Querida señora Marx:

Espero que el Mohr esté por fin mejorando y que pronto vuelva a estar en condiciones de trabajar con soltura en la economía. Yo también he estado sufriendo la semana pasada de dolor de muelas, que me había dejado desde el domingo, pero que esta noche ha regresado con creciente violencia, precisamente cuando me disponía a arreglar unos preliminares sobre la toma de Lucknow para la Tribune. Si en estas circunstancias lo consigo, es harto dudoso. En cualquier caso, trataré de estudiar el asunto esta noche y, si es posible, mañana a mediodía en la oficina poner algo por escrito, aunque no sea mucho. Pero sería bueno que el Mohr, en todo caso, tuviera en reserva algún asunto para poder suministrar algo a esa gente en la más extrema necesidad.

El trabajo nocturno me sigue afectando mucho, y si lo prolongo, o dos noches seguidas, sobrevienen gran excitación e insomnio; sobre todo si durante el día he tenido mucho que hacer con escrituras. Por la noche estoy también muy torpe y lacio, hasta que la concentración forzada en un objeto me excita. Mi memoria, en conjunto, está mejor, pero todavía me ocurre cada día que cosas que hice o escuché la víspera las olvido por completo, como si nunca hubieran ocurrido, y sólo después de recordar los detalles sueltos me vuelven a la mente. Por lo demás, físicamente estoy otra vez fuerte y sano, y puedo soportar fatigas y – salvo el dolor de muelas – también toda clase de climas.

Lupus cojea todavía muy fuertemente y en una semana tiene que gastar más en coches de alquiler que de ordinario en un año. Pero se le ve visiblemente mejor, y dentro de ocho días probablemente podrá soportar otra vez hasta cierto punto las marchas. Le envía a usted un cordial saludo a todos.

¿Qué le parece el proceso Bernard? Los mouchards franceses y su digno cofrade Mr. Rogers hacen un buen papel. En el Morning Post apareció ayer una bonita descripción de la fisonomía del proceso. El Chevalier Estien estaba muy bien retratado.

Hoy me manda de nuevo el querido Harney tres Independents, de los que se desprende que su enemigo hereditario, el Seigneur Godfray, le ha colgado un segundo proceso de prensa. El hombre pronto se sentirá tan horrible como el horrible Lassalle.

«Our faithful ally» pesa ahora como una pesadilla sobre el comercio inglés. Nadie quiere especular, ni comprar más que al día, porque toda la filisteidad espera guerra, revolución o cosas aún más salvajes en Francia.

Salude cordialmente a las niñas y al Mohr. Suyo fiel,

F. Engels.