Nos ha renegado, al no haber dado inmediatamente, después del incidente con Schramm y Pieper, una revancha pública en el mitin y al no haberse retirado luego de inmediato. En lugar de ello, hace todo entre sus amigos para presentar el asunto como irrelevante.

Adjunto la carta de Dronke. Tienes que escribirle detalladamente toda la porquería, incluido lo más reciente. Yo tengo que escribir una masa de cartas a Colonia, Hamburgo, etc.

Si la carta de hoy no está franqueada, tienes que pegarle un sello. Es demasiado tarde para salir a por sellos, y es necesario que la carta llegue al correo aún esta noche.

Tuyo
K. Marx