en Manchester  
Londres, 25 de diciembre de 1857  

25 Dic. 1857.  
Querido Frederick:

Puesto que ahora nuestra primera tarea es ponernos en claro sobre las condiciones francesas, he vuelto a revisar todos mis extractos acerca del comercio, la industria y las crisis francesas, y he llegado a algunos resultados que quiero comunicarte brevemente:

1) Las crisis inglesas, nórdicas y americanas nunca han producido en Francia directamente una «crisis francesa», sino sólo efectos pasivos — malestar crónico, limitación de la producción, estancamiento del comercio e inquietud general. Causa: Francia tiene la balanza comercial favorable frente a los Estados Unidos, las ciudades hanseáticas, Inglaterra, Dinamarca. Le es desfavorable con Suecia y Noruega, pero esto queda más que compensado por Hamburgo. En consecuencia, estas crisis no pueden producir nunca una salida de metálico, y por tanto ningún pánico propiamente monetario en Francia. Si a pesar de ello el Banco, como lo ha hecho esta vez, eleva la tasa de interés, lo hace sólo para impedir que los capitalistas coloquen su dinero en esos países de manera más ventajosa. Pero en tanto que la exportación de metálico no sea consecuencia necesaria de la balanza comercial, sino sólo de la codicia de los buscadores de ganancias, puede impedírsela con éxito, como Bonaparte acaba de mostrar otra vez, mediante gendarmes. Si el país de balanza comercial favorable no ha concedido largos créditos, ni ha acumulado producción destinada a la exportación a los centros de las crisis —y ambas cosas repugnan a la naturaleza de buhonero del fabricante y el comerciante franceses—, tendrá que soportar pérdidas, etc., pero no una crisis aguda. La apariencia de buena suerte con que Francia se libra así en la primera fase de la crisis general engañó también a Luis Felipe. En su discurso de apertura de las Cámaras, antes de la revolución de febrero, felicita a la «belle France» por este privilegio.

2) Admitido esto, la primera fase de la crisis ha actuado ya peor sobre la industria y el comercio franceses que nunca en ocasiones similares.

3) El primer efecto de la crisis en Francia —de acuerdo con la naturaleza del crapaud— es la más angustiosa restricción del gasto y de los negocios. De ahí el atesoramiento de dinero en el Banco de Francia simultáneamente con la enorme caída de la circulación en los descuentos del Banco. De ahí —unido a la circunstancia de que las crisis se producen siempre en otoño y de que todo gobierno francés teme al final del año disturbios políticos, debería la tasa de interés mantenerse alta en el momento de la liquidación de cuentas—, la reducción de la tasa de interés en el mes de diciembre. Luis Felipe hizo que el Banco redujese en diciembre del 47 la tasa de interés al 4%.

4) La liberación de capital en el comercio y la industria provoca a la vez una mayor efervescencia en la Bolsa. Bajo Boustrapha esto ocurre aún más que bajo Luis Felipe, porque él, por decreto de 1852, obligó al Banco a hacer anticipos sobre títulos ferroviarios, fondos públicos y papeles del Crédit Foncier, a redescontar las letras fraudulentas descontadas por el Comptoir National d’Escompte, así como a anticiparle, a su vez, sobre los títulos sobre los cuales éste había prestado. De ahí, por ejemplo, las elevadas cotizaciones de las acciones y obligaciones ferroviarias francesas, aunque los ingresos de los ferrocarriles franceses han caído, desde el estallido de las crisis inglesas, de manera desproporcionadamente mayor que los ingleses. Por ejemplo, los ingresos del Orleans han caído un 24% desde el 29 de octubre hasta el 26 de noviembre, y aún más desde entonces. No obstante, el Orleans cotizaba el 22 de diciembre a 1355, mientras que el 29 de octubre estaba a 1310. Se desprende asimismo del informe mensual del Banco de Francia correspondiente a diciembre que, mientras los descuentos en diciembre han bajado en 94.236.520 francos con respecto a octubre y en 49.955.500 con respecto a noviembre, los anticipos sobre títulos ferroviarios han aumentado.

5) La crisis propiamente francesa estalla tan sólo cuando la crisis general ha alcanzado cierta altura en Holanda, Bélgica, el Zollverein, Italia (incluida Trieste), el Levante y Rusia (Odessa); porque en estos países la balanza comercial es considerablemente favorable a Francia, de modo que la presión provoca directamente un pánico monetario en Francia. Tan pronto como ha golpeado en Francia, repercute de una manera verdaderamente admirable sobre esos países. Con Suiza mantiene Francia una relación análoga a la de los Estados Unidos con Inglaterra. La balanza comercial temporal le es siempre favorable. Pero como Francia está sumamente endeudada con Suiza, ésta puede siempre, en épocas de crisis, girar pesadamente sobre ella.

