en Manchester  
Londres, 18 de diciembre de 1857  

| 18 de Dic., 57.  
Querido Frederick,  

Te escribo estas pocas líneas con toda prisa. Acabo de recibir la tercera y última advertencia del piojoso recaudador de contribuciones de que, si no pago antes del lunes, el lunes por la tarde se me meterá en casa al agente ejecutor.  
Si, por tanto, es posible, envíame algunas libras antes del lunes. La presión dineraria es ahora en mí aún mayor que de ordinario, porque desde hace unas 3 semanas tengo que pagarlo todo al contado y se ha acabado cualquier cosa parecida al crédito, mientras que, al mismo tiempo, del dinero que ingreso, siempre sale de inmediato un % para cubrir deudas flotantes. A ello se añade que los ingresos son muy escasos, pues hasta ahora no he podido mandar a la Tribune más que un artículo. Hasta aquí en lo que toca a los asuntos privados.  

Trabajo de un modo enteramente colosal, por lo general hasta las 4 de la madrugada. El trabajo es, a saber, doble: 1) Elaboración de los rasgos fundamentales de la economía. (Es absolutamente necesario, para el público, ir al fondo de la cosa, y para mí, individualmente, librarme de esta pesadilla);  

2) La crisis actual. Sobre ella —aparte de los artículos para la Tribune— me limito a llevar el registro, lo cual, empero, me quita un tiempo considerable. Pienso que hacia la primavera podríamos hacer juntos un panfleto sobre la historia, como reanuncio ante el público alemán —que todavía y siempre seguimos aquí, siempre los mismos. He abierto 3 grandes libros —Inglaterra, Alemania, Francia. En cuanto a la historia de América, todo el material se halla en la Tribune. Se puede compilar eso más tarde. Por lo demás, me agradaría que, de ser posible, me envíes el Guardian a diario. Se me duplica el trabajo e introduce perturbaciones si tengo que recuperar de una vez toda una semana o algo así.  

En Francia serán probablemente los «alemanes» —a los que ahora, en general, hay que empezar a respetar—, especialmente en El Havre, quienes abran el baile. Además, la cosa —dejando aparte la generalizada podredumbre del Estado en bancarrota— presenta un aspecto particularmente pútrido en el propio comercio en Marsella y Burdeos, en todas partes donde los piojosos sapos han sido fustigados, por la mezcla e intromisión de elementos extranjeros, para que salgan de su mezquina, piojosa roñosería y timidez. En el fondo, sólo en un país tan inmóvil era posible y necesario un Crédit Mobilier. Cuanto más conoces al «Mesías de las naciones», menos te gusta.  

Siempre que te lo permita tu tiempo, escríbeme; ya que luego olvidas de todos modos la tan necesaria «Chronique scandaleuse» de la crisis; yo extracto de tus cartas y las inscribo en los libros mayores.  

Salut. Muchos saludos a Lupus. Pieper tiene la satisfacción de que su ex-principal Saalfeld, con cuya mujer tuvo él un cacao tan grande, has gone to the wall.  

Tuyo  
KMI