en Manchester
Londres, 14 de diciembre de 1853

14 de diciembre de 1853.
Querido Frederic:

Sabes que todo el mundo tiene de vez en cuando sus caprichos, y *nihil humani*, etc. De «conspirar» y semejantes desatinos no se ha hablado nunca, naturalmente. A algo de celos (*some jealousy*) estás acostumbrado, y *au fond* lo único que me fastidia es que ahora no podamos estar juntos y trabajar juntos y reír juntos, mientras los «protegidos» te tienen cómodamente a la mano.

Adjunto una de las copias del «Ritter». La otra llegó hoy o ayer a Washington. Le he enviado el asunto a Cluß para que no haya colisión entre las dos declaraciones y para que tache lo que ya haya aparecido. En la copia enviada todavía se hicieron algunas pequeñas modificaciones estilísticas. A la que te envío le falta la última página, que se ha traspapelado; sólo contenía un par de frases finales de contenido alegre.

Aunque nada se oye de él, Willich debe de estar de nuevo en Londres. ¿Has leído en la *Reform* la hermosísima acta de sesión, presidente Anneke, donde ni un voto se pronuncia por querer «regresar a Alemania como combatiente revolucionario bajo la dirección militar de Willich»?

*Quant à* Palmerston, sólo podría plantearme una «publicación alemana» si estuviese seguro de que luego un librero aceptase el trabajo. A saber, no tengo manuscrito alemán, pues desde que yo mismo he tenido que escribir el trabajo en inglés, siempre embarrado la porquería directamente en original anglosajón. Para la *Tribune* pienso terminar con los tratados de 1840 y 1841, para los que dispuse de gruesos *blue books*, además del *Hansard* y el *Moniteur*. Las intrigas de P. en Grecia, Afganistán, Persia y Serbia las dejaré a un lado como menos importantes. Quedaría, ciertamente, la época de la revolución, para la que los *blue books* —aunque considerablemente mutilados— suministran considerable material, también sobre nuestra «guerra patriótica», etcétera, en Schleswig-Holstein.

En cuanto a Bonaparte como capitán de artillería o escritor, me parecería mejor que enviases ese artículo en tu propio nombre, ora al 1) *Daily News*, 2) *Examiner*, o 3) a la *Westminster Review*. Lo primero sería tal vez lo mejor. Con un artículo así podrías, de golpe —*par coup d’état*—, situarte en la prensa londinense de tal manera que puedas «prensarla» (exprimirla) y abrirte al mismo tiempo la oportunidad de publicar en inglés, en Londres, tu libro sobre la campaña húngara, lo que sería en todo caso más lucrativo y de más efecto que en la pobre Leipzig.

La *Tribune* alardea, como es debido, con tus artículos, cuyo autor pasa por ser el pobre Dana. Como simultáneamente se ha apropiado lo de P. ||, desde hace ocho semanas Marx-Engels es la auténtica «redacción», el *editorial staff* de la *T*.

Me alegra que, además de las elaboraciones mayores que se apropian como artículos de fondo —y que, por lo demás, solo son posibles en ciertos acontecimientos o secciones significativos, como el comienzo y luego la batalla de Oltenitza, etc.— (si tu tiempo te lo permite), en los intervalos menos importantes me pongas siempre en inglés, brevemente, por ejemplo, 1 o 2 páginas, los *facta*. Con estas pequeñas emborronaduras tengo mucha más dificultad, también lingüística, que con los desarrollos ¡profundos!, y sobre todo con material con el que, merced a años de lectura inglesa, estoy en un medio inglés. Naturalmente, solo preciso esto cuando faltan los «grandes» *événements*. Lo principal es la angustia de mi conciencia crítica en cosas en las que no me siento *à la hauteur*. Mi competidor se limita a copiar muy simplemente los hechos (o, más bien, lo que la prensa londinense hace pasar por hechos).

¿Qué opinas de la propuesta de mi cuñado Juta, que te adjunto, de escribir mensualmente para el *Zuid-Africaan* (Ciudad del Cabo)? Por mal que estilice Juta en francés, es un tipo excelente y sensato. Si nosotros dos —tú y yo— hubiésemos comenzado a tiempo en Londres el negocio de la correspondencia inglesa, no estarías tú en Manchester, atormentado por el escritorio, ni yo atormentado por las deudas. Por lo demás, creo que si envías ahora artículos militares a la prensa londinense podrás obtener en un par de semanas una posición fija, que te rinda tanto como el negocio de Manchester y te deje más tiempo libre. La *demand* de escritores militares es ahora mayor que la *supply*.

Cabría incluso preguntarse si la propia *Times* no estaría muy contenta de pescar un colaborador militar, puesto que en ese punto está pésimamente pertrechada. Valdría la pena intentarlo. Ahora, naturalmente, uno está en el punto en que considera cualquier periódico inglés como un mero magacín, y da lo mismo en cuál de esos magacines se expongan sus «artículos», *supposé* que no sean adulterados.

Tu KM