en Londres  
Ryde, 10 de septiembre de 1857  

110 sept. Jueves.  
Querido Marx:  

Adjunto lo de Benningsen y Barclay. Voy a revisar un poco más de cerca a los generales napoleónicos; los enviaré mañana o pasado mañana. *Army* pronto estará terminado.  
Tuyo,  
F. E.  

I.  
De Benningsen no sé nada, salvo que en 1807, al comienzo de la campaña, bajo el mando de Kamenski, comandaba el primer ejército (eran dos, el segundo al mando de Buxhövden), que el 26 de diciembre de 1806 fue atacado en Pultusk por Lannes y, al ser superior, resistió (porque Napoleón atacaba al otro ejército con el grueso de sus fuerzas), y luego, como presunto vencedor, quiso atacar con violencia. Pronto recibió el mando supremo y a fines de enero de 1807 atacó los cuarteles de invierno de Napoleón; pronto acosado, y salvado sólo por casualidad de la trampa que Napoleón le tendió, combatió en Eylau los días 7 y 8 de febrero. El día 7, Napoleón tomó Eylau (en lo que se distinguió Barclay de Tolly, que dirigió la defensa) y el día 8 la batalla principal, que Benningsen tuvo que librar para escapar a la enérgica persecución de Napoleón, y donde sólo la tenacidad de sus tropas, la llegada de los prusianos al mando de Lestocq y la lentitud con que los distintos cuerpos de Napoleón aparecieron en el campo de batalla le salvaron de una derrota total. En primavera, B. se atrincheró en Heilsberg por ser el más débil; no atacó a Napoleón mientras una parte del ejército francés estaba ausente, ocupada aún en el sitio de Danzig; pero cuando Danzig cayó y el ejército francés se reunió, ¡atacó!, se dejó detener por la vanguardia de Napoleón, que era sólo la mitad de fuerte que él, y luego Napoleón lo hizo regresar a su campamento atrincherado. Napoleón atacó éste el día 10, en vano, sólo con 2 cuerpos y algunos batallones de la Guardia, pero al día siguiente ya maniobró para sacar a B. de su campamento y obligarlo a una retirada precipitada; de repente, sin embargo, pasó a la ofensiva, sin esperar un cuerpo de 28.000 hombres que ya estaba en Tilsit, tomó Friedland y se colocó allí, con el río a la espalda, es decir, con una sola línea de retirada, el puente de Friedland (batalla ante un desfiladero siempre es errónea). En lugar de avanzar rápidamente antes de que Napoleón pudiera concentrar sus cuerpos, se dejó entretener durante 5-6 horas por Lannes y Mortier («matadero en el que B. se había metido», dice Jomini de la posición) hasta que Napoleón, hacia las 5, estuvo en *mesure* y ordenó el ataque. Los rusos son arrojados al río, Friedland tomado, el puente destruido por los propios rusos, mientras toda el ala derecha rusa se encuentra aún al otro lado, la cual se salvó todavía por vados, pero perdió su artillería. 20.000 hombres de pérdida. *Benn. avait fait fautes sur fautes dans cette journée… il y eut dans sa conduite un mélange d’imprudence téméraire et d’irrésolution.* [Benn. cometió error tras error aquel día… hubo en su conducta una mezcla de temeridad imprudente y de irresolución.]  

1812 anduvo detrás del cuartel general ruso, despotricando contra Barclay para conseguir su puesto, e intrigó contra él, hasta que Alejandro lo llamó. En 1813 recibió el encargo de llevar el ejército de reserva de Rusia a Bohemia; cuando llegó, fue distribuida y B. desaparece.  

II.  
Barclay de Tolly, en Eylau comandó una brigada, etc. véase arriba. En 1812, comandante del primer ejército de Occidente y ministro de la Guerra, desde la marcha de Alejandro hasta la llegada de Kutúsov, general en jefe, dirigió la retirada del ejército ruso con habilidad y tuvo el gran mérito de resistir a los gritos de los rusos y de todo el cuartel general que pedían una batalla. Donde tuvo que combatir, como en Smolensk, se situó de modo que no pudiera verse envuelto en una batalla decisiva; y cuando ésta ya no podía evitarse —poco antes de Moscú— eligió una posición casi inexpugnable por el frente y sólo flanqueable mediante largos rodeos, en Gschatsk; el ejército ya la había ocupado, cuando llegó Kutúsov y, naturalmente, no la quiso porque no la había escogido él, y los rusos tuvieron que combatir entonces en la mala posición de Borodinó. En 1813 y 1814, Barclay ya no comandó cuerpos independientes, sino a todos los rusos en el ejército principal bajo Schwarzenberg, y como éstos estaban en cuerpos separados y a menudo dispersos, su posición fue más administrativa y diplomática que combatiente, y demostró, como también antes, ser uno de los mejores entre los generales mediocres, con *bon sens* y perseverancia, y en todo caso el mejor general de edad que tenían los rusos.  

III.  
Jomini, *Vie politique et militaire de Napoléon* II, p. 60 ss. (Habla Napoleón.)  

Bernadotte… un hombre astuto, de exterior brillante; los planes de operación que había hecho como ministro de la Guerra probaban que era mejor lugarteniente que general en jefe.  

Marmont, en otro tiempo mi ayudante de campo y oficial de artillería.  

