Querido Mohr:

A Duncker ya le he escrito. También acerca de la reseña de tu libro, hasta hoy completamente ausente, en la _A. A. Z._ y en la _Kölnische Zeitung_. Esta semana no puedo en modo alguno hacer el artículo sobre esta última; es todo un trabajo, y para eso hubiera necesitado un aviso algo más anticipado. Además, he empezado el artículo militar y quiero despacharlo rápido. En cambio, para la semana que viene me comprometo a escribir el artículo.

En mi artículo anterior me han metido en la redacción algunos disparates. Yo decía que el V Cuerpo, en la marcha desde Pavía, forzó de tal modo sus fuerzas los días 3 y 4, que incluso las cuatro horas y media perdidas con el alto, de haberse aprovechado, no habrían producido un resultado mayor ni habrían llevado al cuerpo al campo de batalla notablemente antes. En la versión impresa se dice que el alto, por sí solo, le hizo posible ese esfuerzo, lo cual, 1) es lo contrario, y 2) un disparate. En primer lugar, las tropas a las 6 de la mañana del día 3 no estaban fatigadas en absoluto, puesto que acababan de ponerse en marcha; el alto, por tanto, no podía servirles de nada; y, en segundo lugar, el alto les quitó las frescas horas de la mañana y las obligó a marchar durante el mayor calor del mediodía. Para cualquier militar, la frase tal como está es de lo más bochornoso. Por lo demás, ¿de qué me sirven todos los embellecimientos de estilo mientras, mediante erratas de imprenta, se me cuelan las más colosales estupideces, como, por ejemplo, «Rest» en lugar de «¡Stop!», etc.? Precisamente mis artículos se distinguen por semejantes estupideces; el resto está corregido de manera bastante tolerable.

¡Cómo puedes, por lo demás, consentir que se cuele ahí ese poema piojoso de Herwegh!

_Quanto al danaro_, Dronke vuelve por aquí dentro de 14 días (es decir, ahora en unos 10 días), de modo que tengo que aplazar todo hasta entonces. De Lupus tampoco sé nada. De dónde sacar dinero mientras tanto es difícil de decir. Lo intentaré con Heckscher, pero ahora mismo tengo las manos llenas de trabajo; el artículo sobre tu libro me roba muchísimo tiempo. ¡Si al menos estuviera aquí Strohn! Gumpert guarda cama enfermo, laringitis, está mudo. Entretanto veré; si es de algún modo posible, Heckscher tiene que mantener vivo el periódico esta semana. Pero habría que obligar al tacaño de Freiligrath a apoquinar.

Es divertido que también del señor Liebknecht obtengas un juicio tan bonito. Esa es la gente auténtica. Estos señores están tan acostumbrados a que pensemos por ellos, que quieren tener las cosas siempre y en todas partes no solo servidas en bandeja, sino también ya masticadas, y en el más pequeño detalle no solo la quintaesencia, sino también la exposición pormenorizada _ready cooked & dried_. Ha de hacer uno milagros, _ni plus ni moins_. ¿Qué es lo que en realidad exige semejante asno? ¡Como si no pudiera sacar en claro, ya desde las tres primeras líneas del prólogo, que a este primer cuaderno han de seguir por lo menos otros 15 antes de llegar a los resultados finales! Naturalmente, las soluciones de las espinosas cuestiones monetarias, etc., son pura basura para Liebknecht, puesto que tales cuestiones no existen para él en absoluto. Pero al menos se debería exigir que semejante animal se acordara siquiera de los puntos que encajan en su mísero tenderete. Mas, en fin, ¿qué entiende la vaca del domingo?

El documento ruso no debería imprimirse en trocitos tan pequeños, pues así nadie entiende el contexto. Las lucubraciones del señor Petersen también se vuelven aburridas con el tiempo. Aunque, ciertamente, la semana pasada Holland estaba en apuros.

Los discursos del señor Bonaparte se vuelven cada vez más cómicos. El pronunciado ante el cuerpo diplomático es de lo más divertido. ¡Y encima el tipo no ha dejado de echar mano a la espada! Pero el loco parece ahora querer imponerse al mundo muy en serio como el «Viejo», al menos en lo tocante a los _dehors_.

¡Kossuth había hecho correr el rumor de que se había ido a Lussin Piccolo!

Muchos saludos
Tu
F. E.