en Manchester  
Londres, 4 de abril de 1854  
28, Dean Street, Soho.

Querido Engels:

Por la carta adjunta de Cluss verás con cuánta dignidad le han jugado el Dr. Kellner y el amigo Weydemeyer. Este último, en lugar de ponerle al corriente del status quo, lo ha metido en un buen lío de verdad — cometido que el amigo W. resuelve con toda consecuencia respecto de sus amigos.

La noticia con el «Daily News» está bien. Hoy mismo veré si ya se ha impreso algo en él. I hope, Sir, you will leave Manchester, Sir, for ever, Sir. A ese Sir (¡o más bien Sar!) se acostumbra uno horriblemente cuando se ve obligado a leer cada semana los debates parlamentarios y particularmente the speeches of Lord John Russell. Todo el tipo se reduce a las dos palabras: «Now, Sar!»

Pieper, como ves por lo que va adjunto, ha recibido su primera letra de cambio de Washington y ayer por la noche se ha comprado de nuevo una vivienda. Ahora está inflado como un pavo real. ¡No sólo ha ganado dinero, sino como escritor, y no sólo como escritor, sino como político! Por ahora ha renunciado, o al menos hace como que renuncia, a los públicos petticoats londinenses, y busca algún amor sano. No se fija en la posición social. Quizá tampoco en la edad. Pero la salud. That is the thing. Las experiencias han enseñado al valeroso mancebo a considerar al ser femenino desde el punto de vista médico. Pintado en négligé, el valeroso mancebo podría servir de ejemplo admonitorio. Después de que él recuperara el rumbo, le comuniqué que, en caso de que llegara una respuesta negativa o una letra protestada de W., tú me habías encargado que le ofreciera tu ayuda. La explicación ya no era peligrosa, pero causó honda impresión en el valeroso mancebo, que con todo es un bon garçon.

Es importante que, justo en este momento en que abres fuego en el «Daily News», no me dejes en la estacada con la Tribune. Estos sujetos, ya de por sí irritados por mi última declaración y lectores del D. N., serían de lo contrario capaces de creer que vendo ahora la mejor parte de mí mismo — y con militaria quieren ahora todas las gacetas darse bombo — en Londres y los despojos en Nueva York. Serían capaces de echarme a la calle, pues de todos modos tienen un corresponsal aquí y otro en Liverpool. Su periódico empeoraría con ello un poco, pero se ahorrarían 200 libras esterlinas, cosa que siempre vale la pena. Así que es sobre todo necesario que vuelvan a caer en la tentación de imprimir un artículo militar como artículo de fondo. ¡Entonces los tengo de nuevo seguros! El New York Herald se burla en uno de sus últimos números del «Military Editor of the Tribune», que le ha prescrito a Omer Pasha un plan de campaña y ahora, al no cumplirse, vocifera sobre traición.

«Palmerston in three epochs by Washington Wilks». Este libro consta de dos épocas. En la primera, Washington Wilks copia mis artículos de la Tribune del modo más insolente y más estúpido. En la segunda, alarga y rellena con ayuda de los Blue Books el capítulo sobre Hungría del «Progress of Russia» de Urquhart. Por muy miserable que sea este engendro y por mucho que el tipo traicione en todas partes su total ignorancia, auténtica ignorancia de plagiario, con él se ha abierto paso en los meetings londinenses, ha ganado la protección de Urquhart y de su pandilla, y se ha exhibido como «public character» en Londres.

La idea de la «traición» del ministerio empieza a difundirse aquí entre los filisteos, y, si los tales se arriesgan al mismo juego que en 1840 y 46, esta vez habrá algo.

Tuyo, K. Marx