Marx a Engels  
en Manchester  
[Londres] 24 de febrero de 1851  
28, Dean Street, Soho  

¡Querido Engels!

Ahora es la una de la madrugada. Hace aproximadamente una hora irrumpe aquí Pieper, sin sombrero, desgreñado, desgarrado. El asunto se desarrolla como sigue.

«Esta noche tuvo lugar el meeting o banquete en la City. Willich presidía. Jones, fiel a su promesa, no había ido. Nuestro Dear llevaba una cinta roja. Asistían unos 700 hombres, alrededor de 150 franceses, 250 alemanes, 200 cartistas y el resto polacos y húngaros. Blanc leyó las alocuciones que le habían enviado sus compinches de París. Willich una de La Chaux-de-Fonds. De Alemania no tenían ninguna. Además se leyó una alocución de los polacos de París.

Se dice que los discursos han sido rematadamente malos; que, en general, a pesar de toda la fraternité, el rocío del aburrimiento se había pegado a los rostros y a las lenguas.

Schramm y Pieper habían adquirido entradas para presenciar la broma. Desde el principio fueron molestados. Schramm se dirigió a uno de los encargados del orden, al buen Landolphe, caballeresco, y le rogó que, al menos por su dinero, les procurase tranquilidad. El buen hombre respondió que aquél no era el lugar para embarcarse en aclaraciones.

Poco a poco, se les hizo demasiado largo a los de Great Windmill Street. Gritaron: “spy, spy”, Haynau, Haynau, y entonces Schramm y Pieper fueron sacados a golpes de la sala, sus sombreros desgarrados, y ante la sala, en el patio, pateados, pisoteados, abofeteados, casi despedazados, mechones de pelo arrancados, etc. Barthelemy se acerca y dice de Schramm: *C’est un infâme! Il faut l’écraser.*¹ Schramm responde: *Vous êtes un forçat libéré.*¹

¹ ¡Eso es un canalla! Hay que aplastarlo. — Usted es un presidiario liberado.

En la reyerta tomaron parte unos 200 sujetos, alemanes, franceses y los señores *fraternals* no menos “valientes” contra dos desarmados.

Post festum se deja ver el Dear, y en lugar de intervenir con energía, como hubiera convenido, tartamudea que conoce a la gente y quiere embarcarse en largas explicaciones. Lindo recurso, naturalmente, en semejante momento.

Los dos se han defendido con un coraje de leones.

Los de Windmill gritaban: Ése ha robado 19 chelines de nuestra caja.

Esto por hoy. *Qu’en dis-tu, mon cher?*² Si mañana estalla una revolución en Londres, Willich-Barthelemy infaliblemente llegarán al poder.

Tuyo  
K. M.

² ¿Qué dices a esto, querido?