en Manchester 
Londres, lunes 1 de febrero de 1858 

I 1 de feb. de 1858. 
9, Grafton Terrace, Maitland Park, 
Haverstock Hill. 

Querido Frederick, 

Llegaron 5 libras esterlinas. El que hayan llegado juntas dos cartas, una de las cuales envié el jueves y la otra el viernes, parece indicar que el correo retarda, inspecciona, etc., las cartas de los refugiados. 

Nuevas B: Bidassoa (batalla de) Blenheim (ídem) Burmah (guerra de) Bomarsund (asedio) Borodino (batalla) Brescia (asalto) Bridgehead, Bülow, Buda (asedio de) Beresford, Berme. Cuando Dana dice: «most of them I asked you before», eso es un error. Confunde tu lista de las B con la suya. Él mismo encargó solamente: 

«Barbette. Bastion. Bayonet. Barclay de Tolly. Battery. Battle. Bern. Bennigsen. Berthier. Bernadotte. Bessiéres. Bivouac. Blindage. Blücher. Blum. Bolivar. Bomb. Bombardier. Bombardment. Bomb (Ketch, Proof, Vessel) Bonnet. Bosquet. Bourrienne. Bridge (pontoon) Brown. (Sir George) Brune. Bugeaud.» (Todo esto lo ha recibido ya el muy asno.) 

Catapulta (poca cosa) la tengo lista para ti. Igualmente he terminado la mayor parte de Castrum (pero aún tengo que consultar en Wachsmuth, Antigüedades helénicas, sobre el campamento griego y sobre el judaico en De Wette). La historia de la cápsula detonante es detallada, a causa de las muy diversas clases de cerraduras de fusil, etc., que hay que enumerar. Ya habría acabado esa mierda si no hubiera llegado la nueva orden de Dana. Te enviaré toda esa porquería junta. Cada vez que estoy en el Museo, tengo que consultar tal cantidad de materiales que el tiempo (ahora sólo hasta las 4) se me pasa sin darme cuenta. Luego el camino de ida. Así se pierde mucho tiempo. 

El «Heráclito el Oscuro» de Lassalle el Heleno es, en el fondo, una obra muy insulsa. En cada una de las múltiples imágenes con que Heráclito elabora la unidad de afirmación y negación, se adelanta Lassalle, y nos obsequia en la ocasión con algún pasaje de la Lógica de Hegel, que, a duras penas, sale ganando con este proceso, y siempre a toda anchura, como un escolar que en un ejercicio tiene que probar que domina su «esencia» y su «apariencia» y el «proceso dialéctico». Cuando el escolar se ha urdido semejantes especulaciones, puede uno estar seguro de que, no obstante, sólo puede llevar a cabo el proceso de pensamiento exactamente según la receta prescrita y en las formas sacramentales. Exactamente igual nuestro Lass. Parece que el individuo ha buscado aclararse la Lógica hegeliana en Heráclito, y no se ha cansado en absoluto de reemprender una y otra vez este proceso. En cuanto a la erudición, hace de ella una exhibición enorme. Pero todo conocedor sabe lo barato que resulta, cuando uno tiene tiempo y dinero y cuando el señor Lassalle recibe directamente la Biblioteca Universitaria de Bonn a domicilio ad libitum, el montar semejante espectáculo de citas. Se ve qué extrañamente grandioso se le aparece el tipo a sí mismo en este oropel filológico; y se mueve exactamente con la gracia de un tipo que por primera vez en su vida lleva un atuendo elegante. Ya que la mayoría de los filólogos no poseen el concepto especulativo que predomina en Heráclito, todo hegeliano tiene la ventaja indiscutible de entender lo que el filólogo no entiende. (Por lo demás, sería extraño que un tipo se convirtiera en filósofo en griego por el mero hecho de aprender griego, sin serlo en alemán.) En lugar de limitarse sencillamente a tomar esto como cosa que se sobreentiende, el señor Lassalle nos trata a la manera cuasi-lessingiana. Con prolija manera de jurista, hace valer la interpretación hegeliana contra las interpretaciones falsas de los filólogos, falsas por falta de conocimiento de la materia. De suerte que tenemos el doble goce: primero, el de ver que se nos construye de antemano, con toda amplitud, cosas dialécticas que casi habíamos vuelto a olvidar, y, en segundo lugar, el de que esta «herencia especulativa» se haga valer como astucia y erudición filológico-jurídica especial del señor L. frente a los filólogos no especulativos. Por lo demás, pese a la fanfarronada del tipo de que Heráclito había sido hasta ahora un libro con siete sellos, no ha añadido, en lo principal, absolutamente nada nuevo a lo que Hegel dice en la Historia de la Filosofía. Se limita a desarrollarlo en detalle, lo que naturalmente habría podido hacerse en 2 pliegos de imprenta de manera plenamente suficiente. Y menos aún se le ocurre al mozo revelar pensamiento crítico alguno sobre la dialéctica misma. Si se imprimieran juntos todos los fragmentos de Heráclito, no llegarían a llenar ni medio pliego. Sólo un mozo que imprime libros a costa del terrible «ser humano» puede permitirse lanzar al mundo, con semejante pretexto, 2 volúmenes de 60 pliegos. 

Aparece un dicho del «Heráclito el Oscuro» donde, para hacer comprensible la conversión de todas las cosas en su contrario, dice: «Así se trueca el oro en todas las cosas, y todas las cosas se truecan en oro». Oro, dice Lassalle, es aquí dinero (c'est juste); y dinero, valor. Por tanto, lo ideal, la universalidad, lo Uno (el valor), y las cosas lo real, la particularidad, lo múltiple. Esta penetración sorprendente la utiliza para dar, en una larga nota, una prueba de sus descubrimientos en la ciencia de la economía política. Cada palabra un desatino, pero expuesto con notable pretensión. Por esta única nota veo que el individuo tiene el propósito de exponer a la manera hegeliana la economía política en su segunda gran obra. Aprenderá para su mal que una cosa es, mediante la crítica, llevar una ciencia al punto en que pueda ser expuesta dialécticamente, y otra muy distinta aplicar un sistema lógico abstracto, ya listo, a atisbos de ese mismo sistema. 

Pero como te escribí ya a raíz de su primera carta, llena de autoentusiasmo, los viejos hegelianos y los filólogos deben de haber estado complacidos, en efecto, de encontrar un ser tan anticuado en un joven que pasa por un gran revolucionario. Además, adula y hace reverencias a todos lados para asegurarse una acogida favorable. En cuanto haya hojeado ese material, te lo envío también. 

Salud 
Tuyo, 
K. M.