en Londres  
Manchester, 31 de diciembre de 1857  

31 de diciembre de 1857  
Querido Mohr  

He registrado toda la ciudad en busca de periódicos que contengan las noticias de la India; mis ejemplares del *Guardian* sobre eso te los envié anteayer. No puedo conseguir el número ni en el *Guardian* ni en el *Examiner & Times*, y Belfield tampoco los tiene ya. Creía que ya habrías despachado esta historia el martes. En estas circunstancias no puedo hacer el artículo, lo que tanto más me fastidia cuanto que ésta es, desde hace cuatro semanas, la única tarde en que podría hacerlo sin descuidar asuntos urgentes. En el futuro, hazme saber tus intenciones respecto a los artículos militares con la mayor antelación posible; justamente ahora, 24 horas es mucho tiempo para mí.  

Por lo demás, los detalles son terriblemente escasos, y todo se basa tanto en los despachos telegráficos de Cawnpore a Calcuta, que resulta casi imposible aplicar la crítica. Los únicos puntos son éstos. De Cawnpore a Lucknow (Alambagh) hay 40 millas; las marchas forzadas de Havelock prueban que, para la India, 15 millas en una jornada ya son una marcha muy fuerte durante un tiempo prolongado. Colin, por consiguiente, no teniendo ante sí más que 2 o 3 marchas, debería en todo caso haber estado el tercer día desde su partida de Cawnpore ante Alambagh, con suficiente luz diurna aún para atacar de inmediato. Así ha de juzgarse la marcha de Colin; no tengo los datos en la cabeza. 2) disponía, sin embargo, de unos 7.000 hombres (se contaba con muchos más; así que la marcha entre Calcuta y Cawnpore tiene que haber sido espantosamente mala, y muchos hombres se habrán ido al hoyo); y si con unos 7.000 hombres (incluida la guarnición de Alambagh y Lucknow) batió a los de Oudh, no es nada grande. Siempre se ha considerado que un ejército de 5.000 a 7.000 ingleses es plenamente suficiente para ir a cualquier parte y hacer cualquier cosa en campo abierto en la India. Eso caracteriza de inmediato a los adversarios. Hay que tener en cuenta que los de Oudh, aunque la tribu más guerrera del valle del Ganges, precisamente por no haber estado nunca bajo organización europea directa, se hallaban muy por debajo de los cipayos en disciplina, cohesión, armamento, etc. Por ello, el combate principal fue una lucha en movimiento, es decir, un combate de escaramuzas, en que los de Oudh fueron rechazados de posición en posición. Ahora bien, es cierto que los británicos son, junto con los rusos, la peor infantería ligera de Europa, pero han aprendido algo en Crimea y, en cualquier caso, tenían sobre los de Oudh la gran ventaja de que su línea de escaramuzadores estaba adecuada y regularmente apoyada por piquetes y líneas, todo bajo un mando único y cooperando hacia un solo fin; mientras que sus adversarios, a la manera asiática habitual, se dispersaban en grupos irregulares, todos pugnando por ir al frente, ofreciendo así un blanco seis veces mayor a los británicos, sin apoyos ni reservas regulares y cada grupo mandado por su propio jefe de clan, actuando con independencia de todos los demás clanes. Pues hay que repetirlo: hasta ahora no hemos sabido de ningún caso en que un ejército insurreccional en la India hubiera estado debidamente constituido bajo un jefe reconocido. Otras indicaciones sobre el carácter del combate no las ofrecen los despachos; falta toda descripción del terreno, todos los detalles sobre el empleo de las tropas, de modo que, absolutamente, no puedo añadir nada más (y menos de memoria).  

