en Manchester
Londres, 9 de febrero de 1854

I 28, Deanstr, Soho.
9 de feb. de 1854.

Dear Frederic,

Hoy te envío al mismo tiempo algunos ejemplares del «Ritter» y 3 de la 2.ª edición de la mierda polaca que he corregido. Dale de los dos 1 ej. a Lupus y 1 ej. a Dronke. Fue una tontería por mi parte no haber corregido antes las erratas de la mierda siria de Palmerston (Weydemeyer tampoco se esmera en esto) antes de enviártela.

He tenido una entrevista con Urquhart. El cumplido con que me sorprendió fue que los artículos eran como si los hubiera escrito un «turco», en lo que él de ningún modo se sentía confirmado por mi explicación de que soy un «revolucionista». Es un monomaníaco completo. Cree firmemente que un día será Primer Ministro de Inglaterra. Cuando los demás hayan pisoteado todo, llegará Inglaterra y dirá: ¡Urquhart, sálvanos! y entonces él la salvará. Cuando habla, sobre todo si se le contradice, le sobrevienen unos ataques que me causaron una impresión tanto más cómica cuanto que me sé de memoria todas sus frases y todas sus citas. Esto hizo que los «ataques» me pareciesen incluso algo sospechosos y más bien como una exhibición teatral. El chiste principal del tipo: Rusia domina el mundo gracias a su específico exceso de cerebro. Para enfrentarse a ella hay que ser un hombre con el cerebro de Urquhart, y si se tiene la desgracia de no ser el propio Urquhart, hay que ser por lo menos urquhartita, es decir, creer lo que cree Urquhart, en su «metafísica», su «economía política», etc., etc. Hay que haber estado en el «Oriente» o por lo menos haberse apropiado del «espíritu» turco, etc.

Si para el martes pudieras hacer algo, me sería muy conveniente, pues ese mismo día he de escribir al Cabo de Buena Esperanza.

Tuyo
K. M.