6) Cuando estalla la crisis propiamente francesa, se desata el infierno en el mercado de títulos y en la garantía de ese mercado, el Estado. (Esto repercutirá también sobre Inglaterra, que en el momento actual vuelve a especular de la manera más espléndida con títulos extranjeros.) El timo que en Hamburgo, Inglaterra y los Estados Unidos han cometido los capitalistas privados, en Francia lo ha perpetrado el propio Estado, y los buhoneros franceses en el comercio eran todos jugadores en la Bolsa. Ya la repercusión de la crisis anglo-americana llevó a los ferrocarriles a un punto muerto. ¿Qué hizo el señor Bonap[arte]? Obligó al Banco a convertirse de hecho en contratista ferroviario y a anticipar a esos tipos sobre las obligaciones que ellos, por el convenio del 30 de noviembre de 1856, están autorizados a emitir. Estas obligaciones suman para 1858 unos 9 millones de libras esterlinas. El Crédit Mobilier, que el 3 de diciembre estaba ya metido hasta las orejas en el fango, hace también preparativos para fusionarse con el Crédit Foncier y el Comptoir National d’Escompte. ¿Por qué? Porque estos últimos están legalmente autorizados a recibir anticipos del Banco sobre sus títulos y a que sus descuentos les sean redescontados. Así pues, el plan de Boustrapha, evidentemente, es convertir al Banco de Francia, con el capital que no le pertenece sino que está meramente depositado en sus arcas y que se retirará a la primera señal de alarma que se dé en los países vecinos, en el empresario general de todas sus estafas. Esto es, de hecho, muy bueno para hacer quebrar también al Banco. Lo que, por lo demás, ni al mismo señor Bona se le puede ocurrir es hacer pagar las cuotas de los accionistas por el Banco de Francia. Estas cuotas suman para 1858, sólo para los ferrocarriles franceses y según el convenio del 30 de noviembre de 1856, más de 10 millones de libras esterlinas. Se elevan a por lo menos 30 millones de libras esterlinas para todas las sociedades fraudulentas, tales como: Mercantile and Industrial Co of Madrid (de Rothschild), Französisch-Americanische Schiffscompagnie, Ferrocarril Víctor Emmanuel, Herserange Eisenwerk Co, Ferrocarril Austríaco, Compañía de Zaragoza, Ferrocarril Franco-Suizo, Ferrocarril de Lausana-Friburgo, Nassau Company, Société Générale des Tanneries, Compagnie de la Carbonisation des Houilles, Ferrocarril de Chimay a Marienburgo, Ferrocarril Lombardo-Veneciano, Südamericanische Steam Navigation Co, etc. Los franceses serán capaces, con el diablo, de pagar esas cuotas. Además, los alemanes, holandeses, suizos, los grandes tenedores de títulos franceses, a la primera alarma seria, sea en Francia o por presión en sus países de origen, los liquidarán a cualquier precio en la Bolsa de París. Así, parece que Boustrapha difícilmente podrá escapar en 1858, a menos que se mantenga durante mucho tiempo mediante el estado de sitio y assignats. Toda la vieja mierda está con el culo al aire, y el hasta ahora ridículamente audaz impulso que ha cobrado el mercado de títulos en Inglaterra, etc., tendrá también un final de espanto.

Salud.  
Tu  
K. M.

Pieper ha llegado hoy aquí de visita. |

I. Acerca del Comptoir National d’Escompte de París, hay que señalar además que este instituto, creado por el gobierno provisional para hacer descontables las letras con sólo dos firmas y de calidad por lo demás inferior, en 1851, pocos días después del golpe de Estado, fue autorizado por Boustrapha a hacer anticipos sobre rentas francesas, acciones y obligaciones industriales o de crédito constituidas como sociedades anónimas. En 1854‑55 los anticipos sobre estos títulos ascendieron a 940.000 libras esterlinas, en 1855‑56 a cerca de 1.500.000 libras esterlinas. Además, recibió en 1851 el derecho de establecer un «Sous Comptoir des Chemins de Fer», cuyo único negocio consistía en anticipos sobre acciones y obligaciones ferroviarias. A fines de junio de 1852, sus anticipos 520.000 libras esterlinas; a fines de 1852: 1.240.000 libras esterlinas; 1852‑53: 3.600.000 libras esterlinas; a fines de 1854: 4.560.000, de modo que aproximadamente nueve veces los anticipos de 1851. Es éste el mismo hermoso negocio en el que los Scotch Exchange Banks se rompieron el cuello en 1846‑47.

¿No ha suspendido aún sus pagos el Dr. Borchard?

Espero que durante la agitación en Manchester y los días de fiesta no trinques demasiado y tengas la debida consideración a tu salud. Saludos cordiales a Lupus.

¿Qué es del amigo Charley? ¿Y del viejo Hill? |