en Berlín  
Londres, martes, 19 de abril de 1859  

1 Londres, 19 de abril del 59.  

Querido Lassalle,  

No te he acusado recibo especialmente de las 141 libras y 10 chelines, porque la carta iba certificada. Pero te habría escrito antes si no me hubiera visitado un maldito «primo de Holanda» y no se hubiera apropiado de la manera más cruel de mi tiempo de plustrabajo. Ya se ha ido, y así respiro de nuevo.  

Friedländer me ha escrito. Las condiciones no son tan favorables como las que te comuniqué originalmente, pero siguen siendo «respetables». En cuanto se hayan arreglado algunos puntos secundarios entre nosotros —y creo que eso ocurrirá en el curso de esta semana—, le escribiré.  

Aquí en Inglaterra la lucha de clases avanza de la manera más satisfactoria. Por desgracia, en este momento ya no existe ningún periódico cartista, de modo que desde hace unos 2 años he tenido que suspender mi colaboración literaria en ese movimiento.  

Paso ahora a «Franz von Sickingen». Ante todo, debo elogiar la composición y la acción, y eso es más de lo que se puede decir de cualquier drama alemán moderno. En segundo lugar, dejando de lado toda relación puramente crítica con la obra, ésta me ha excitado mucho en la primera lectura, y por ello producirá ese efecto en grado aún más intenso en los lectores en quienes predomine más el sentimiento. Y éste es un segundo aspecto muy importante.  

Ahora la otra cara de la medalla: Primero —y esto es puramente formal—, ya que de todos modos has escrito en verso, habrías podido trabajar los yambos de manera algo más artística. Sin embargo, por mucho que este descuido pueda escandalizar a los poetas de oficio, yo lo considero en conjunto una ventaja, porque nuestra cría de epígonos poéticos no ha conservado más que la lisura formal. Segundo: La colisión que te propones no sólo es trágica, sino que es la colisión trágica en la que el partido revolucionario de 1848-49 sucumbió con razón. Así pues, no puedo sino expresar mi más plena aprobación por haberla convertido en el punto central de una tragedia moderna.  

Pero entonces me pregunto: ¿era el tema tratado el adecuado para representar esa colisión? Balthasar puede en efecto imaginarse que si Sickingen, en lugar de disfrazar su revuelta bajo una querella caballeresca, hubiese enarbolado el estandarte del anti-imperialismo y de la guerra abierta contra los príncipes, habría triunfado. Pero ¿podemos compartir esa ilusión? Sickingen (y con él Hutten, en mayor o menor grado) no sucumbió por su astucia. Sucumbió porque se alzó como caballero || y como representante de una clase en declive contra lo existente, o mejor dicho, contra la nueva forma de lo existente. Si se despoja a Sickingen de lo que pertenece al individuo y a su particular formación, dotes naturales, etc., lo que queda es... Götz von Berlichingen. En este último miserable sujeto aparece en su forma adecuada la antítesis trágica de la caballería frente al emperador y los príncipes, y por eso Goethe hizo bien al tomarlo como héroe. En la medida en que Sickingen —e incluso Hutten en cierto modo, aunque en él, como en todos los ideólogos de una clase, tales manifestaciones deberían modificarse considerablemente— lucha contra los príncipes (pues el giro contra el emperador se produce únicamente porque éste, de emperador de los caballeros, se transforma en emperador de los príncipes), no es en realidad más que un Don Quijote, aunque históricamente justificado. Que inicie la revuelta bajo la apariencia de una querella caballeresca no significa otra cosa sino que la inicia de manera caballeresca. Si hubiera de iniciarla de otro modo, tendría que apelar directamente, y desde el principio, a las ciudades y a los campesinos, es decir, precisamente a las clases cuyo desarrollo = caballería negada.  

Si, pues, no querías reducir la colisión simplemente a la representada en el Götz de Berlichingen —y no era ése tu plan—, Sickingen y Hutten debían sucumbir porque en su imaginación eran revolucionarios (esto último no puede decirse de Götz) y, exactamente igual que la nobleza polaca culta de 1830, por un lado se erigían en órganos de las ideas modernas y, por otro, representaban de hecho un interés de clase reaccionario. Los representantes nobiliarios de la revolución —tras cuyas consignas de unidad y libertad acecha siempre el sueño del antiguo imperio y del derecho del más fuerte— no debían absorber entonces todo el interés como lo hacen en tu obra, sino que los representantes de los campesinos (en particular éstos) y de los elementos revolucionarios de las ciudades debían formar un trasfondo activo de gran importancia. Entonces también podrías haber dejado hablar en grado mucho mayor, precisamente a las ideas más modernas en su forma más ingenua, mientras que ahora, en realidad, exceptuando la libertad religiosa, la unidad burguesa sigue siendo la idea principal. Habrías tenido entonces que shakespearizarte mucho más, mientras que yo te imputo como el error más significativo el schillerismo, la transformación de los individuos en meros portavoces del espíritu de la época.  

