I 12 Nov. 1858.  
9, Grafton Terrace, Maitlandpark,  
Haverstockhill, Londres.

Querido Lassalle:

¡Post tot pericula! El envío de mi respuesta a tu última carta se ha visto demorado por un infame dolor de muelas. No contesté a tu carta desde Fráncfort porque no me habías dado dirección alguna.

Ante todo, pues: Beatus ille, no el que es visto con ojos a lo Köster, sino el que ve con ojos de K. Freiligrath y yo le habíamos contado detalladamente al propio K. que durante casi todo el verano estuve prácticamente incapacitado para el trabajo a consecuencia de los más graves padecimientos del hígado. Y en lo que atañe a mis «brillantes circunstancias», F. y yo consideramos oportuno hacer ver a un burgués medio alemán espejismos de las más brillantes imágenes, y ocultar todos los aspectos oscuros, puesto que, según nuestra común opinión, incluso los mejores burgueses de esta calaña extraerían siempre una satisfacción maliciosa de la visión real de las condiciones de vida de los «fuorusciti». Esto en cuanto a Köster.

En lo que respecta al demorado envío del manuscrito, primero me lo impidió la enfermedad y más tarde tuve que ponerme al día con otros trabajos remunerativos. Pero el verdadero motivo es el siguiente: la materia estaba ante mí, solo faltaba ya la forma. Sin embargo, en todo lo que escribía notaba, a través del estilo, el sabor del padecimiento del hígado. Y tengo una doble razón para no permitir que este escrito resulte estropeado por motivos médicos:

1) Es el resultado de quince años de investigaciones, es decir, del mejor período de mi vida.

2) Representa por primera vez, de manera científica, una concepción importante de las relaciones sociales. Así pues, le debo al partido que la cosa no quede desfigurada por esa manera de escribir pesada y rígida, propia de un hígado enfermo.

No aspiro a una exposición elegante, sino tan solo a escribir en mi manera habitual, lo cual me fue imposible al menos en este tema durante los meses de sufrimiento, aunque a lo largo de ese tiempo tuve que escribir, y de hecho escribí, editoriales en inglés de omnibus rebus et quibusdam aliis equivalentes al menos a dos volúmenes impresos.

Pienso que si expones este estado de cosas al señor Duncker, aunque seas menos hábil que tú, no podrá sino aprobar mi proceder, el cual, en lo que a él como librero-editor respecta, se reduce sencillamente a que yo trato de entregarle a cambio de su dinero la mejor mercancía.

Habré terminado dentro de unas cuatro semanas, pues en realidad acabo de empezar a escribir.

Otra circunstancia que, sin embargo, no tendrás que defender hasta la llegada del manuscrito: es probable que la primera sección, «El capital en general», ocupe ya dos entregas, pues al ir redactando compruebo que precisamente aquí, donde hay que exponer la parte más abstracta de la economía política, una concisión excesiva haría la cosa indigesta para el público. Pero, por otra parte, esta segunda entrega debe aparecer simultáneamente. La conexión interna lo exige, y de ello depende todo el efecto.

A propósito. En tu carta de Fráncfort no me decías nada de tu obra económica. En cuanto a nuestra rivalidad respecta, no creo que en esta materia exista embarras de richesses para el público alemán. De hecho, la economía como ciencia en el sentido alemán está aún por hacer, y no solo nosotros dos, sino una docena son necesarios para ello. Yo espero al menos, como fruto de mi trabajo, lograr que cierto número de cabezas mejores se orienten hacia este mismo campo de investigación.

Podrías prestarme un servicio extraordinario si de vez en cuando me escribieras acerca de la situación de Prusia y me enviaras también recortes de periódico relativos a ella.

Mi esposa te envía saludos y teme que Köster se haya equivocado respecto a «su belleza» tanto como respecto a la salud de su marido.

Freiligrath te envía saludos ídem. Está ocupado hasta el cuello en su negocio de banquero. No debes, pues, tomar a mal su silencio.

Salud
Tuyo
K. Marx