en Manchester
Londres, lunes, 22 de febrero de 1858

122 Febr. 1858.
Querido Engels,

Adjunto una carta de Lassalle, interesante por el pasaje relativo a Rudolph Schramm. Lo que el tipo escribe sobre mi «lógica» viene a decir, simplemente, que no quiere entenderme. Le había indicado, sin más, que no le había escrito porque las cosas habían llegado a un punto en que se hacía necesaria una explicación oral para proseguir el intercambio epistolar. De hecho, había despachado este pasaje resbaladizo en un estilo muy diplomático.

Naturalmente, le he respondido que se busque editores en Berlín. Mi propósito es publicar la cosa en fascículos, pues no tengo tiempo ni medios para elaborarla tranquilamente del todo. Puede que la primera forma perjudique a la forma. En todo caso, mejor para la difusión. También facilita encontrar libreros.

En lo tocante a los piojosos yanquis, por supuesto que con el mayor placer les habría escrito a los señores Dana y Appleton que me hicieran ambos el favor de —. Pero la situación es simplemente ésta:

Había girado 20 libras a cargo de Appleton. Según mis cálculos, había girado como máximo por valor de 5 libras. Pero no pude hacer otra cosa, pues una parte de las facturas vencía a finales de diciembre y debían pagarse. Bien. El señor Dana tiene ahora 20 libras —que justamente había de girar mañana contra el *Tribune*—, y las ha cargado por ahora a cuenta del *Tribune*, cortándome así todos los recursos hasta que el manuscrito enviado a Appleton cubra esa porquería. Hasta entonces estoy en un punto muerto. Tan pronto como ese Appleton esté pagado en mercancía y yo vuelva a abrir la compuerta sobre el *Tribune*, estoy por dejar caer a todo Appleton —especialmente si la *Presse* de Viena acepta mi propuesta de un artículo semanal sobre finanzas. En todo caso, soy de la opinión de que incluso la amenaza de cortar el suministro haría entrar en razón a Dana y Appleton y les induciría a ofrecer un pago mejor. Pero esta maniobra no puede hacerse hasta que levante el actual bloqueo. Si esos cerdos han aceptado el Bolívar, según mis cálculos aún quedan por enviar unas 30-32 columnas. Hasta entonces floto literalmente en el vacío. Además, esos perros saben que ahora me tienen en su poder. Así que todo a lo que ahora hay que aspirar es a condensar lo menos posible —en la medida en que pueda hacerse sin resultar soso—.

En lo que respecta a Bülow y Beresford, yo puedo escribir lo biográfico, pero escribe tú enteramente lo militar, en inglés, para que estos artículos no desentonen con los otros. Además, aquí de nada me sirven meras indicaciones, pues tendría que hacer estudios —ahora imposibles— para desarrollarlas. En cuanto termines con B, ponte con «Caballería», pues eso agota el trabajo.

Así está la situación, muchacho. Por suerte, ocurren ahora en el mundo exterior muchas cosas que alegran. Por lo demás, en privado, creo que llevo la vida más atormentada que imaginarse pueda. ¡No importa! No hay mayor necedad para gentes de aspiraciones generales que casarse y entregarse así a las *petites misères de la vie domestique et privée*.

¿Qué dirá ahora el buen *Guardian*? La venganza de Milner Gibson y Bright, ciertamente, clásica. Dicho entre nosotros, creo que Palmerston tenía su «comezón», romper su propio ministerio, y que todas las aparentes torpezas que condujeron a este resultado fueron calculadas por su parte.

De un artículo aparecido recientemente en el *Moniteur* se desprende que las mercancías almacenadas en los depósitos aduaneros franceses son enormes, en comparación con 1856 y 1855, y el corresponsal del *Economist* dice directamente que Bonaparte ha inducido al Banco a hacer anticipos sobre ellas, permitiendo así a sus tenedores retirarlas. Pero, a medida que se acerque la primavera, tendrán que ser arrojadas al mercado, y entonces, sin duda, se producirá un crac en Francia, al que responderán cracs en Bélgica, Holanda, la Prusia renana, etc.

En Italia, la situación económica es verdaderamente horrible. A la crisis industrial se suma la penuria agrícola (esta última, según las conclusiones de un congreso agrícola en Francia, también muy grave allí. Este declaró que no podían seguir con el hectolitro de trigo a 17 francos).

En conjunto, la crisis ha cavado como un buen viejo topo.

Salut
Tuyo
K. M.