en Londres  
Manchester, martes 25 de enero de 1859  
(Borrador)  

I Mehr 25 Jan. 59.  

Querido Freiligrath:  

El maldito muchacho que ayer debía encargarse de la P.O. Order perdió el tiempo, de modo que los 22/- no llegan hasta hoy. Mil gracias por las molestias y los gastos.  

En cuanto a la Neueste Rh. Ztg, está ya conseguida y guardada; eso va por buen camino. En este intervalo hemos aprendido mucho y no hemos olvidado nada, y eso es más de lo que pueden decir los otros. Esto último puedes verlo en nada mejor que en el «Hermann» por ti calificado como el Juan Bautista de la Rh. Z. (evidentemente una errata por «Gottfried», pues de otro modo el título no tiene sentido). Hace mucho tiempo que no leía una bazofia tan insulsa, meliflua, que hace cumplidos en todas direcciones y menea la cola, ávida de reconciliación y perdón, vergonzosamente mal escrita, y por su estilo y contenido calculada exclusivamente para la filisteidad de Camberwell y de la City alemana y que se acomoda a ella, como este novísimo producto del falso noble otrora escarabajo de mayo. Este sujeto ha olvidado incluso el poquitín que en 1848 le había venido volando y ahora se ha convertido en una pura bolsa de orines burguesa. Puesto que, por cierto, me has puesto sobre la pista de este alegre sujeto, que ahora anda pregonando su «dolor», no quiero ocultarte que hace poco fui interpelado por diversos filisteos acerca de cómo era que tú habías cerrado semejante alianza de amistad con Monsieur Kinkel. Comprenderás que, a pesar de la exageración, me hallaba en cierto apuro; naturalmente, cargué buena parte a la vil exageración con que Kinkel y la camarilla pregonaron en todos los periódicos un simple encuentro contigo como una alianza ofensiva y defensiva —dirigida contra nosotros—, y negué redondamente el hecho; en lo que se refiere al trato social ordinario con el buen hombre, me las arreglé con malos chistes, p. ej., que los poetas vivían en un mundo propio, que Kinkel sólo podía pasar por poeta si podía remitirse a su trato contigo, etc. Baste: a pesar de ser yo un mal diplomático, logré cubrir de manera suficiente la posición del partido. A este respecto, finalmente salió a relucir que uno de los judíos esos que protegieron al dulce Gottfried en su última estancia aquí, parece haber dicho lo siguiente: ¡Vaya! ¡Ese Kinkel, ese mal bicho, debe volver otra vez a Manchester! — ha seducido a una muchacha de familia decente en Londres y la mantiene como querida, y ésa es la razón por la que su mujer, de |  

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