en Londres  
Manchester, 15 de noviembre de 1857  

Manchester, 15 de noviembre de 1857  

Querido Marx:  

Siento que el lunes pasado tuvieras que esperar: no llegué a Euston Square hasta pasadas las seis, gracias a la mala organización de la compañía ferroviaria de Brighton, y esa misma noche seguí viaje a Manchester.  

La salud es buena; toda la gente se asombra, incluso Heckscher, de lo bien que me he repuesto. La memoria sigue débil, persiste cierta torpeza y ya no tolero el alcohol. El último agujero está cicatrizando de maravilla. Montar a caballo y el trabajo de oficina reducido deben remediarlo; en lo que respecta a esto último, me he puesto, de acuerdo con nuestra fábrica, a jornada reducida.  

Tendrás positivamente el «Cannon» para el próximo correo del viernes. Antes no es posible. Serán unas diez largas hojas. El resto de C podrá seguir pronto; son en su mayoría pequeñas insignificancias que aquí, con mis libros, se despachan rápidamente.  

Tan pronto como vea algo claro en mis propias circunstancias financieras (que están muy embrolladas), te enviaré dinero.  

La crisis se desarrolla esta vez de modo un tanto singular. El fraude de las acciones en Francia y Alemania ha estado casi desde hace un año en una crisis preliminar; sólo ahora el gran fraude accionario de Nueva York ha llegado al colapso y, con él, todo se ha precipitado. Lo más notable es que los yanquis han estafado, como siempre, con capital extranjero, pero esta vez en particular con capital continental. Los burócratas y rentistas que en Alemania acapararon todo lo que tuviera algo de americano sangrarán de lo lindo. La crisis previa del fraude accionario continental, y los pocos puntos de contacto directos que tenía con el americano, retardan la inmediata repercusión destructiva de los fraudes norteamericanos sobre los continentales, pero pronto se producirá.  

La especulación había abarcado, además de las acciones, todas las materias primas y mercancías coloniales, y por tanto también todas las mercancías manufactureras en cuyos precios repercute aún con fuerza el de la materia prima; y así, cuanto más cerca se está de la materia prima, y cuanto más cara sea ésta, tanto más. Los hilados más que los tejidos crudos, éstos más que los estampados y tejidos de color, las mercancías de seda más que las de algodón. En la seda tuvimos aquí una crisis preliminar desde agosto: quebraron unos 20 fabricantes, con una masa que no estimo en menos de 200 000 libras y de la cual, en el mejor de los casos, se rescatará un 34-40 %. Nosotros tenemos metidas 6 000 libras, lo que supone para mí ¡¡¡300 libras!!!, o, tras el pago de los dividendos, en el caso más favorable, aún 180 libras. En estas circunstancias, probablemente tendré que llegar a un nuevo acuerdo con mi viejo. Esto sea dicho de paso. La crisis de la seda sigue avanzando. La quiebra de Bennoch, Twentyman & Rigg (competidores de Blank) arrastra en Coventry a 5 fabricantes de cintas de seda con 100 000 libras, de ellas el mayor 40 000, el menor 6 000. — T. S. Reid & Co., de Derby, importantes hilanderos de seda, retorcedores y fabricantes, han quebrado además acto seguido, y como consecuencia de la quiebra de Bennoch. En Glasgow, aparte de los citados en los periódicos, ha caído otra gran cantidad de gente mediana y pequeña sin que nadie pregunte por ello ni se hable. Si la casa Ernst Dronke figura también entre el número, no lo sé. Quizá no haya tenido el entendimiento para aprovechar el momento de una salida honorable.  

De cómo ha ido el mercado del algodón este año te harás una idea por el dibujo adjunto, que he confeccionado basándome en los informes oficiales impresos de nuestro corredor. Cuando la línea negra horizontal cae en la línea media entre dos octavos, significa que el precio era el octavo intermedio; por ejemplo, entre 1⅛ d. y 1¼ d. significa 1⅜ d.  

En lo que respecta a la propia producción industrial, parece que el exceso de existencias en América se concentra principalmente en el Oeste; en los puertos orientales, el stock de mercancías manufactureras es, según todas las noticias que poseo, muy reducido. Pero el hecho de que también éste sea ya un artículo invendible en el mercado lo prueba la devolución de cargamentos enteros de Nueva York a Liverpool. Aquí, ¾ de los hilanderos trabajan para almacén, y sólo ¼ como máximo tiene aún algunos contratos en curso. La jornada reducida es casi general. Una activa casa de comisiones de hilados de aquí, que hace tres semanas tenía aún contratos por 45 000 libras, ahora sólo tiene por 3 000; tan rápidamente han podido entregar los hilanderos, incluso con jornada reducida.  

Las noticias singularmente favorables de Madrás y Bombay (ventas con beneficio, cosa no vista desde 1847) animan el negocio indio. Todo el que puede se arroja sobre él. S. Mendel, agente indio, ha tenido todo su gran almacén iluminado hasta las diez de la noche, para disgusto de los demás comisionistas, y despacha a todo lo que da. Sin duda, centenares de hilanderos y tejedores consignan hacia allí. Allí se está preparando, pues, una crisis de reserva, para el caso de que este primer choque no sea capaz de derribar la vieja porquería.  

