en Londres  
Manchester, 18 de agosto de 1853  

I 18 de agosto de 1853.  
28, Deanstreet, Soho.  
¡Querido Engels!

Lupus probablemente obtendrá un buen puesto en Liverpool. En ese caso, viajará vía Manchester. La dificultad consiste en que no cobraría su sueldo hasta el final del trimestre. Espera, desde luego, alguna ayuda conjunta de ti y de Strohn. ¿Ha regresado este último?

El pendenciero Dronke escribe, naturalmente, cartas muy presuntuosas a todo el mundo, p. ej. a Imandt, «que ha tomado disposiciones para el traslado de Lupus a América». Entre nous, me parece que el pequeño cero a la izquierda, para darse importancia de manera barata, le ha dado a entender a Lupus que él, en lugar tuyo, ha tomado el asunto en sus manos. Por lo menos, creí percibir, de parte de Wolff, cierta tirantez hacia Manchester. Que Dronke es un cancan viviente, no cabe la menor duda. Experto crede, etc.

Tienes que enviarle urgentemente a Pieper, de inmediato, por lo menos lo suficiente para que pueda comprarse chaqueta y pantalón. Con los andrajos que lleva ahora, le es imposible aprovechar incluso las ocasiones favorables que se le presentan. Se ha vuelto impresentable. Además, tú le prometiste la cosa al marcharte. Él se mantiene valiente en su mala suerte. Con todo, todo tiene un límite.

Tengo particular mala suerte en las negociaciones de dinero. Ahora tengo dos letras de cambio por valor de 42 libras esterlinas sobre América en circulación, y no puedo disponer de 42 farthings, aunque no solo para mí, sino también para Pieper, he de procurarme los medios de subsistencia. La primera letra, de 24 libras esterlinas, se la di al señor Spielmann; me dijo que volviera dentro de 5 semanas. Ahora ya han pasado siete. Y pierdo, además, con este miserable corretear por la City precisamente los lunes y los jueves, es decir, los dos días en que tendría que preparar las correspondencias para el martes y el viernes. Spielmann siempre me despide con el comentario nasal judío: «No hay noticia de eso». Para sumas tan «pequeñas», sus corresponsales solo escriben de vez en cuando. Si hubiera necesitado el dinero enseguida, tendría que haberle dicho de antemano que quería pagar el franqueo de una carta especial, etc., etc. Así, no solo estoy metido diariamente en la porquería, sino que mi mujer, que había contado con la llegada puntual, había fijado plazos a varios acreedores, y ahora los perros asaltan la casa. Mientras tanto, yo escribo como un diablo sin parar. Sería muy bueno que me enviaras algún artículo de vez en cuando, o dos, para que tuviera tiempo de elaborar algo mejor. Las tres cuartas partes del tiempo se me van en estas correrías de peniques.

Heyse está ahora aquí; en persona, no es mal tipo. El señor Kossuth se pone ahora en ridículo como corresponsal del «Daily New York Times». 4 cartas de D. Urquhart sobre la cuestión oriental en el Advertiser contenían, a pesar de sus manías, muchas cosas interesantes. Contra Jones «we strike» desde hace 2 semanas.

KM