en Manchester  
Londres, 10 de enero de 1857  

9, Grafton Terrace, Maitland Park,  
Haverstockhill.  

Dear Frederic,  

D’abord mi feliz año nuevo, aunque con retraso. A consecuencia de tinta clara y de varias noches de escritura se me ha inflamado un ojo de tal modo que escribir me resulta fastidioso.  

Recibí ambas cosas, las £5 (el segundo envío) y la Mountain warfare. Por ambas my best thanks.  

¿Es cierto que a Lupus lo han vuelto a atacar y saquear los caballeros bandidos de Manchester? ¿O es el rumor que aquí circula una mera reproducción acrítica de la vieja historia?  

El viejo Hill haría mejor en retirarse al paraíso o a alguna idílica colina suiza, de suerte que definitivamente tuvieran que reemplazarlo en vuestra oficina y a ti no te cargaran con doble trabajo bajo el false pretence de sus «temporales» enfermedades.  

El asunto de Neuchâtel no está aún tan completamente resuelto como afirman algunos periódicos. Quizá ambas partes han ido ya demasiado lejos en la fanfarronería. Ambas se han puesto ya en ridículo. Nuestro Hohenzollern con su deference para con Bonaparte, y los suizos con su actitud «digna». Así, los canallas han expulsado al Piamonte a varios cientos de obreros fabriles por haber hecho manifestaciones de propaganda. Los «burgueses» piensan asegurarse de ese modo el respeto de Bonaparte y también de Austria. ¿Qué te parece que Lamoricière y Bedeau hayan ofrecido sus épées a los burgueses suizos? Evidentemente, una mera demostración contra Bonaparte, pues esos tipos estaban seguros de que los burgueses suizos no los tomarían la palabra.  

Gran agitación reina en la petite démocratie. Es una colisión tal como ella la desea. Además, el patriota del sur de Alemania considera naturalmente al suizo como pariente tribal y ve en la colisión actual, de hecho, sólo una continuación de la campaña constitucional de 1849. Aparte, expectativas de levantamientos de los de la Selva Negra, etc.  

El prusiano, por su parte, hace ciertamente todo para prevenir «a breach of the peace». Así, el Gordo ha escrito a su cuñado en Petersburgo como aquel hombre que pedía a su mujer que lo sujetara, porque si no saltaría por la ventana. «Sujétame» es una palabra que nuestro Legítimo ha gritado una tras otra a todas las grandes potencias. La cuestión es si ellas quieren «sujetarlo» o si el Occidente y el Oriente, con igual alegría por el mal ajeno, atizan el fuego. Cualquiera que sea el desenlace del asunto, no faltará el ridículo.  

Proudhon publica ahora en París una «Biblia económica». Destruam et aedificabo. La primera parte, según dice, la ha llevado a cabo en la «Philosophie de la misère». Ahora va a «revelar» la segunda. En alemán aparece esta bazofia, traducida por Ludwig Simon, quien ahora es commis bien instalado en casa de Königswaerth (o similar, el conocido banquero del National) en París. Tengo aquí un escrito más reciente de un discípulo de Proudhon: «De la Réforme des Banques par Alfred Darimont, 1856». El chiste es el viejo: la démonétisation de l’or et de l’argent, o que toutes les marchandises se transforman en instruments d’échange au même titre que l’or et l’argent. El escrito lleva una introducción de Émile Girardin y está redactado con admiración hacia Isaac Pereire. Por eso puede verse en él, en cierta medida, a qué coups d’état socialistas se considera siempre capaz de recurrir Bonaparte en el último momento.  

De Bruno Bauer tengo todo un lote de panfletos que escribió durante la guerra rusa. Flojos y pretenciosos. El bravo hombre ha arrendado ahora, junto con su hermano Egbert, 50 acres de tierra ante Berlín, al magistrado de Berlín. La antigua suegra de Edgar, el londinense —vieja lavandera o something of the sort— se encargará de lo «mercantil». Éste, le escribe Bruno a Edgar, es el camino hacia la «independencia». Paga 5 reichsthaler de renta por acre, por tanto 250 reichsthaler al año. Es viejo barbecho. Con la ganancia y el producto de esta tierra, Bruno piensa verse en condiciones de escribir con sosiego su «Historia del cristianismo primitivo», que ha de servir de prueba «histórica» de su crítica de los Evangelios. Ésas son bonitas fantasías críticas, y en cierta medida Bruno puede haber estado influido por la reminiscencia de que Fausto, en la segunda parte, se convierte en propietario de tierras. Sólo olvida que F. recibió el dinero para esa transformación del diablo.  

Lallerstedt: «La Scandinavie, ses craintes et ses espérances», pendant sueco del libro de Mieroslawski. Contiene algunos facts de interés. En particular, L. reconoce que Inglaterra le ha jugado constantemente malas pasadas a Suecia durante el siglo anterior. Cuenta que el almirante Norris, a quien los ingleses, después de la muerte de Carlos XII, enviaron ostensiblemente contra los rusos, fue sobornado por Pedro I con una valiosa piedra preciosa. También ilustra con algunas novedades el comportamiento de Bernadotte.  

Aquí nada nuevo. Salgo poco y oigo poco.  
Salut.  
Tuyo  
KM  

El señor Faucher, el berlinés, es uno de los principal subeditors del Morning Star. Contra Lupus escribe Horace Mayhew en las London Illustrated News, entre otras cosas: «Symptoms of being a confirmed old Bachelor»: «When a man cannot go anywhere without his umbrella, that’s a symptom. When a man thinks everyone is cheating him, that’s a symptom. When a man does all the shopping himself etc.»