en Berlín
Londres, viernes, 4 de febrero de 1859

14 Feb. 1859.
9, Grafton Terrace, Maitlandpark,
Haverstockhill, Londres.

Querido Lassalle,

Del señor Duncker no ha llegado aún ningún acuse de recibo, por lo que sigue siendo incierto para mí si el manuscrito ha salido ya de las manos de las autoridades. Por el adjunto papelucho verás que salió de Londres el 26 de enero.

A propósito de la guerra: La opinión general aquí es que la guerra en Italia es inevitable. Lo que es seguro es lo siguiente: el señor Manuel va en serio, y el señor Bonaparte iba en serio. Lo que determina a este último es: 1) miedo a los puñales italianos. Desde la muerte de Orsini no ha dejado de hacer trampas en secreto con los carbonarios, y Plön-Plön, el hombre de “Clotilde”, hacía de mediador. 2) Una penuria financiera extremadamente palmaria: en efecto, es imposible seguir alimentando al ejército francés “en tiempos de paz”; la Lombardía es fértil. Además, con la guerra volverían a ser posibles los “empréstitos de guerra”. Cualquier otro empréstito es “imposible”. 3) En los dos últimos años, Bonaparte ha perdido prestigio día a día ante todos los partidos en Francia, y sus transacciones diplomáticas han sido igualmente una serie de fracasos. Así pues, hay que hacer algo para restablecer el prestigio. En el propio campo francés hay grandes murmullos a causa de los ruinosos bajos precios del grano, y el señor Bonaparte ha intentado en vano, mediante sus decretos sobre los almacenes de grano, hacer subir artificialmente el precio del trigo. 4) Rusia empuja hacia adelante al advenedizo de las Tullerías. Con el movimiento paneslavista en Bohemia, Moravia, Galitzia, Hungría meridional, septentrional y oriental, Iliria, etc., y una guerra en Italia, Rusia tendría casi asegurado quebrantar la resistencia que Austria aún le opone. (Rusia se enfrenta con terror a una revolución agraria interna, y una guerra exterior sería acaso bienvenida como distracción para el gobierno, dejando aparte todos los fines diplomáticos.) 5) El señor Plön-Plön, hijo del ex rey de Westfalia, y su camarilla (a la cabeza Girardin, y una pandilla muy variopinta de pseudorrevolucionarios húngaros, polacos e italianos)

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hacen todo lo posible por llevar la cosa a una decisión. 6) Una guerra en Italia contra Austria es la única en la que Inglaterra, que no puede aparecer directamente a favor del Papa, etc., y en contra de la llamada libertad, permanecerá neutral, al menos al principio. Rusia, por su parte, mantendría en jaque a Prusia, en caso de que esta última, cosa que no creo, tuviera ganas de inmiscuirse ya al comienzo de la lucha.

Por otra parte, es del todo seguro que el señor Luis Bonaparte tiene un miedo cerval a una guerra real y seria. 1) El hombre está siempre lleno de escrúpulos y, como todos los jugadores, no es en absoluto resuelto. Siempre se ha arrastrado hasta el Rubicón, pero quienes estaban detrás de él siempre tuvieron que arrojarlo al agua. En Bolonia, Estrasburgo, en diciembre del 51, siempre se le obligó finalmente a tomar en serio sus planes. 2) La extraordinaria frialdad con que su proyecto fue acogido en Francia no es, naturalmente, alentadora. Las masas se muestran indiferentes. En cambio, han protestado directa y seriamente: la alta finanza, la industria y el comercio; el partido clerical; por último, los altos mandos militares. (Pellissier, por ejemplo, y Canrobert.) En efecto, las perspectivas militares no son brillantes. Toma incluso las fanfarronadas del Constitutionnel como moneda contante y sonante. Si Francia reúne en total 700.000 hombres, de estos son aptos para el servicio 580.000 según || la estimación más alta. Descuéntense 50.000 para Argelia; 49.000 de gendarmes, etc.; 100.000 (mínimo) para la vigilancia de las ciudades (París, etc.) y fortalezas en Francia; 181.000 por lo menos para el ejército de observación en las fronteras suiza, alemana y belga. Quedan 200.000, y esto no es en absoluto una fuerza abrumadora, incluso si añades el puñado del ejército piamontés, contra los austríacos en sus posiciones fortificadas en el Mincio y el Adigio.

Sea como fuere, si el señor Bonaparte retrocede ahora, está arruinado ante la masa del ejército francés; y esto podría decidirlo finalmente a seguir adelante.

Pareces creer que en una guerra así Hungría se levantará. Lo dudo mucho. Austria, naturalmente, apostará un cuerpo de observación frente a Rusia en la frontera galitziano-húngara, y eso mantendrá al mismo tiempo a Hungría en jaque. Los regimientos húngaros (en la medida en que no estén, como ya ha ocurrido en gran parte, distribuidos entre sus enemigos, como checos, serbios, eslovenos, etc.) serán destinados a provincias alemanas.

La guerra conduciría sin duda a serios resultados y finalmente, con seguridad, a resultados revolucionarios. Pero, de inmediato, mantiene el bonapartismo en Francia, retrasa el movimiento interno en Inglaterra y Rusia, restaura las más mezquinas pasiones de nacionalidad en Alemania, etc., y por tanto, en mi opinión, actuará de inmediato en todas direcciones de manera contrarrevolucionaria.

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Sea como fuere, de la emigración de aquí no esperes — Nada. Se compone, con excepción de Mazzini, que al menos es un fanático, de puros caballeros de industria, cuya única ambición es sonsacar dinero a los ingleses. El señor Kossuth ha degenerado por completo en un conferenciante ambulante, que pregona las mismas sandeces en las distintas provincias de Inglaterra y Escocia y las vuelve a vender una y otra vez a un nuevo auditorio.

Los perros de aquí se han vuelto todos tan conservadores, que en verdad merecerían ser amnistiados. El señor Gottfried Kinkel, por ejemplo, publica aquí un semanario, llamado “Hermann”, al lado del cual hasta la “Kölnische Zeitung” parece un periódico audaz e ingenioso. (Mediante toda suerte de coqueteos, en particular con judías estéticas, se dice que el dulce y melodramático clérigo indujo a su mujer a caerse por la ventana y romperse el cuello. Freiligrath, en su bondad, se dejó llevar por escenas de dolor a escribir un poema sobre la difunta Johanna Mockel, pero pocos días después comprendió que el dolor era fingido y que el señor Gottfried nunca se había sentido tan libre y a gusto como desde la muerte de su esposa.) El mozo predica “optimismo” en una forma susurrante, reverencial y de aliento débil. El periódico debería llamarse “Gottfried”. Por mi parte, preferiría de hecho escribir bajo el yugo de “Manteuffel” que bajo el del filisteísmo ciudadano alemán de Londres. Pero para el señor Kinkel el yugo es tanto más dulce y ligero cuanto que, en realidad, no aventaja a estos filisteos ni en un átomo infinitesimal de carácter o de discernimiento. El trompeteo de la “Lehwald” alias “Stahr” sobre la difunta Mockel ha comprometido a esta última persona aquí, además, a posteriori.

Salut
Tuyo
K M

/ Sería muy importante para mí que obtuvieras en Breslau detalles sobre una persona del sexo femenino, que residía allí y ahora está aquí, de nombre (supuestamente) von Paula-Kröcher, y que me los enviaras lo antes posible. /

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