He recibido sus últimas líneas. Habrá usted leído las diversas declaraciones de Kossuth. Antes de que apareciera la declaración de Mazzini, sabía yo que éste había escrito una carta privada muy amarga a uno de sus amigos de aquí, un inglés, sobre K. Con esta ocasión he escrito lo siguiente en el «Daily New York Tribune»:

«Ahora que el propio Sr. Mazzini ha roto el hielo, bien puedo declarar que Kossuth repudió su propio documento bajo la presión de sus amigos de París. No es éste el primer síntoma, en la carrera pasada de Kossuth, de debilidad vacilante, contradicciones inextricables y falsa duplicidad. Posee todas las virtudes atractivas, pero también todos los defectos femeninos, del carácter artístico. Es un gran artista “en palabras”. Recomiendo las biografías de Bathyany, Görgey y K., recientemente publicadas por el Sr. Sz[emere], a quienes, no queriendo rendirse a la superstición popular, deseen formarse un juicio objetivo.»

Firmo todos mis artículos. Ahora vendrán ataques, y así tendré ocasión de entrar más a fondo en la materia. Me hará usted un favor si me comunica tempranamente las novedades de la emigración, especialmente en lo que respecta al *par nobile fratrum*, que lleguen a sus oídos. Con un par de tales datos me compro siempre el derecho de tratar el asunto mismo en la «Tribüne». En cuanto a Z[erffi], a quien no he visto desde hace 14 días, le he dicho ciertamente que, si hubiese conocido personalmente a K., habría considerado mi deber advertirle contra B[angya]. Z. me parece charlatán y algo indiscreto. Pero no creo en modo alguno que esté al mismo nivel que B., sino más bien que es honesto.

2000 ejemplares de mis «Revelaciones sobre el proceso de Colonia» (enviados a Suiza el 6 de diciembre de 1852) han sido confiscados en la frontera de Baden tres meses después. Estoy convencido de que B[angy]a también aquí tiene su mano en el juego. *Es un infame al que hay que aplastar.*

Pulsky está desde hace aproximadamente 4 semanas en América. K., creo, lo ha enviado para restaurar su reputación hundida en la prensa y para intrigar contra sus adversarios. P. intentará también denigrarme ante el «New York Tribune», pero no le auguro gran éxito. Quedo de usted con la más alta consideración,
suyo
Ch. Williams.