EN LONDRES

[Borrador]
Londres, 3 de diciembre de 1852
28 Dean Street, Soho

Querido Bangya:

He recibido hoy de Engels una carta que contiene algunas noticias sumamente curiosas.

Engels no ha escrito a la dirección que tú indicaste, pues, como él señala, ¿qué prueba en realidad una respuesta a una carta que no se envía directamente, sino solo a lista de correos, por mediación de una segunda dirección?

En lugar de ello, Engels pidió a unos amigos comerciantes en Berlín que hicieran averiguaciones. Tras las más minuciosas investigaciones, le comunican ahora que:

1. no existe ninguna firma como Collmann;
2. no existe ningún Collmann en la dirección indicada, Neue Königsstraße 58 o 59, y
3. no se encuentra en absoluto a nadie con el nombre de Collmann en Berlín.

Engels me señala además el hecho de que las dos cartas firmadas por Eisermann y la carta firmada por Collmann fueron escritas por la misma mano, que las tres presentan la particularidad insólita de ser fragmentos de papel sueltos sin matasellos, que en las dos primeras Eisermann, y en la tercera Collmann, figura directamente como editor, etc., y que bajo pretextos mutuamente incompatibles se ha dejado arrastrar el asunto durante cerca de siete meses. Ahora que Collmann ha resultado ser una ilusión tanto como lo fue antes el inexistente editor del Constitutionelle Zeitung, Eisermann, te pregunto a ti mismo: ¿cómo pueden explicarse racionalmente todas estas contradicciones, inverosimilitudes y misterios en algo tan sencillo como la publicación de un folleto?

La «confianza» no elimina los hechos, ni las personas que se respetan mutuamente se exigen una fe ciega.

Confieso que, cuanto más le doy vueltas en mi mente a este asunto, tanto más me veo obligado, aun con la mejor voluntad del mundo, a encontrarlo endiabladamente oscuro; y que, de no ser por mis sentimientos de amistad hacia ti, no vacilaría en hacerme eco de la observación final de Engels: «Après tout il paraît pourtant qu’on a voulu nous jouer.»

Tuyo siempre,
K. Marx

P. D. Engels me llama por último la atención sobre el hecho de que, incluso si el manuscrito en cuestión reapareciera por unos días en Londres, eso no probaría absolutamente nada ni se ganaría nada. ¿Qué podría probar, salvo la existencia e identidad del manuscrito, de lo cual nadie duda?