El aspecto general de la Bolsa de aquí fue sumamente regocijante la semana pasada. Los tipos se enfurecen sobremanera por mi humor súbitamente levantado de un modo extraño. Efectivamente, la Bolsa es el único lugar donde mi actual torpeza se transforma en elasticidad y brincos. Además, naturalmente, siempre profetizo lo más negro; eso enfurece doblemente a esos burros. El jueves el estado era el más lamentable; el viernes, los señores cavilaban sobre el posible efecto de la suspensión del Bank Act, y como el algodón volvió a subir 1 penique, se decía: ya hemos pasado lo peor. Pero hasta ayer ya había vuelto a instalarse la más regocijante desazón; toda aquella gloria era pura palabrería, y casi nadie quería comprar; de modo que el mercado de aquí quedó tan malo como antes.  

Lo que promete a esta crisis un desarrollo brillante es la inmediata necesidad de suspender el Bank Act ante el primer choque. Con ello se mete directamente a la propia banca en el atolladero. En 1847 sí fue posible dejar que la cosa se alargase desde 1845 y recurrir a esta medida sólo en el último y peor momento.  

Para la extensión y duración de la crisis también está todo previsto. La crisis de la seda, que ya ha dejado sin pan a la mayor parte de los tejedores de seda (a mano), y la sola jornada reducida bastan para arruinar completamente el comercio interior en el invierno; hasta fines de octubre marchaba todavía bien. La crisis americana mete hasta el fondo del barro a los fabricantes de artículos de mercería de Barmen y Elberfeld, a los fabricantes de seda de Elberfeld, Crefeld y Lyon, a los pañeros alemanes, franceses y belgas. Los fabricantes de artículos de mercería de Barmen sufren además especialmente por Bennoch, Twentyman. Draper, Pietroni & Co. arrastran a Italia, sobre todo a Milán, los ducados, Bolonia, etc.  

Si el algodón no baja a 6 peniques la libra, no es posible aquí ninguna reactivación, ni siquiera momentánea, de la industria algodonera. Y ahora se mantiene aún a 7 ¼ – 1 ⅛ d. Por ello ves cuán poco ha alcanzado aquí la cosa la mera posibilidad de un viraje. No obstante, en primavera es posible, e incluso probable, un viraje momentáneo; no hacia los «buenos negocios», pero sí de modo que puedan volver a realizarse operaciones, de modo que la maquinaria comercial se mantenga en marcha y no se oxide. Hasta ahora ninguna crisis había consumido todo su aliento tan rápidamente y de un solo golpe, y ésta, que sigue a diez años de prosperidad y de estafa, es la menos apropiada para tal cosa. Además, no hay ya ninguna nueva Australia ni California para la salvación, y China está empantanada por veinte años. Pero la violencia de este primer golpe muestra las colosales dimensiones que la cosa está tomando. Tras la enorme producción de oro y la correspondiente expansión colosal de la industria, tampoco es posible otra cosa.  

Sería deseable que esa «mejoría» desembocara en crisis crónica antes de que se produzca un segundo y decisivo golpe principal. La presión crónica es necesaria por algún tiempo para caldear a la población. El proletariado golpea entonces mejor, con mejor connaissance de cause, y con más unísono; exactamente como un ataque de caballería resulta mucho mejor cuando los caballos han tenido que trotar antes 500 pasos para acercarse al enemigo a distancia de carga. No quisiera que ocurriera nada demasiado pronto, antes de que toda Europa esté plenamente presa; la lucha después sería más dura, más aburrida y más fluctuante. Mayo o junio sería todavía casi demasiado pronto. Las masas deben de haberse vuelto endiabladamente letárgicas por la larga prosperidad. Nuestros amigos Kinkel & Cía. van a presentarnos ahora letras a la vista a pagar con una revolución, eso es de esperar; no importa, se las pagaremos a esos señores con suficiente antelación.  

El que estés recopilando materiales sobre esta crisis es muy bueno. Te envío hoy de nuevo 2 ejemplares del Guardian; lo recibirás con regularidad, y de cuando en cuando el Examiner and Times. También te informaré con la mayor frecuencia posible de todo lo que me entere, a fin de que tengamos un buen acopio de hechos.  

A propósito, a mí me va como a ti. Desde que el fraude se derrumbó en Nueva York, no he vuelto a tener sosiego en Jersey, y me siento extraordinariamente jovial en medio de este derrumbe general. La porquería burguesa de los últimos siete años se me había pegado en cierto modo; ahora está siendo lavada, y vuelvo a ser otro tipo. La crisis me sentará físicamente tan bien como un baño de mar, ya lo noto ahora. En 1848 decíamos: ahora llega nuestro momento, y llegó en cierto sentido; pero esta vez llega por completo, ahora va el todo por el todo. Mis estudios militares se vuelven de inmediato más prácticos; me abalanzo sin dilación sobre la organización vigente y la táctica elemental de los ejércitos prusiano, austríaco, bávaro y francés, y por lo demás, sólo a montar a caballo, es decir, a la caza del zorro, que es la verdadera escuela.  

Saluda cariñosamente a tu mujer y a los niños. Ellos también estarán animados, a pesar del aprieto del que me irrita día y noche no poder sacarte.  

Tuyo  
F. E.  

En Failsworth, a 4 millas de aquí, ayer, un fabricante llamado Liddle ha sido colgado en efigie en toda regla, mientras un tejedor vestido de clérigo le leía el oficio de difuntos. En lugar de la frase *May the Lord have mercy upon Your Soul*, leyó: *May the Lord blast Your Soul*. — *Now’s the time for Jones*, si es que sabe aprovecharlo.