en Manchester
Londres, 26 de septiembre de 1856

26 de septiembre de 1856.
28, Deanstreet, Soho. Londres.
Querido Frederick:

He de acusar, ante todo y con agradecimiento, recibo del dinero. Lo habría hecho ya ayer, pero estamos en un verdadero barullo con la mudanza. A esto se añade que aún es dudoso si podremos salir de aquí para el lunes, ya que con tu dinero y lo empeñado en la casa de préstamos aún no hemos reunido del todo la suma necesaria. La actual crisis en las bolsas continentales nos viene personalmente muy inoportuna.

No hay nada nuevo, salvo lo que tal vez ya sepas, que Stirner ha muerto. También, según oigo por Freiligrath, ha llegado aquí a Londres una carta de su “ex-novia” desde Australia, en la que cuenta que se ha vuelto a casar, pero al mismo tiempo se ha hecho religiosa, y que, señalando hacia la “vida superior en el más allá”, ha logrado llevar a su *novum hominem* “al manicomio”. Esto último ha de entenderse literalmente.

Así pues, tuve una cena con el hombre de Putnam. Aparte de mí, sólo estaban presentes Freiligrath y un viejo yanqui. El hombre de Putnam era un ser tranquilo y afable, pero el otro yanqui, un muchacho desenvuelto e ingenioso. Putnam desea que se reanude, a ser posible, la cuestión de “Barcos contra murallas” a la manera de Bazancourt, por ser de especial interés para América, con referencia a la última guerra. Luego, también acerca de las baterías flotantes y las cañoneras; artillería ligera o pesada, etc. Todo esto parece pensado en vistas a una guerra más o menos próxima de América contra Inglaterra. Aparte de estas *militaribus*, debo escribir luego sobre Heine. En resumen, podemos ahora entrar en relaciones regulares con esta muy “buena” casa.

La casa que he alquilado es muy bonita por el precio, y difícilmente se alquilaría tan barata si no estuvieran algo sin terminar sus inmediaciones, calles, etc. Así pues, cuando vengas a Londres, encontrarás || un hogar completo.

¿Qué piensas del aspecto del mercado monetario? Los aumentos de la tasa de descuento en el continente se deben indudablemente, en parte, a que,

Marx a Engels - 26 de septiembre de 1856

a consecuencia del oro californiano y australiano, la plata ha subido con respecto al oro. (El Banco Belga da ya sólo 19 francos 40 céntimos (en plata) por un Napoleón de oro.) Por ello, los traficantes en metales preciosos, dondequiera que el oro y la plata son patrones legales, retiran esta última de los bancos. Pero, cualquiera que sea la causa de los aumentos del descuento, éstos aceleran en todo caso la caída de las enormes transacciones fraudulentas y, en particular, de la gran casa de empeños de París. No creo que la gran crisis monetaria logre invernar el año 57. Los estúpidos asnos de británicos se imaginan que esta vez todo está sólido en su país, en contraste con el continente. Prescindiendo de la íntima conexión entre la *Old Lady* de Threadneedle Street y el consorcio parisino, los asnos pasan por alto que gran parte del capital inglés se halla metido en los créditos continentales y que su “sólido” *overtrading* (se dice que las exportaciones alcanzarán este año los 110 millones de libras esterlinas) descansa sobre la “insólida” especulación del continente, al igual que su propaganda civilizadora de 1854-56 se basó en el golpe de estado de 1851. A diferencia de anteriores crisis, Francia ha encontrado esta vez, en efecto, la forma bajo la cual el fraude ha podido propagarse y se ha propagado por toda Europa. En contraste con el refinamiento galo del sansimonismo, el agiotaje y el imperialismo, la especulación inglesa doméstica parece haber vuelto a la forma primitiva del fraude simple y sin paliativos. Así, Strahan, Paul y Bates; el Banco de Tipperary, de la memoria de Sadleir; los grandes fraudes de la City de Davidson, Cole y Cía.; ahora el Royal British Bank; y por último el asunto del Crystal Palace. (4.000 acciones falsas puestas en circulación.) Esto, el que los británicos especulen en el extranjero bajo banderas continentales y en el interior retornen al fraude simple, lo califican estos individuos de “sólido estado del comercio”.

La cosa tiene, por lo demás, esta vez dimensiones europeas como nunca antes y no creo que podamos seguir siendo meros espectadores por mucho tiempo. El hecho mismo de que por fin esté a punto de volver a poner casa y hacer venir mis libros me demuestra que la “movilización” de nuestras personas está próxima.

¡Salud!

Tuyo,
K. M.