Friedrich Engels a Karl Marx  
en Londres  
Manchester, 11 de enero de 1853  

Querido Marx:  

Ayer esperaba aún poder pasarme por tu casa de camino a la estación, pues a consecuencia de una carta —que se expresaba en términos algo desagradables sobre mi prolongada ausencia y el trabajo que aquí se acumula— me vi obligado a hacer de repente el equipaje y precipitarme al escritorio. Había descuidado vergonzosamente mis asuntos de la City y tuve, por tanto, que despacharlos ayer en el último momento. Con ello me entretuve de tal modo que no me quedó otra que salir disparado en línea recta si quería presentarme hoy —como era necesario— a una hora decente en el escritorio; de lo contrario, aparte de todo, habría irrumpido en tu casa a una hora vespertina en la que suele reunirse toda la comunidad de discípulos, y en ese caso no habría respondido por las consecuencias, respectivamente por las jarras en Göhringer, Zimmermann, Wood y otras tabernas nocturnas.  

Lo mejor será que empaquetes en un paquete las cartas de Cluss y demás, los periódicos americanos y otras historias, y las envíes aquí, a mi nombre, por Pickford & Co. o Chaplin, Horne & Co., a la dirección E[rmen] & E[ngels], para que la casa corra con el porte.  

Aquí encuentro una carta, en inglés pasable, de Madier, a propósito de su patente, la cual guarda cierta relación con nuestra industria. El hombre —sea la cosa buena o no— vuelve a tener la cabeza llena de fantasías; con todo, veré lo que puedo hacer. Si el invento es bueno, podrá ganar con ello un dinero considerable, pues la salida es casi ilimitada. Si lo ves, dile que le escribiré en estos días; pero es que vuelvo a tener las manos llenas de trabajo.  

Quisiera que algunos de nuestros muchachos de Londres llegasen realmente a un ingreso plus ou moins sólido, porque la vida de callejeo y taberna se pone grave, y una vez que uno cae entre ellos, se puede apostar diez contra uno a que no sale uno del estado de embriaguez tabernaria en menos de 36 horas, tal como a mí me ha ocurrido dos veces, con gran asombro de mi hermana.  

En primavera o a comienzos del verano volveré a Londres.  
¿No ha llegado aún la historia de Schabelitz?  
Cordiales saludos a tu mujer y a los niños, saluda también a la banda de bebedores.  
Tuyo  
F. E.  

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