En lo que respecta a Francia, tienes razón en todos los particulares, por lo que yo puedo juzgar. También allí el desarrollo ha sido hasta ahora normal. Aquí, en el comercio interior, la cosa empieza ahora; las dos casas de Londres, en el comercio de Manchester, pertenecen a esta clase. Pero esto no es más que el principio; este tipo no puede verse seriamente afectado hasta que la presión haya durado de 8 a 12 meses. Me parece que el desarrollo de toda la crisis se asemeja más al de 1837‑42 que a ningún otro, dejando aparte la famosa universalidad y el carácter omnicomprensivo de la actual. En este momento la gente se marea aquí con la creencia de que esta crisis ha terminado, porque la primera fase, la crisis monetaria con sus consecuencias inmediatas, ha pasado. En el fondo, cada burgués sigue creyendo que su ramo especial de negocios y, sobre todo, su propio negocio ha sido completamente sano; y como tienen de referencia a tan famoso estándar de estafadores como Monteith, McDonald, etc., para compararse, naturalmente se consideran virtuosísimos. A pesar de todo, eso no compensará al señor Troost de que pierda en sus 35.000 sacos de café un tanto por ciento de su fortuna, ni al señor senador Merck de que sus cargamentos y demás operaciones, por un importe de 22 millones de marcos banco, devoren todo su capital. John Pondu, un hongo de aquí, de Escocia, que ha crecido colosalmente en los últimos cinco años, tiene, junto con otros cinco, 7.000 balas de seda flotantes, en las que se perderán 300.000 libras esterlinas. Todo esto no se desenvolverá hasta marzo y abril, y los denodados esfuerzos por hacer subir el mercado de productos fracasarán regularmente ante los barcos que vayan llegando. Parece que ahora va a helar y soplar viento del Este, de modo que ningún barco puede entrar. Si esto dura de 8 a 14 días, todos los productos subirán con seguridad, para luego, al primer viento del Oeste que traiga toda una flota, bajar tanto más estrepitosamente. He ahí lo que se llama la oferta y la demanda en tiempos de crisis. El stock de algodón en Liverpool empieza también a acumularse: 400.000 balas según el recuento de hoy, un stock algo mayor que el promedio. Aún mejor, y el algodón bajará seguramente hacia la primavera; ahora ha vuelto a subir un tanto por ciento, porque de Jersey & Co., de aquí, que abastecen casi todo el mercado ruso, recibieron la semana pasada la noticia de que la anulación de todas sus órdenes cursadas a América había llegado a tiempo, y entonces compraron en Liverpool unas 6.000 balas. Eso animó el mercado, y los hilanderos que tenían dinero fueron y compraron algo para cubrirse a los precios bajos. Con ello, algunas casas de aquí se pusieron nerviosas o, mejor dicho, cobraron ánimos, y compraron hilado y tejido también para no dejar pasar el “momento más bajo”. No durará mucho. Por lo pronto, creo que aquí tendremos suaves altibajos, con tendencia general a la baja, quizá también algo al alza; no se puede decir con exactitud, hasta que caiga un nuevo rayo en alguna parte. En todo caso, se avecina un mal año para hilanderos y fabricantes, ya por falta de demanda y exceso de oferta. Una presión estancada es lo más peligroso para los burgueses de aquí. Las crisis monetarias no causan aquí gran cosa, porque todos los créditos son sumamente cortos (de 14 días a 6 semanas).  

El sábado fui a la cacería de zorros, siete horas a caballo. Una cosa así me excita siempre endiabladamente por un par de días; es el placer físico más grandioso que conozco. En todo el campo solo vi a dos que montaban mejor que yo, aunque también llevaban mejores caballos. Esto me restablece ya la salud por completo. Por lo menos veinte individuos cayeron del caballo o se despeñaron, dos caballos quedaron inutilizados, un zorro muerto (yo estuve en el remate). Por lo demás, no ocurrió ninguna desgracia. Por cierto, los verdaderos cazadores de zorros no estaban presentes; ésos, naturalmente, montan mucho mejor que yo. Lo de Lupus se encarga.  

Y ahora, ¡próspero Año Nuevo para toda la familia en este año de revueltas de 1858.  

Tuyo,  
F. E.