en Manchester 
Londres, 26 de agosto de 1854 

26 de agosto de 1854.
28, Deanstreet. Soho.
¡Querido Engels!

Mi mujer ha regresado el miércoles, muy bien. En la patria, según parece, todo el mundo entona lamentos por «las condiciones inseguras».

Lo que le pasa a Cluß me resulta incomprensible. El tipo hace meses que no escribe. Quizás haga demasiado calor allí.

Que te hayas librado de Heise está muy bien. No sé qué interés se puede tener por esta clase de «holgazanes». Naturalmente, no conozco la correspondencia de Imandt con Dronke y Heyse, pero sé que I., a lo sumo, participa «teóricamente» en sus niñerías. I. vive aquí como un ciudadano sólido y laborioso.

He recibido una carta de Lassalle, en la que me anuncia triunfalmente que la guerra Hatzfeldt de 7, o más bien de 8 años, ha terminado. ¡Enfin! Con un arreglo «victorioso» para la vieja, cuya virtud, y más aún su bolsa, parecen haber salido de la lucha igualmente «vierge». L. quiere ahora trasladar su residencia a Berlín, pero ya ha oído manifestaciones sobre dificultades policiales.

Meyer me escribe que el proceso de demagogos de Berlín (en el que desempeñó un papel el Gottfried de Gottfried) ha sido sobreseído por el tribunal de Berlín (¿cuál? no me lo comunica) «porque el testigo principal de cargo, Hentze, es dudoso». ¿Qu'en dis-tu?

He recibido también una carta de Miquel desde París. Quería venir, pero primero el cólera, luego una hemoptisis, tras lo cual los médicos le aconsejaron que tuviera a bien dejar el viaje por mar y se dirigiera a casa por tierra lo más rápido posible. Mala suerte.

Cherval, después de haber, bajo el nombre de «Crämer» —esta vez su verdadero nombre era el pseudónimo—, pasado mil peripecias en Suiza, entre otras cosas también grabado planchas para el señor Vogt y caído bajo su protección especial, vive ahora en París. Tengo su dirección.

Daniels está muy enfermo desde hace meses y es dudoso que salga de ésta.

En España parece reinar, como se ve sobre todo por el Débats, una anarquía famosa. Por lo que se puede ver en los periódicos, los emigrados húngaros y polacos parecen no hacer en el ejército turco-asiático más que desmanes, caza de puestos e intriguillas. Toujours les mémes.
Vale faveque.
Totus tuus
K. M.