en Manchester
Londres, jueves, 28 de enero de 1858

28 de enero
9, Grafton Terrace, Maitland Park, Haverstock Hill.
Dear Frederick,

El intenso frío que ha irrumpido aquí y la auténtica escasez de carbón en nuestra vivienda me obligan —aunque es, de todas las cosas del mundo, la que más fatal me resulta— a presionarte de nuevo. Sólo me he resuelto a ello a consecuencia de la heavy pressure from without. Mi mujer me ha demostrado que, a raíz de un envío de Jersey que llegó antes de lo habitual, habrías incurrido en un error de cálculo y que, por tanto, este mes, sin carta especial de mi parte, no mandarías nada; que ella ha empeñado su chal, etc., etc., y no sabe cómo arreglarse. En suma, tengo que escribir y por eso lo hago. A decir verdad, si esta situación perdura, preferiría estar a 100 toesas bajo tierra antes que seguir vegetando así. Ser siempre una carga para los demás y, al mismo tiempo, estar continuamente atormentado hasta por la menor porquería es, a la larga, insoportable. Yo, personalmente, me evado de la miseria a fuerza de ocuparme intensamente con cosas generales. Mi mujer, of course, no tiene los mismos recursos, etc., etc.

Hoy ha llegado el libro de Lassalle; cuesta 2 chelines, no como precio del libro, sino como gastos de transporte. Esta circunstancia le ha asegurado una mala acogida. Dos volúmenes de 30 pliegos cada uno. Sólo he echado un vistazo. El tipo le miente al público en el prefacio diciendo que lo estaba gestando desde 1846. Parece totalmente a lo viejo hegeliano. En la interpretación y comparación de pasajes le habrá sido útil la costumbre jurídica de la hermenéutica. Nous verrons, aunque el material es demasiado farragoso para leerlo de cabo a rabo.

El señor Pieper también ha escrito y me ha comunicado el interesante secreto de que durante su estancia aquí padeció «dificultades abdominales» y por eso «tal vez» pareció aburrido.

El complot de Orsini, etc., podría echar por tierra los planes de la amnistía prusiana. Anteayer la policía irrumpió aquí violentamente a medianoche en la vivienda de Orsini, engatusó a la sirvienta para que la siguiera a Scotland Yard, donde fue examinada por el señor Richard Mayne y por mouchards franceses. Esta jugada, comprometedora para Mr. Pam, tuvo tanto menos resultado cuanto que Martin Bernard está en posesión de todas las cartas que le han dirigido a él en Londres desde la detención de Orsini, mientras que ha quemado todas las demás antes de su partida de Londres.
Salud
Tuyo
K. M.