en Manchester  
Londres, 2 de febrero de 1855  

Londres, 2 de febrero de 1855.  
Querido Frederic,  

Muchas gracias por el artículo. Russell ha quedado ignominiosamente en ridículo por lo de Newcastle, burro que, sin embargo, hacia el final de su discurso se puso demasiado conmovedor.  

Mi mujer sigue adelante bien. Pero en cuanto al niño, temo lo peor.  

Te adjunto 1) carta de Lassalle; 2) de Daniels; 3) los recortes a los que se refiere Lass[alle]. Goldheim anduvo rondando entre los obreros de Solingen, etc., bajo el nombre de «Lassalle». 4) Carta de Steffens, quien, por lo demás, se olvida de darme su dirección en Brighton y volverá a refunfuñar si no le respondo por ese motivo.  

Jones —por la mierda de Barbés— se juntó naturalmente con los franchutes, y precisamente con la canalla de los mismos. Con ese motivo se ha organizado de nuevo un gran banquete de todas las naciones para celebrar el aniversario de la revolución de Febrero. Vino también a verme, y me reí en su cara. Sus franceses (una chusma completamente desconocida) habían abierto entretanto la sociedad ex-Schapper, la cual, por supuesto, no rechazó semejantes pretensiones. También los descontentos de la emigración polaca e italiana —que no pertenecen a la «alta emigración»— se dice que se han organizado para enviar diputados al comité. Ayer Goetz y yo nos divertimos haciéndonos llevar por Jones a su sesión, y precisamente bajo el título de «oyentes». Nos anunció como «old friends of the chartist party», que bien tenían derecho a satisfacer su curiosidad. ¿Quiénes estaban allí? Diversos franchutes de la peor calaña. Un sastre o fabricante de tabaco español, que «se había reunido a sí mismo». Stechan (medio loco) y, detrás de él, 3 notorios tarugos alemanes. Desde que el propio Schapper ya no está disponible, Stechan procura imitar su rostro, su sombría seriedad y sus gestos, del mismo modo que el carnicero Legendre imitaba los de Danton. Pero ¡hay más! Herzen, el ruso, se había autoinvitado en la sesión anterior y había propuesto (él mismo) que se le nombrara miembro del comité. En la sesión a la que asistimos se leyó una carta servil suya, y como los profundamente políticos franceses encontraron que era «un garçon charmant», fue admitido sin más.  

La sesión, la cháchara de los franceses, la mirada fija y torpe de los alemanes y los gestos del sastre español eran tan insoportables que Jones (chairman) 1) propuso que cada uno hablara sólo una vez y nunca más de 10 minutos; 2) a la observación de que el español no era emigrado porque allí la democracia había triunfado, éste hizo el equívoco cumplido de «desear a todas las emigraciones de Londres la misma suerte» y de que, por tanto, «no haría falta que se celebraran comités internacionales» en Londres.  

Goetz y yo tuvimos esta comedia gratis y fumábamos furiosamente como silenciosos espectadores. Allí se podía ver con los propios ojos adónde ha llegado «la vraie démocratie».  

Tuyo  
K. Marx