en Londres
Manchester, 11 de febrero de 1853

I 11 Febr 1853.
Querido Marx:

Ahí tenemos, pues, la *grande affaire* de los señores Kossuth y Mazzini. Nuestras noticias aquí son muy imperfectas, pero, en mi opinión, mañana o el lunes tendremos que oír que todo ha terminado. Milán es un terreno muy hermoso para la lucha callejera, pocas calles rectas, y éstas sin conexión alguna, casi por doquier callejuelas estrechas y tortuosas con altas y macizas casas de piedra, cada una una fortaleza en sí misma, los muros a menudo de 3 a 5 pies y más de espesor, apenas pensable abrir brecha en ellos, las ventanas de la planta baja provistas de rejas de hierro como aquí y allá en Colonia (casi por regla general). Pero de qué sirve todo esto, no tienen chance alguna. Después de 1849, Radetzki ha hecho restaurar las fortificaciones de la vieja ciudadela, y cuando estén terminadas, y tiempo ha habido de sobra para ello, Milán pertenece a los austríacos mientras éstos posean la ciudadela, inexpugnable para insurgentes sin insurrección militar. El que de Bellinzona, donde los tesineses desde siempre han lanzado al mundo masas de mentiras en favor de todo movimiento italiano, no lleguen ulteriores noticias, habla muy en contra de una extensión de la insurrección en los alrededores.

Tengo toda esta historia por muy *mal à propos*, pues su único punto de apoyo, aparte de la tiranía de los austríacos en general, no es sino || la mierda montenegrina, donde, *après tout*, también el «orden» turco ha de vencer sobre la barbarie homérica zernogorziana. ¡Estos grandes dictadores se dejan, pues, montar completamente *à la Seiler* por ordinarias acciones diplomáticas de Estado, y juran por la importancia histórico-universal de la «cuestión de Oriente»! Que con ello cuentan con algún golpe de fortuna de parte de Luis Napoleón, es claro; pero éste, si no todo marcha contra lo esperado, los dejará plantados en el atolladero y los tratará como anarquistas. Además, es de suponer que el momento del estallido, como en todos los levantamientos preorganizados, fue determinado mucho más por las más miserables casualidades locales que por acontecimientos decisivos.

[124] Mazzini parece al menos estar en el lugar; no podía ser de otro modo. Por muy estúpida que sea su bombástica proclamación, algo podrá sacar entre los ampulosos italianos. En cambio, ¡el hombre de la actividad ilimitada, Kossuth! *Celui-là est absolument mort, après cela*. Semejantes pretensiones ridículas no se ostentan impunemente en el año 1853. Por muy insípida que aquí aparezca la abstracta furia insurreccional de Mazzini, aún se alza brillante frente al bravo Kossuth, que retoma su papel de Widdin, y desde segura retaguardia decretaba la liberación de la patria || de la nada, por la nada y hacia la nada. Este tipo es realmente un *lâche et un misérable*.

Ahora veremos qué hacen los campesinos italianos; incluso en caso de los más inauditos, increíbles golpes de fortuna, el padre Mazzini y sus burgueses y nobles podrían vivir allí cosas muy desagradables; y si los austríacos hallan ocasión de lanzar a estos campesinos sobre la nobleza, de seguro lo harán.

Los austríacos deben de tener todavía 120.000 hombres en Italia; cómo insurgir contra eso, sin levantamientos entre las tropas mismas, no alcanzo a verlo. Y en levantamientos de honvéds en Italia, aun a la orden de Kossuth, no creo; para eso hacen falta acontecimientos mayores, y con ayuda de 3 años de disciplina y calma los austríacos han ablandado también a golpes más de un duro trasero honvéd.

Me parece importante toda esta historia solo como síntoma; la reacción contra el estado de opresión desde el 49 comienza, y naturalmente en el punto más vulnerable. El asunto causa gran efecto aquí, y los filisteos empiezan a concordar en que este año no transcurrirá en calma. Ahora, una mala cosecha en *corn and cotton*, estrechez de dinero y aditamentos, ¡y *nous verrons*!

¿Has recibido las £ 3 que te envié la semana pasada —jueves o viernes?

Tuyo,
F. E.

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