en Manchester 
Londres, 8 de diciembre de 1857 

|8 Dec. 1857. 

Dear Frederick, 

Cuando te escribí la última carta en el piso de arriba, mi mujer estaba sitiada en el de abajo por lobos hambrientos que tomaban todos como pretexto los «heavy times» para sacarle el dinero que tenía en efectivo. (Por suerte, pocos días después llegaron 15 £St. de Alemania, que permitieron to shift off the evil day for a week or a fortnight.) Well. En semejantes circunstancias fui un escritor bastante confuso, aunque no hasta el punto de no haberme acordado de la confusión la misma noche, después de haber enviado la carta, y de habérselo contado a mi mujer, imaginando la cara larga que pondrías si yo dejaba que los deudores tomasen dinero a préstamo sobre las letras que ellos mismos han de pagar, etc. Durante todo este tiempo la he divertido a ella —que se halla bastante atacada por la «petite guerre» con toda clase de gentuza— con reflexiones acerca de la manera como tú me lo comunicarías del modo más gracioso. Sin embargo, difícilmente podía llegar hasta esperar que tú atenuarías el ridiculous blunder convirtiéndolo en un «slight mistake». My best thanks for this grace, Sir. 

En cuanto al asunto mismo, los tipos de Mincing Lane y Mark Lane, según el Economist, habían vuelto ciertamente a obtener loans sobre sus productos, pero este movimiento ha cesado aproximadamente desde el miércoles pasado. El maíz en particular tuvo incluso durante un par de días una upward tendency, pero bajó (en realidad, la harina) 3 sh. por 280 lbs. a consecuencia de los decretos franceses que liberan la exportación de cereales y harina; y ayer, de modo considerable, por el derrumbamiento de los precios de los cereales en el Báltico. (Notabene: la medida de Bonaparte sólo tuvo un efecto temporario en Francia; los precios subieron un poco allí, pero el alza produjo de inmediato increased supplies que hasta ahora no habían sido lanzadas al mercado francés.) Aquí han quebrado algunos comerciantes de cereales, pero todavía se trata de casas insignificantes y únicamente de operators upon grain for distant delivery. Los grandes embarques americanos llegarán en la primavera; los franceses bombardearán a Inglaterra con cereales at any price, tan pronto como la presión se haga allí more serious. Según mi opinión, si —conforme a la vieja regla— siguen ahora un par de buenos otoños, los efectos de la derogación de las leyes de cereales sobre los terratenientes y los granjeros empezarán a mostrarse ahora en Inglaterra, y la antiquated agricultural distress se renovará del modo más hermoso. El buen home trade a consecuencia de la prosperidad industrial, y muchos otoños malos, han impedido que el experimento de 1847‑57 siguiera su curso y convirtieron la derogación en letra muerta. 

Con la Tribune he vivido una satisfacción. El 6 de noviembre le escribí un artículo en el que, explicando la Ley Bancaria de 1844, decía que la farsa de la suspensión se produciría dentro de un par de días; pero que no había que hacer tanto alboroto de ese pánico monetario. El verdadero asunto era el crash industrial que se avecinaba. La Tribune lo publicó como artículo de fondo. El New York Times (que ha entablado una relación feudal con el London Times) contestó 3 days later a la Tribune, primero, que el Banco no iba a suspender, elogió la ley al modo de los escritores de artículos monetarios de Printing House Square y calificó de «simply absurd» la charla sobre el «industrial crash» en Inglaterra. Esto lo hizo el 24. El día siguiente recibió, por telégrafo desde el Atlántico, la noticia de que el Banco había suspendido, y a la vez noticias sobre la miseria industrial. Por lo demás, es hermoso que Loyd-Overstone haya salido ahora a la luz con el verdadero fundamento de su fanatismo por la ley de 1844: porque ella permite a los «hard calculators» extraer del mundo comercial un 20‑30%. [ 

| Que los capitalistas, que tanto gritaban contra el «droit au travail», exijan ahora por todas partes a los gobiernos «asistencia pública», haciendo valer así el «droit au profit» a expensas del público, en Hamburgo, Berlín, Estocolmo, Copenhague y la misma Inglaterra (bajo la forma de la suspensión de las leyes), es hermoso. Igualmente lo es que los pequeñoburgueses de Hamburgo se hayan negado a conceder más limosnas a los capitalistas. 

Lo sorprendente de toda esta historia es el asunto de Francia y el modo como lo trata la mayoría de la prensa inglesa. Si tras el crash americano se contraponía a John Bull, el comerciante tranquilo y dueño de sí mismo, al hermano Jonathan, ahora se contrapone a Jacques Bonhomme con John Bull. El corresponsal parisino del London Economist observa a este respecto con gran ingenuidad: "There has been not the slightest disposition to have a panic, though circumstances certainly appeared to justify one, and though the French have heretofore been extremely ready to rush into panics on the smallest pretexts." El pánico que la burguesía francesa, pese a su temperamento sanguíneo, tiene ahora ante la mera idea de un pánico, muestra ciertamente de la mejor manera lo que esta vez significa un pánico en Francia. La virtuosa disposición de la burguesía parisina no será, sin embargo, más efectiva que la Asociación hamburguesa para descontar el pánico. El «Observer» del domingo pasado cuenta que, al difundirse rumores desagradables contra el Crédit Mobilier, todo el mundo se precipitó a la Bolsa para deshacerse a toda costa de sus shares. El capital francés —a pesar de la naturaleza cosmopolita que el señor Péreire ha descubierto en él— ha permanecido en el comercio propiamente dicho temeroso, tacaño y prudente, como siempre lo fue. El fraude (que, ciertamente, a su vez se convirtió también en presupuesto del comercio y la industria sólidos) existe propiamente sólo en ramas en las que el Estado es, directa o indirectamente, el verdadero empresario. Pero es seguro que incluso un capitalista en sí, como diría Hegel, en bancarrota, de la envergadura del gobierno francés, puede capear el temporal algo más tiempo que un capitalista privado. El impedimento policial de la exportación de metálico, que en Francia está ahora prácticamente en pleno vigor, y más todavía la exportación del producto de las nuevas cosechas de cereales, seda, vino, etc., a cualquier precio, han impedido durante un par de semanas la salida del metálico del Banco de Francia. A pesar de todo, the drain will set in, y aunque sólo sea por el sumidero, como en 1856 (octubre), toda la historia se va al carajo. Entretanto, los fabricantes franceses tratan a sus obreros con tan poca consideración como si nunca hubiera tenido lugar una revolución. This will do good. Por otra parte, el señor Bonaparte convierte al Banco en empresario de las construcciones ferroviarias paralizadas. Los assignats serán probablemente el próximo paso, tan pronto como empiece el drenaje. Si el tipo tiene coraje, y mientras pueda pagar decentemente al ejército, asistiremos entonces a un bonito desarrollo previo. 

Tus comunicaciones sobre las condiciones en Manchester me son del mayor interés, ya que los periódicos echan un velo sobre ellas. 

Trabajo como un loco noche tras noche en la síntesis de mis estudios económicos, para tener por lo menos claros los lineamientos fundamentales antes del déluge. 

Salut 

Tuyo 
KM 

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| Puesto que Lupus lleva constantemente cuenta de nuestras predicciones sobre las crisis, cuéntale que el Economist del último sábado declara que los meses finales de 1853, todo 1854, el otoño de 1855 y «the sudden changes of 1856», Europa no tuvo siempre sino un hair-breadth escape del crash inminente. |