Marx a Engels

en Mánchester

[Londres] 2 de abril de 1858

Querido Frederick,

Las historias del “Guardian” muy amusing. Un corresponsal del “Daily Telegraph” (directly under Pam’s auspices) escribe que es muy peligroso ser “deaf” en París. Todos los “deaf Englishmen” serían perseguidos por la policía como Allsops. Dice que los englishmen abandonaban París en masse, en parte por las vejaciones policiales, en parte por temor a un estallido. En el último caso, en efecto, si los bonapartists vencían, los John Bulls temían ser masacrados por los maddened soldiers, y el propio corresponsal es tan ingenuo como para escribir que él in such a case should like to be anywhere else but at Paris. Esta deserción de los Bulls le amarga la sopa al épicier parisiense, al casero y a las putas, etc., at this moment of commercial depression. ¿Has visto que ahora avowedly 300 millones de francos “are disappeared” del presupuesto, and nobody knows what has become of them? By and by saldrán a la luz otras revelaciones sobre las finanzas bonapartistas, y los burros de la “Tribune” verán lo sabios que fueron al no imprimir los very elaborated articles que les envié al respecto hace medio año. Esos tipos son unos burros, y lo que no es, en el sentido más estúpido de la palabra, “cuestión del día”, se inclinan a dejarlo de lado por uninteresting, para luego, en cuanto el mismo asunto esté à l’ordre du jour, compilar las sandeces más tontas.

Notabene: se rumorea en los clubes militares de aquí que entre los papeles póstumos de Raglan se ha encontrado evidence de que: 1) en la batalla del Alma, él hizo la propuesta correcta de no atacar a los rusos por el lado del mar, sino por el flanco opuesto, y arrojarlos al mar; 2) que propuso avanzar hacia Simferopol después de la batalla del Alma; 3) que en Inkerman, sólo tras los más insistentes ruegos y menaces de Canrobert, le arrancó a Bosquet la orden de correr en ayuda. Se añade que, si las fanfarronadas del otro lado del Canal continúan, esos papers serían publicados y se probaría que los franceses estaban siempre en el salto, to betray their dear allies. Algunas hints que dejó caer De Lacy Evans en la House of Commons apuntaban también en ese sentido.

Estoy tan indispuesto de la bilis que esta semana no puedo ni pensar, ni leer, ni escribir, ni hacer absolutamente nada, save los artículos para la “Tribune”. Estos naturalmente no pueden faltar, ya que debo retirarme al campo tan pronto como sea posible. La indisposición es fatal, sin embargo, porque no puedo empezar a elaborar el asunto para Duncker hasta que me encuentre bien y sienta de nuevo vigour y grasp en los dedos.

Lo que sigue es short outline of the first part. Toda la mierda se dividirá en 6 libros: 1. Del capital. 2. Propiedad territorial. 3. Trabajo asalariado. 4. Estado. 5. Comercio internacional. 6. Mercado mundial.

I. Capital se divide en 4 secciones. a) Capital en general. (Éste es el contenido del primer fascículo.) b) La competencia o la acción de los muchos capitales entre sí. c) El crédito, donde el capital, frente a los capitales singulares, aparece como elemento general. d) El capital por acciones como la forma más acabada (precipitándose en el comunismo), con todas sus contradicciones al mismo tiempo. El tránsito del capital a la propiedad territorial es a la vez histórico, puesto que la forma moderna de la propiedad territorial es producto de la acción del capital sobre la propiedad feudal, etc. Asimismo, el tránsito de la propiedad territorial al trabajo asalariado no es solo dialéctico, sino histórico, ya que el producto último de la propiedad territorial moderna es el establecimiento general del trabajo asalariado, el cual aparece luego como base de toda la mierda.

Bien (hoy me es difícil escribir), vayamos ahora al corpus delicti.

I. Capital. Primera sección. El capital en general. (En toda esta sección se supone que el salario siempre es igual a su mínimo. Los movimientos del propio salario y la subida o bajada del mínimo pertenecen al examen del trabajo asalariado. Además, la propiedad territorial se pone = 0, es decir, la propiedad territorial como relación económica particular aún no viene al caso aquí. Sólo por este proceder es posible no hablar constantemente de todas las cosas en todas las relaciones.)

