en Düsseldorf  
Mánchester, 8 de noviembre de 1855  

I 8 de noviembre de 1855.  
34, Butler Street, Greenheys, Mánchester  

Querido Lassalle:

Recibes respuesta muy tarde. Por un lado, recibí tus cartas con retraso, porque yo estaba en Mánchester y las cartas en Londres, y mi mujer tampoco sabía con certeza si yo no había vuelto a dejar Mánchester. Por otro lado, me acosaron tan infames dolores de muelas que me sucedió lo que Hegel exige de la conciencia sensible, en la estación en que debe pasar cabalgando a la autoconciencia: a saber, que me desaparecieron el oído y la vista, y por tanto también la escritura.

En cuanto a tu pregunta sobre el libro titulado: “Les mystères de la Bourse par Coffiniéres”, creo que ese miserable engendro se encuentra aún entre mis libros que quedaron en la patria. Durante mi primera estancia en París, me dejé seducir por el título, comprando primero la cosa y luego leyéndola. El señor Coffiniéres es un abogado que, en el fondo, no entiende nada de la Bolsa y solo advierte de las “estafas jurídicas” de los “agents de change”. Así que del libro no se puede sacar nada, ni hechos, ni teoría, ni siquiera anécdotas entretenidas. Además, hoy está completamente anticuado. “Déjalo correr, dulce Doña” — es decir, a Coffiniéres. “No merece tu ira.”

Weerth se encuentra actualmente de nuevo en Mánchester, tras un viaje más largo por el continente (regresó de las Indias Occidentales a fines de julio). Dentro de 8 días zarpará de aquí de nuevo hacia los trópicos. Es muy divertido escucharlo. Ha visto, vivido y observado mucho. Ha recorrido gran parte de Sudamérica, Centroamérica y Norteamérica. Ha cabalgado a caballo por las pampas. Ha escalado el Chimborazo. No menos ha permanecido en California. Si ahora no escribe folletines, los habla, y en ello el oyente goza aún de la ventaja de la acción viva, de la mímica y de la risa pícara. Por lo demás, siente gran entusiasmo por la vida en las Indias Occidentales y no tiene nada bueno que decir de la escoria humana y del clima del tiempo nórdico de aquí. Y, indeed, aquí es malo, muy malo.

El asunto de Jersey y el otro escándalo sobre la cuestión de los refugiados en Inglaterra los conocerás por los periódicos. No creo que el asunto tome un curso serio. Ni siquiera creo que el gobierno de aquí se haya propuesto un resultado serio. De lo contrario, el escándalo se habría reservado hasta poco antes de la apertura del Parlamento. Ahora se ha dado tiempo a la opinión pública para que cambie, cambio que ya se ha producido en muchos aspectos.

Dirige tu próxima carta a mi antigua dirección en Londres, pues no sé cuánto tiempo me quedaré aquí con el amigo Engels. Engels y Lupus te envían sus mejores saludos.

Tuyo  
KM