Karl Marx a Friedrich Engels 
en Manchester 
Londres, 23 de febrero de 1853 

d. 23 de febrero de 1853. 
¡Querido Engels! 

He estado seriamente indispuesto; en particular, los «pérfidos prusianos» no me permitían ni estar de pie, ni sentado, ni acostado. De ahí mi largo silencio e incluso la omisión de acusar recibo del dinero. 

Habrás visto que Kossuth, por medio de un filibustero americano, el capitán Mayne Reid, ha desautorizado su supuesta proclama de Milán. Pues bien, ayer me escribe Szemere desde París que sabe positivamente que la proclama es auténtica. Por lo demás, eso se desprendía ya del contenido. El «Leader» (mazzinista) «deems it his duty to caution his readers that this affair lies entirely between Mr Kossuth and Mr Mazzini and that the latter is absent from England». Tú mismo habrás leído la declaración de Della Rocca en el «Daily News», dirigida directamente contra Agostini y, de forma indirecta, también contra Kossuth. El par nobile fratrum parece estar desunido. Kossuth es tan falso como cobarde. 

Sobrevaloraste a Mazzini si creíste en su presencia personal en Milán. Él viaja fuera de Inglaterra en esos momentos críticos para exponerse a la sospecha de que está presente en el teatro de la guerra. 

Por muy miserable que sea la historia milanesa como finale de la eterna conspiración de Mazzini, y por mucho que yo crea que él mismo se ha perjudicado personalmente, no me parece menos seguro que el acontecimiento es favorable al movimiento revolucionario en su conjunto. Y lo es por la brutal manera en que los austriacos lo explotan. Si Radetzky hubiera seguido el proceder de Strassoldo, si hubiera elogiado a la burguesía milanesa por su «conducta ordenada», calificado todo el asunto como el miserable putsch de unos cuantos «miscreants» y, como signo de su confianza, hubiera dejado las riendas aparentemente más flojas, el partido revolucionario habría quedado en ridículo ante Dios y ante el mundo. Pero, en lugar de eso, al introducir un completo sistema de saqueo, convierte a Italia en el «cráter revolucionario» que Mazzini no podía hacer aparecer por ensalmo con sus declamaciones. 

Y aún más. ¿Quién de entre todos nosotros habría creído que la reacción, 

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Marx a Engels • 23 de febrero de 1853 

después de sus cuatro años de victorias, preparativos y fanfarronadas, se siente tan infinitamente débil que lanza un verdadero grito de pavor ante el primer putsch? La fe de esos tipos en la revolución es inquebrantable. Ahora han vuelto a dar testimonio ante el mundo entero de su inseguridad. Mientras que la «emigración» está realmente en bancarrota total y no es capaz de atraer ni a un perro, ellos pregonan su poder a través de todos los periódicos gubernamentales y propagan la creencia de que una red de conspiraciones envuelve por todos lados a los bravos ciudadanos. 

Ad vocem Banya. Se encuentra ahora en París. Tengo ya en mis manos las pruebas de que el noble es agente del gobierno austriaco. Su regreso a Francia lo ha comprado aceptando un puesto secreto en II el ministerio de policía francés. Al mismo tiempo está en París como agente oficial de Kossuth, que quiere obtener dinero de Bonaparte. El tipo se ha enredado por lo demás en París en una red en la que él mismo quedará atrapado. En cuanto a nuestro manuscrito, se lo ha vendido a Greiff, quien viajaba como «Schulz». Por lo demás, ambos han vuelto a mentir al gobierno, como si hubieran «sabido procurarse» ese «documento» del archivo de una «sociedad secreta». Ese es, en efecto, el término técnico. 

De Schabelitz sigo sin tener noticia, salvo que la cosa circula en Alemania. Todavía no se atreve a enviar nada aquí, por miedo a que la policía francesa abra el paquete y denuncie el asunto a la prusiana. 

Sé de fuente segura que Ledru, mais c’est un secret, (Napoleón lo sabe probablemente tan bien como yo), quiere desencadenar el golpe en París dentro de tres o cuatro semanas. Un testigo ocular me ha contado que reinaba una gran agitación en París ante las primeras noticias de la insurrección de Milán. Aglomeraciones callejeras, etc., no para rebelarse, sino para confabularse. En general, los frenchmen de aquí están muy satisfechos de que el señor Mazzini se haya puesto en ridículo con su «action». Es una revanche para ellos. 

Nuestro llamamiento —compuesto de seis líneas— pidiendo apoyo para los de Colonia ha aparecido, por mediación de Cluss, en todos los periódicos americanos, en todas partes con la recomendación de las respectivas sociedades de gimnasia. Nous verrons. Los queridos conocidos en la propia Colonia no han dado aún señales de vida. ¡Como que eso no sea precaución! Uno de los suyos, el ex teniente Steffens, que figuró como testigo de descargo en el proceso de Colonia, está aquí y ha encontrado inmediatamente un puesto de maestro en el instituto de Friedländer. Blind me acosa diariamente por lo del «Herzen»; igualmente Dronke por lo de la circular de Reichenbach. Para D. es importante para entablar, bajo nombre ajeno, 

una correspondencia con la «Volkshalle» de Colonia. 

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Marx a Engels • 23 de febrero de 1853 

¿Qué dices de la viva participación de los curas de la iglesia estatal en el desdichado movimiento de las diez horas? Siempre el mismo viejo juego. El sábado te enviaré un paquete con todos los periódicos atrasados y cartas de Cluss. 

De todas las performances del pequeño Finality-John, la última ha sido sin duda la más clásica. Hasta el «Times» tuvo que confesar que Johnny excites «mightily little enthusiasm». 

La señora Harney ha fallecido. Igualmente la señora de Bruiningk. Últimamente he mantenido una correspondencia con este último, en la que todo recaía sobre Kinkel y Willich. Ya te he escrito que Willich zarpó hacia América hace cuatro semanas. 

Salut 

Tu KM 

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