en Manchester
Londres, miércoles, 25 de mayo de 1859

125 de mayo.
Querido Fred:

Tal como están ahora aquí las cosas, no es probable que pueda abandonar Londres; seguro que no a principios de la semana próxima.

Hoy, según veo por una anotación en mi diario, hace justo 14 días que le envié al perro de Duncker los 3 últimos pliegos de corrección (a saber, los pliegos 9-11). De modo que el asunto estaba acabado y ese individuo no tenía más que hacer sino enviarme pruebas limpias de los 3 últimos pliegos para la fe de erratas. En lugar de ello recibo hoy... ¿qué? El panfleto de Lassalle, y como no teníamos dinero en casa y casi todo lo empeñable está ya empeñado, todavía he tenido que mandar la última levita que se podía llevar a la casa de empeños, porque había que pagar 2 chelines por esa porquería, que en Berlín cuesta tal vez 8 peniques. Pero, en realidad, lo que quería decir es:

Ahora resulta evidente, pues, que se ha impuesto un nuevo embargo de 14 días a mi asunto para hacerle sitio al Sr. Lass. El trabajo que aún quedaba por hacer en mi escrito podía llevar a lo sumo 3 horas. Pero el maldito fatuo vanidoso ha ordenado el embargo para que no se dividiera la atención del público. Duncker, el muy cochino, está encantado, en cambio, de tener nuevo pretexto para aplazar el pago de mis honorarios. No le olvido al judíito esta jugarreta. La prisa con que se ha impreso su bazofia demuestra que él es magna pars en el retraso de nuestros asuntos. A esto se añade que ese animal está tan enamorado de sus excreciones que da por supuesto que yo ardo en deseos de ver su «Anónimo» y que tengo bastante «objetividad» para considerar el asesinato de mi escrito como algo normal.

El maldito judío de Viena tampoco escribe.

Lupus se equivoca mucho con Liebknecht si cree que ese buen hombre puede producir por sí mismo un papelucho como «Der Reichsregent». Biskamp ha escrito la cosa (yo le di los facts) y B. tiene que escribirlo todo. De L. no procede nada más que la «Politische Rundschau». Londres con el signo m, y ni siquiera eso enteramente. Liebknecht es tan inservible como escritor como informal y débil de carácter, de lo cual tendré que volver a informar más en detalle. Esta semana le habría caído al sujeto una patada definitiva de despedida en el trasero si ciertas circunstancias no obligaran a emplearlo todavía por un tiempo como espantapájaros.

Si las circunstancias privadas, junto con la espera a Duncker, no me hicieran probablemente imposible ir a Manchester la semana próxima, se añade además el que, si yo abandono el puesto, con las grandes intrigas que por todos los rincones ponen en juego la democracia emigrada, los comerciantes de Camberwell, los weitlingianos, etc., etc., y con la extraordinaria debilidad de la gente que aquí debe representarnos, fácilmente se echa todo a rodar por el fango. Por lo demás, ayer le he hecho comunicar categóricamente a Schapper, ese pedazo de carne holgazán, por medio de Pfänder, que si no vuelve a entrar inmediatamente en la asociación obrera (la llamada comunista) y asume allí la dirección, cesará toda «relación» con él. La única esfera en que podemos utilizar al hipopótamo la considera ese necio demasiado poca cosa para él. Mais nous verrons. Nunca tuvimos un staff peor. Pieper sería ahora muy útil. En vez de ello, está en Bremen y ni siquiera escribe.

Salud
Tuyo
K. M.