1. Valor. Puramente reducido a cantidad de trabajo; el tiempo como medida del trabajo. El valor de uso —ya se lo considere subjetivamente, como usefulness del trabajo, u objetivamente, como utility del producto— aparece aquí meramente como premisa material del valor, la cual queda por ahora completamente fuera de la determinación formal económica. El valor como tal no tiene otra “materia” que el trabajo mismo. Esta determinación del valor, primeramente esbozada en Petty, y expuesta de manera depurada en Ricardo, no es más que la forma más abstracta de la riqueza burguesa. Presupone de por sí ya: 1) la abolición del comunismo natural (India, etc.); 2) la de todos los modos de producción no desarrollados, preburgueses, en los cuales el intercambio no los domina en toda su amplitud. Si bien es una abstracción, es una abstracción histórica que solo pudo emprenderse sobre la base de un determinado desarrollo económico de la sociedad. Todas las objeciones contra esta definición del valor o bien provienen de relaciones de producción menos desarrolladas, o bien se apoyan en la confusión de hacer valer contra el valor, en esta forma abstracta y no desarrollada suya, las determinaciones económicas más concretas de las cuales el valor es abstraído y que, por otra parte, pueden considerarse por tanto como desarrollo ulterior del mismo. Dada la confusión que los propios economistas tienen acerca de cómo esta abstracción se relaciona con formas concretas posteriores de la riqueza burguesa, esas objeciones eran plus ou moins justificadas.

De la contradicción entre los caracteres generales del valor y su existencia material en una mercancía determinada, etc. —estos caracteres generales son los mismos que luego aparecerán en el dinero— resulta la categoría del dinero.

2. Dinero.

Algo sobre los metales nobles como portadores de la relación dineraria.

a) El dinero como medida. Algunas glosas marginales sobre la medida ideal en Stewart, Attwood, Urquhart; en forma más racional en los predicadores del dinero del trabajo. (Gray, Bray, etc. Algunos golpes ocasionales a los proudhonistas.) El valor de la mercancía traducido en dinero es su precio, que por ahora aparece solo en esta diferencia meramente formal respecto del valor. Según la ley general del valor, una cantidad determinada de dinero no expresa sino una cantidad determinada de trabajo objetivado. En tanto el dinero es medida, la variabilidad de su propio valor es indiferente.

b) El dinero como medio de cambio o la circulación simple.

Aquí solo se ha de considerar la forma simple de esta circulación misma. Todas las circunstancias que la determinan más están fuera de ella, y serán examinadas solo más tarde (presuponen relaciones más desarrolladas). Si llamamos a la mercancía M y al dinero D, la circulación simple muestra ciertamente los dos movimientos circulares o figuras: M—D—D—M y D—M—M—D (esta última constituye el tránsito a c), pero el punto de partida y el punto de retorno no coinciden en modo alguno, o solo casualmente. La mayor parte de lo que los economistas han establecido como leyes examina la circulación del dinero no dentro de sus propios límites, sino como subsumida y determinada por movimientos superiores. Todo esto ha de ser ekartiert (puesto a un lado). (Pertenece en parte a la teoría del crédito; pero, en parte, ha de considerarse en los puntos donde el dinero vuelve a aparecer, aunque más determinado.) Aquí, pues, el dinero como medio de circulación (moneda). Pero a la vez también como realización (no meramente evanescente) del precio. De la simple determinación de que la mercancía, puesta como precio, ya ha sido idealmente cambiada por dinero antes de cambiarse realmente por él, se sigue de suyo la importante ley económica de que la masa del medio circulante está determinada por los precios, no a la inversa. (Aquí, algo histórico sobre la polémica relativa a este punto.) Se sigue, además, que la velocidad puede sustituir a la masa, pero que para los actos de intercambio simultáneos es necesaria una masa determinada, en la medida en que esos actos mismos no se relacionan entre sí como + y —, compensación y consideración que, sin embargo, en este punto solo han de tocarse de manera anticipada. No entro aquí en el desarrollo ulterior de esta sección. Solo señalo aún que la separación entre M—D y D—M es la forma más abstracta y superficial en que se expresa la posibilidad de las crisis. Del desarrollo de la ley de la determinación de la masa circulante por los precios se sigue que aquí se presuponen condiciones que en modo alguno existen en todos los estados sociales; de ahí la tontería de, por ejemplo, poner la afluencia de dinero de Asia a Roma y su efecto sobre los precios de allí tout bonnement al lado de relaciones comerciales modernas. Las determinaciones más abstractas, examinadas con más precisión, remiten siempre a una base histórica ulterior, concreta y determinada. (Of course, ya que son abstraídas de esa base, en esa determinación.)

