en Manchester  
Londres, 3 de junio de 1854  

Londres, 3 de junio de 1854.  
28, Dean Street, Soho, Londres.  

¡Querido Frederic!  

Ahora, que estoy de nuevo en pie y los niños han vuelto a salir todos de la cama, aunque todavía no de casa, mi mujer está muy decaída, probablemente a consecuencia de las noches en vela y de los cuidados de enfermería, y lo peor es que no quiere consultar al médico, sino que se administra ella misma medicinas, con el pretexto de que las medicinas de Freund, hace dos años, en un malestar parecido, la pusieron aún más enferma. Si la cosa no mejora, tendré que intervenir por la fuerza. Por eso me es imposible escribir los martes, ya que Pieper, ese día, no puede servirme de secretario debido a sus clases, y a mi mujer, en su estado actual, no se la puede molestar con la escritura. Ya ves cómo me he convertido en un puro Peter Schlemihl. Con todo, la casa entera ha estado, por término medio, muy bien durante años y volverá a estarlo, espero, una vez superada esta crisis. En el fondo es bueno que la cosa la vaya pasando toda la casa por turno.  

En mi correspondencia de ayer me he divertido a costa del plan de guerra del *Times* del jueves. Sin embargo, no parece ser oficial —si es que puede fiarse uno de los periódicos franceses—. El *Moniteur* informa de que Omer Pasha acude a toda prisa a proteger Silistria. Tal vez no sea más que una nota para mantener el buen humor de los parisinos y contrarrestar la presencia del gran Boichot en París. Por los informes rusos y los de Napier en el periódico de hoy no consigo orientarme. En resumidas cuentas, parece que los ingleses no han vuelto a conseguir nada.  

Ayer se me presentó un ocioso democrático de huesos fuertes, llamado Dr. Otto. Danés de nacimiento. Según dice, expulsado ahora de Schleswig-Holstein. Participó en 1848/49 en el movimiento de Schleswig-Holstein y de «Turingia». ¿Sabe Lupus acaso algunos pormenores sobre este hombre?  

He terminado de leer el *Archivio delle cose d’Italia*. Las «Considerazioni» añadidas al final por el autor intentan demostrar, en contradicción con los documentos por él mismo recopilados, que la *Giovane Italia* y, «consecuentemente», Giuseppe Mazzini fueron el alma del movimiento de 1848. Pero lo especialmente divertido es el final, donde se demuestra que los movimientos han de perder su carácter mezquinamente nacional: fraternización entre las distintas naciones, que en 1848/49 fueron a pique a causa de su aislamiento; Rusia o los Estados Unidos de Europa. Llegado a este punto, se revela:  

«La servidumbre de Italia es un pacto europeo: Italia no puede ser libre sino en el seno de una Europa libre. Entonces apareció manifiesto que debía sancionarse, contra la alianza de los pocos opresores, la alianza omnipotente de los oprimidos.»  

Y esta «alianza omnipotente de los oprimidos» la ha llevado a cabo Mazzini del siguiente modo: «Entonces Mazzini cumplió su ardua misión dictando, con Ledru Rollin y Daraz y Rüge, un nuevo pacto que una a Italia, no sólo a Polonia y a Francia, sino a la propia Alemania, sierva voluntaria hasta ahora, y casi sacerdotisa de la servidumbre. ¡Y así, de los opuestos partidos y de las más enemigas gentes, llegan los peregrinos al santuario común de la libertad!»  

De América he recibido periódicos, pero carta aún no. En el periodiquito de Dulon declara «Rüge» —que ha concluido el «nuovo patto» con Mazzini— que ahora hay perspectivas, a consecuencia de la guerra contra Rusia, de un desarrollo «liberal» en Alemania, y aun cuando por ahora sólo se alcanzase la «libertad como en Inglaterra», hay que participar en ello. Adoptar el punto de vista pesimista sería «infame, perezoso, ruso». Ya ves: la perspectiva de que su fortuna privada desaparezca en un solo año hace que el noble esté dispuesto a adherirse a cualquier «progreso» y, en caso de necesidad, a volverse constituciones.  

Tuyo  
K. M.