en Manchester
Londres, domingo, 14 de febrero de 1858

14 de febrero de 1858.
Querido Engels:

Me habías prometido enviarme el Guardian. Por eso lo esperaba para hoy, ya que el pescado es ahora el único tema de la correspondencia, y a estos tipos les gustan más unas cuantas anécdotas chismosas que cualquier cantidad de ideas. Creo que mañana llegarán los números prometidos, pero te ruego encarecidamente que en lo sucesivo me mandes siempre las cosas de modo que las tenga el jueves o, a más tardar, el viernes. Pasado el día de la correspondencia, ya no me sirven, por supuesto, para la misma.

Ahora estaré tres días sobre alfileres, hasta que sepa si mi letra de cambio, que parece no haber sido enviada desde aquí hasta algunas semanas después de su libramiento, ha sido aceptada o no. En el mejor de los casos no podré girar de nuevo contra la Tribune por los artículos que le he suministrado hasta que el asunto con Appleton esté arreglado. Había calculado mal por completo la mercancía enviada a este último. Respecto a un artículo más extenso sobre Bolívar, Dana pone además reparos porque está escrito en un estilo partidista y me pide mis fuentes. Estas últimas se las puedo dar desde luego, aunque la exigencia es curiosa. En cuanto al estilo partidista, reconozco que me he salido algo del tono ciclopedista. Ver al más cobarde, vulgar y miserable canalla denunciado como Napoleón I era demasiado fuerte. Bolívar es el verdadero Soulouque.

Te felicito por tus proezas ecuestres. Pero no hagas saltos demasiado arriesgados, que pronto se presentarán ocasiones más importantes para arriesgar el cuello. Parece que le das bastante duro a este hobby-horse. En cualquier caso, no creo que la caballería sea la especialidad en la que más falta haces para Alemania. Me permito también una ligera duda de si un sobreesfuerzo en cualquier línea es beneficioso para tu salud. A mí, por lo menos, los médicos me han asegurado que durante algún tiempo la áurea mediocritas en toda clase de esfuerzos ha de ser para ti la norma.

La historia de Bonaparte ha puesto también fin, con espanto, a la proyectada amnistía prusiana. Por lo demás, Luis no hace más que copiar a su presunto tío. De hecho, no solo es Napoleón el Pequeño en el sentido de Víctor Hugo, por oposición a Napoleón el Grande, sino que personifica de manera admirable la pequeñez del gran Napoleón. He consultado a Cobbett, año 1802-1803, y encuentro que la «cueva de asesinos» y todo eso se hallan literalmente en el Moniteur de entonces. Entre otras cosas, en el Moniteur del 9 de agosto de 1802 se lee al pie de la letra lo siguiente:

«O el gobierno inglés autoriza y tolera estos crímenes públicos y privados, en cuyo caso no se puede decir que semejante conducta sea compatible con la generosidad, la civilización y el honor británicos; o es incapaz de impedirlos, en cuyo caso no merece el nombre de gobierno; sobre todo, si no posee los medios de reprimir el asesinato y la calumnia y de proteger el orden social.»

Salut,
Tuyo
K. M.

Si aún no has enviado los números atrasados del Guardian, haz de modo que los tenga hasta el lunes, y los siguientes hasta el viernes.