en Manchester
Londres, 13 de septiembre de 1854

13 de Sept. de 1854.
28, Dean Street, Soho, Londres.
Querido Engels:

Tengo que importunarte otra vez, por muy repugnante que me resulte, pero la presión desde fuera me obliga. Hace semanas que no puedo librar mis letras, pues Freiligrath, a consecuencia de ciertos inconvenientes que tuvo con Bischoffsheim por ese motivo, ya no gira letras por menos de 25 libras esterlinas. En conjunto, esto es también mejor, porque con ese continuo girar en pequeño es cierto que se cubre la deuda flotante, pero la deuda fija crece. A eso se añade que del próximo giro tengo que descontar 8 libras para el amigo, ya que en las circunstancias actuales mi mujer ha de ser aún más administrada. Los medios extraordinarios a los que la casa suele recurrir durante las crisis están agotados de nuevo y todo se halla tan empeñado como en la hacienda pública española.

Por lo demás, en lo que atañe a la «hacienda pública» en general, he conseguido reducir las deudas totales a menos de 50 libras esterlinas, o sea unas 30 libras más bajas que al principio del año. De eso puedes deducir que se han aplicado grandes artes financieras. Si prospera una negociación que he entablado con Lassalle y éste me presta 30 libras, y tú el resto, al fin volveré a estar sobre pies firmes y cambiaré toda la organización doméstica, mientras que ahora sólo en la casa de empeños tengo que pagar un 25% y, en general, debido a los atrasos nunca puedo poner orden. Con mi vieja, como se ha comprobado una vez más en Tréveris, no hay nada que hacer hasta que me le siente encima directamente.

En este momento, la carencia total de dinero es aún más repugnante —prescindiendo de que las necesidades familiares no cesan un solo instante—, pues Soho es el barrio selecto del cólera, la chusma revienta a diestra y siniestra (por ejemplo, en Broad Street una media de 3 personas por casa) y la mierda esa de los «alimentos» ofrece la mejor resistencia.

Hasta aquí esto. Te envío la carta a tu dirección privada porque extrañas complicaciones podrían hacer que esta epístola, de ningún modo edificante, fuera a parar a manos equivocadas en vuestro despacho.

En lo que respecta a los asuntos asiáticos, ha llamado aquí la atención la correspondencia del Morning Chronicle desde aquel teatro de guerra, que aparece reproducida en el Observer y otros semanarios.

Ignoro si ha llegado a Manchester que los zuavos gritaron: «¡Abajo los monos! ¡Necesitamos a Lamoricière!» L’Espinasse ha sido llamado de vuelta a Francia como la próxima víctima de esta excitación.

El partido ha tenido mala pata últimamente. Steffens ha perdido su empleo en Brighton, pues el maestro de la escuela donde trabajaba ha hecho bancarrota. Cabe preguntarse si logrará cobrar el salario ya vencido. Pieper ha perdido la correspondencia de la Union, ya que el Sr. Pierce también ha quebrado y sus periódicos ya no reciben dinero para corresponsales en el extranjero. Mac Gowan, impresor y acreedor de Jones, ha muerto del cólera. Un golpe para Jones. Todo esto no es muy agradable.

No recuerdo la mierda esa con Imandt. Seguir investigando al respecto no haría más que aumentar la mierda. Pero de ahora en adelante cortaré en cuanto el señor empiece con algo que «ataña» a Dronke. Dronke no vale la pena de hablar de ello.

Tu
K. M.