Davout, que había recibido una buena educación, tenía la cabeza fuertemente organizada e ideas de guerra muy justas. Sus modales rudos y un carácter a la vez suspicaz y duro le granjearon muchos enemigos, y en las graves circunstancias en que se encontró, el espíritu de partido se desencadenó contra él con gran injusticia. Severo, pero justo con sus subordinados, supo mantener la disciplina entre sus soldados mejor que ningún otro; ninguno de mis mariscales exigía más de sus subordinados, y ninguno los hizo servir con tanta exactitud.  

Soult, de físico viril, espíritu amplio, laborioso, activo, infatigable, había dado pruebas de talentos superiores.  

Lannes: cubierto de gloria y de heridas, a este valiente le faltaban principios hechos sobre la guerra; pero suplía esta carencia con un juicio admirable, y en el campo de batalla no cedía a ninguno de sus colegas.  

Ney. Lannes fue quizá tan brillante como él en muchos ataques; pero la fuerza de ánimo que Ney desplegó en el gran desastre de 1812, donde comandó sucesivamente todos los cuerpos del ejército, le asigna el primer rango entre los valientes de todos los días. Al igual que varios de sus colegas, no entendía en absoluto la guerra en grande sobre el mapa; pero sobre el terreno, nada igualaba su seguridad, su golpe de vista y su aplomo.  

Murat, que debió a su buena presencia, a su valor y a su actividad el honor de ser mi ayudante de campo y mi cuñado, nunca estuvo a la altura de la colosal reputación que yo le había creado. Por lo demás, tenía ingenio natural, un valor brillante y una gran actividad.  

Masséna recibió de la naturaleza todo lo que hace a un excelente hombre de guerra; dotado de un gran carácter, de un valor probado y de un golpe de vista que inspiraba las resoluciones más prontas y más felices, no se le puede negar un lugar distinguido entre los capitanes modernos. Sin embargo, hay que confesar que brillaba más en los combates que en el consejo.  

Brune no carecía de cierto mérito; no obstante, bien mirado, era un general de tribuna mucho más que un militar temible.  

Mortier, menos brillante, era sin embargo más sólido; su calma y su sangre fría, proverbiales entre los soldados, le habían valido más de un éxito y era del número de los que podían conducir un cuerpo bajo mi dirección.  

Bessières había dado sus pruebas cerca de mí en el ejército de Italia, donde comandaba mis guías a caballo. Sólo tenía a su favor un gran espíritu de orden y un valor reconocido. Era metódico y de una timidez excesiva en el consejo.  

Lefebvre, duque de Dantzig, era un verdadero granadero. Hijo de la naturaleza, no debía nada sino a su ingenio natural, a una gran bravura y a un carácter simple y cándido. Sabía hacerse querer del soldado y llevarlo derecho a una posición; ese era todo su mérito.  

Jourdan había debido a la fortuna una gran parte de su reputación. Buen administrador, laborioso, hombre de orden e íntegro. Y teniendo instrucción, habría sido un muy buen jefe de estado mayor de un gran ejército bajo un jefe que lo hubiera dirigido bien.  

Macdonald… había maniobrado muy mal en el Trebbia.  

Berthier no es mencionado en esta recopilación.  

A propósito: ¿Cómo va tu material sobre Bern? De él hay que decir que sobresalía en la conducción de pequeños cuerpos de 5-10.000 hombres, y que sabía infundir confianza en sí mismas a las tropas jóvenes mediante hábiles coberturas del terreno y apoyo de artillería; que realizó cosas excelentes sobre todo en la guerra pequeña en la montaña, en la que se disolvió por completo la primera campaña de Transilvania; pero que tenía *un considerable tinte de partisano* que lo incapacitaba para el mando de ejércitos mayores. En la segunda campaña de Transilvania, cuando irrumpieron las masas rusas, operó de nuevo con audaces golpes, a la manera de partisano, sin consideración alguna a la relación de fuerzas respectiva, y con ello perdió no sólo Transilvania sino todo su ejército. Su incursión al Banato (antes de la segunda campaña de Transilvania) quedó sin resultado; parece que no lograba dominar las masas mayores que comandaba. Dignas de elogio son su gran firmeza de carácter y su arte de despertar la confianza del soldado en su persona, de aspecto por lo demás poco militar. Podía organizar y disciplinar rápida y superficialmente, pero con eso se daba por satisfecho. Descuidó formar una tropa de núcleo, para lo cual la primera campaña de Transilvania dio tiempo suficiente y que era lo más necesario de todo, y por eso al primer contratiempo desapareció todo el orden externo y la disciplina relativa. Sus planes de campaña más amplios llevan todos la fuerte impronta del partisaneo; en su mayoría, rasgos fundamentales correctos, pero presuponen medios completamente distintos de los disponibles, e incluso dando por supuesto que los medios existieran, podrían emplearse mejor. Por ejemplo, su plan de abandonar Hungría y abrirse paso a través de Trieste hacia Italia. Si los medios para ello hubieran estado presentes y hubieran podido concentrarse, con ello se habrían dado también las fuerzas para batir a Haynau, tras lo cual los rusos, en lugar de concentrarse, habrían tenido que dividirse para mantener lo conquistado, pudiendo ser batidos por separado. Pero no hay que olvidar que en la guerra de insurrección este carácter partisano está en parte justificado, precisamente por la incertidumbre sobre los medios realmente disponibles; mas cuanto más grandiosa se vuelve la guerra, tanto más inapropiado resulta. |