en Londres 
Manchester, 7 de febrero de 1856

Querido Marx:

Estarás muy enfadado conmigo por no haberte escrito en tanto tiempo. Pero hasta que termine una serie de trabajos de oficina que aún me ocuparán unos 14 días, apenas soy capaz de tener otra cosa en la cabeza. Además, mi viejo me atormenta terriblemente con la compra de hilados, etc., para él, y tengo que informarle privadamente al menos dos veces por semana.

Adjunto el Paneslavismo, n.° II, donde la falta de contenido se ve compensada al menos en cierta medida por la extensión de la frase. Con el JSs III por fin entro *in medias res*.

Debes leer ahora con regularidad al corresponsal parisino del *Guardian*; en París están ocurriendo cosas muy extrañas. El corresponsal del *Examiner and Times* ha dado en los últimos días aún más y mejores detalles; quería comprarte los últimos números, pero estaban todos agotados. Tal vez pueda conseguirlos de Bielefeld.

Bonaparte está decayendo muy rápidamente. Habrás visto que Drouyn de L’Huys falta en la lista oficial del Senado para este año, y difícilmente habrás sabido que hace poco dejó su tarjeta a un orleanista (si no me equivoco, Remusat) a propósito de un acto clamoroso de oposición, con una gruesa raya sobre el título: *vice-président du Sénat*. Cuando recientemente se requirió infantería contra los estudiantes que acompañaban a casa al señor Nisard, las tropas, al grito de «vive la ligne», pusieron el fusil a los pies y tuvieron que ser retiradas a toda prisa para que la fraternización no se convirtiese en un *fait accompli*. La reciente conspiración en el suroeste, por la cual se efectuaron 5.000 arrestos (según datos bonapartistas), tenía grandes ramificaciones en el ejército; la escuela de suboficiales de La Flèche fue completamente dispersada, casi todos los alumnos estaban implicados y tuvieron que ser devueltos a sus regimientos; de hecho, se dice que costó mucho trabajo encontrar regimientos seguros adonde poder destinarlos. Cuando hace poco Bonaparte estuvo con su esposa en el Odéon, los estudiantes que llenaban el patio de butacas cantaron toda la noche el *sire de Franc Boissy*, entonando sobre todo algunos pasajes fatales. Los obreros de París cantan una cancioncilla que tiene este estribillo:

Voilà qu’il part, voilà qu’il part,  
Le petit marchand de moutarde,  
Voilà qu’il part pour son pays  
Avec tous ses outils.

Para que se sepa bien quién es el *petit marchand de moutarde*, la policía ha prohibido la canción.

La insolente aparición de veleidades opositoras y directamente antibonapartistas, y la correspondiente debilidad del señor Bonaparte, demuestran que está en marcha un gran cambio. Ya no se puede con las medidas de golpe de Estado, y además ya no se tiene el valor de aplicarlas. Habrás visto que también el *Times*, en dos días consecutivos, primero ha calificado a Bonaparte personalmente como un puro recurso de necesidad para Francia —because not one single man was to be found in whom the nation could place its confidence and esteem— y luego ha caracterizado a todo su estado mayor de ministros, etc., como estafadores y bribones. En el *Guardian* de hoy aparece otra hermosa historia del canalla Fiorentino, folletinista cortesano bonapartista y caballero de la Legión de Honor. El señor L’Espinasse también ha huido de París; han ocurrido escándalos con él, de los que probablemente tendré noticias más precisas dentro de uno o dos días. También se está tramando algo con De Morny; el tipo se ha enemistado más o menos con su señor hermano y vuelve a intrigar por su cuenta.

Este Bonaparte, a quien antes todo, incluso lo más estúpido, cobarde e infame, le salía tan felizmente, se dará cuenta ahora de que de aquí en adelante todo le sale mal. Ya lo está notando en el asunto de la guerra y la paz; todo el mundo le echa la culpa de la guerra y nadie le agradece el giro pacífico. Por lo demás, el asunto de la paz dista mucho de estar resuelto. Los preliminares de los preliminares no contienen en el fondo nada, salvo la cláusula de Besarabia, la cual queda compensada por la completa ignorancia de Kars. Todo lo demás sólo contiene concesiones aparentes. A Bonaparte, por lo demás, ya le es completamente indiferente en qué condiciones haga la paz; para él se trata ahora de salvar el pellejo, como antaño para el viejo Dolleschall, y estoy convencido de que los rusos lo saben mejor aún que él mismo. Tan completamente como esta vez, nunca les ha sido indiferente a los franceses su *gloire*; se ve que desde el 48 esos tipos se han ocupado de otras cosas que de la vieja *gloire* o de la charlatanería parlamentaria.

Así, pues, habríamos escapado felizmente a la *Foreign Bill*; —au train que les choses vont en France, pronto ya no habrá que preocuparse de los antojos de Palmerston y consortes. Este verano, el castillo de naipes bonapartista se derrumbará probablemente del mismo modo que el de Luis Felipe en el año de los escándalos del 47, y cuándo vendrá luego el golpe de viento que acabe de derribar las paredes, depende sólo del azar. Llevo ahora una vida muy sobria, pero ese día me emborracharé probablemente por última vez en Manchester.

Cuéntame pronto algo del viejo Bruno; el nuevo giro romántico del tipo es demasiado divertido. Muchos saludos a tu mujer y a tus hijos.

Tuyo  
F. E.