en Londres  
Manchester, 20 de abril de 1854  

Querido Marx,

El asunto con el Daily News se ha ido al carajo; y tengo motivos para sospechar que la indiscreción de Monsieur Pieper me ha jugado una mala pasada que no le olvidaré pronto. La cosa iba all right, solo faltaba acordar el precio; mi artículo ya estaba compuesto, y llevo en el bolsillo la prueba de corrección. El miércoles de hace ocho días escribí a esos fulanos que trabajaría en las condiciones usuales de ellos, y hoy, por fin, llega la respuesta de que los artículos eran too professional y que, con la mejor voluntad, no podían utilizarlos; muy corteses, al final el ofrecimiento de pagarme £ 2.2.– por mi trouble y el buen consejo de dirigirme a un military paper. Naturalmente, no aceptaré ni lo uno ni lo otro.

Solo encuentro una explicación para tan extraño comportamiento: Pieper, que por una carta insulsa que me escribió la semana pasada estaba al tanto del asunto, debe de haber alardeado de ello, de modo que la historia, por el conocido camino telegráfico de los chismes de la emigración, llegó a oídos de Kinkel o de cualquier otro cochino alemán conocido del Daily News, y entonces nada más fácil que presentar al military man Engels como un simple ex-voluntario de un año, comunista y de oficio dependiente, con lo cual todo se acabó. La cortesía del rechazo no corre, naturalmente, por cuenta mía, sino de Watt. La carta es tal que, aunque podría presentarme otra vez, sería solo para que me remitieran a los penny a liners.

Me harías un gran favor si averiguas quién ha soltado esas habladurías; los elogios del Sr. Schimmelfennig son, naturalmente, solo un pobre consuelo frente a este échec.

Además, esta dilación de los del Daily News ha tenido por consecuencia que una parte de mis fuentes aquí se ha dado a conocer entretanto a través de la prensa alemana; a Moltke, que me era enormemente útil, ahora ya casi no puedo utilizarlo, y dentro de 14 días sucederá lo mismo con todas, y no se me ocurre volver a arriesgar cinco libras on speculation a esa mierda.

Tengo muchas ganas de terminar los artículos sobre el poder militar ruso y enviarlos al Times. Si entran allí, el Daily News queda en ridículo. Pero un segundo échec tiene sus malas caras; entonces yo quedaré completamente en ridículo. Lo maldito es que no estoy en Londres; estando allí, la cosa sería muy sencilla. ¿Tú qué opinas? Escríbeme enseguida al respecto.

Sobre los otros asuntos, dentro de un par de días. El artículo sobre el boletín ruso no puedo entregarlo antes del próximo Steamer; la cosa requiere estar exactamente comprobada y comparada con el mapa, si no, también ahí habrá ridículo.

Si tú pudieras sacarle más dinero a la Tribune, yo mandaría a paseo a toda la jodida prensa inglesa, donde los canallas alemanes infiltrados hacen que los estúpidos redactores vuelvan inaceptables los mejores artículos, y te enviaría cada semana uno o dos artículos para la Tribune. Pero por 200 libras desollarnos los dedos los dos, c'est trop fort.

Escríbeme enseguida qué te parece todo este embrollo; el asunto me ha puesto de un humor espantoso; al fin y al cabo, de toda esa pandilla no podemos fiarnos de nadie más que nosotros dos, el uno del otro.

Steffen y Dronke estuvieron aquí por Pascua; Dronke se ha acostumbrado a una fanfarronería asquerosa de commis voyageur y no me ha gustado nada; el tipo se está convirtiendo en un puro vago.

Tuyo