¿No has incurrido tú mismo, en cierto modo, como tu F. v. Sickingen, en el error diplomático de anteponer la oposición luterano-caballeresca a la plebeyo-müntzeriana?  

Echo de menos, además, lo característico en los caracteres. Excluyo a Carlos V, Balthasar y Ricardo de Tréveris. ¿Y hubo acaso una época de caracterización más vigorosa que la del siglo XVI? Hutten me resulta demasiado mero representante del «entusiasmo», lo cual es aburrido. ¿No era al mismo tiempo ingenioso, un diablo de la broma, y no se le ha hecho, por tanto, una gran injusticia?  

Hasta qué punto incluso tu Sickingen, que además está dibujado de manera demasiado abstracta, sufre una colisión independiente de todos sus cálculos personales, se pone de manifiesto en el modo en que tiene que predicar a sus caballeros la amistad con las ciudades, etc., y, por otra parte, en el placer con que él mismo ejerce justicia por la fuerza contra las ciudades.  

En detalle, he de censurar aquí y allá el excesivo reflexionar de los individuos sobre sí mismos —cosa que proviene de tu predilección por Schiller—. Por ejemplo, pág. 121. Cuando Hutten le cuenta a Marie la historia de su vida, habría sido de lo más natural poner en boca de Marie:  

«Toda la escala de las sensaciones  
etc. hasta  
Y más pesa que el peso de mis años»;  

los versos que preceden, desde «Se dice» — hasta — «envejecido», podrían seguir después, pero la reflexión «En una noche madura la doncella hasta ser mujer» (aunque muestra que Marie conoce algo más que la mera abstracción del amor) era completamente inútil; y menos que nada debía Marie comenzar con la reflexión sobre su propio «envejecer». Después de decir todo lo que ha contado en esa «sola» hora, podía dar expresión general a su sentimiento en la sentencia sobre su envejecer.  

Además, en las líneas siguientes me choca: «Lo tuve por un derecho» (a saber, la dicha). ¿Por qué desmentir la ingenua concepción que se supone que Marie ha tenido hasta ahora del mundo, convirtiéndola en una doctrina jurídica? Quizá en otra ocasión te exponga más detalladamente mi opinión.  

Considero especialmente lograda la escena entre Sickingen y Carlos V, aunque el diálogo se convierte demasiado en alegato por ambas partes; asimismo las escenas de Tréveris. Muy hermosas son las sentencias de Hutten sobre la espada.  

Y basta por esta vez.  

En mi mujer has ganado una partidaria especial para tu drama. Sólo que no está satisfecha con Marie.  

Salud.  
Tuyo  
KM  

A propósito. En «Po und Rhein» de Engels hay graves erratas, de las cuales pongo una lista en la última página de esta carta.  

pág. 7, lín. 1: Vertheitigung, debe decir: Verteidigung  
lín. 11: Nation ——— Action  
pág. 9, lín. 1: Statt Thaldefilieen — ————— Thaldefileen  
pág. 11, lín. 6: Statt zwei — eier  
pág. 12, lín. 9: —-Aprige — Apriga  
lín. 24: Apenpaß = Alpenpaß  
lín. 3 desde abajo: Julierpass — und Julierpaß  
pág. 14, lín. 4 desde abajo: Infanterie debe decir: Artillerie  
pág. 15, lín. 15: geschlagen — umgangen  
pág. 18, lín. 1: Reinthal ———- Rheinthal  
pág. 22, lín. 6: seeartig — seeartige  
pág. 23, lín. 6 desde abajo: taktische starke — taktisch-starke  
pág. 29, lín. 15: oder ——— und der  
lín. 3 desde abajo: 1797 — 17%  
pág. 31, lín. 1: Besatzung — Besetzung  
pág. 35, lín. 4: 1798 — 1797; lín. desde abajo:  
pág. 4, lín. 11: Simplom —— Simplon  
pág. 55, lín. 14: Sei dem — Seitdem  
pág. 58, lín. 9: überliess — überliessen