c) El dinero como dinero. Es este el desarrollo de la forma D—M—M—D. El dinero como existencia autónoma del valor frente a la circulación; existencia material de la riqueza abstracta: se muestra ya en la circulación, en tanto que aparece no solo como medio de circulación, sino realizando el precio. En esta cualidad c), en la que a) y b) aparecen solo como funciones, el dinero es la mercancía general de los contratos (aquí la variabilidad de su propio valor, del valor determinado por el tiempo de trabajo, cobra importancia), objeto del hoarding (ataesoramiento). (Esta función sigue siendo importante en Asia todavía, y en el mundo antiguo y en la Edad Media generally. Hoy existe solo de manera subordinada en la banca. En épocas de crisis, la importancia del dinero vuelve a aparecer en esta forma. El dinero, considerado en esta forma, con las ilusiones histórico-mundiales que engendra, etc. Propiedades destructivas, etc.) Como realización de todas las formas superiores en que el valor aparecerá; formas definitivas en las que todas las relaciones de valor se cierran exteriormente. Pero el dinero fijado en esta forma deja de ser relación económica, la cual se extingue en su portador material, el oro y la plata. Por otra parte, en la medida en que entra en la circulación y se cambia de nuevo por M, el proceso final, el consumo de la mercancía, sale de nuevo de la relación económica. La circulación simple del dinero no lleva en sí el principio de la autorreproducción y, por tanto, apunta más allá de sí misma. En el dinero —tal como muestra el desarrollo de sus determinaciones— está puesta la exigencia del valor que entra en la circulación, se conserva en ella y, a la vez, la pone a ella misma: el capital. Este tránsito es al mismo tiempo histórico. La forma antediluviana del capital es el capital comercial, que, desarrollado, produce siempre dinero. Al mismo tiempo, surgimiento del capital real a partir del dinero o del capital comercial que se apodera de la producción.

d) Esta circulación simple, considerada de por sí —y ella es la superficie de la sociedad burguesa, en la cual quedan borradas las operaciones más profundas de las que procede—, no muestra diferencia alguna entre los sujetos del intercambio, salvo diferencias meramente formales y evanescentes. Es éste el reino de la libertad, de la igualdad y de la propiedad fundada en el “trabajo”. La acumulación, tal como aquí aparece bajo la forma del hoarding [atesoramiento], no es más que la mayor frugalidad, etc. Necedad, de una parte, de los armonistas económicos, de los librecambistas modernos (Bastiat, Carey, etc.), al hacer valer este estrato superficialísimo y abstractísimo como la verdad de esas relaciones de producción más desarrolladas y de sus antagonismos. Necedad de los proudhonistas y socialistas semejantes, que, a ideas de igualdad, etc., correspondientes a este intercambio de equivalentes (o presuntos como tales), oponen las desigualdades, etc., a las cuales ese intercambio retorna y de las cuales él procede. Como ley de la apropiación en esta esfera aparece la apropiación mediante el trabajo, el intercambio de equivalentes, de modo tal que el intercambio no hace más que devolver el mismo valor en otra materialidad. En suma, aquí todo es “hermoso”, pero pronto acabará de manera espantosa, y precisamente a consecuencia de la ley de la equivalencia. Llegamos ahora, en efecto, a

3. El capital.

Esto es propiamente lo importante de este primer cuaderno, aquello sobre lo cual necesito en mayor medida tu opinión. Hoy, empero, no puedo seguir escribiendo. La bilis me hace difícil guiar la pluma, y el inclinar la cabeza al papel me marea. De modo que for next time.

Salut.

Tuyo
K. M.