Karl Marx a Friedrich Engels  
en Manchester  
Londres, 10 de noviembre de 1852  

10 de noviembre de 1852.  
28, Deanstreet, Soho.  
¡Querido Engels!  

Adjunto el informe de mi mujer sobre el meeting de Robert Blum de ayer.  
Estuvo en la galería de la Freemasons Tavern, donde tuvo lugar, con Imandt.  

Por lo que respecta a Banya, guarda solo la carta de Collmann. Si me pregunta por ella, habré olvidado constantemente pedirte que la devuelvas. Si por parte de B. hubiera un fraude intencionado, él mismo nos habría puesto en las manos las piezas de convicción contra él. Esto es claro. En un principio se acusaba a B. de haber traicionado el complot de París, y más tarde de haber hecho trampas en el asunto de Colonia. De ambas cosas ha resultado lo contrario. La dirección de Kothes, según la carta de Schneider, parece haber sido revelada por un conocido del propio Kothes. Por último, en lo que concierne a nuestro folleto, Weerth probablemente ya habrá utilizado la dirección de Collmann y el asunto debe aclararse. Le he dado a B. una carta para Collmann en la que, en atención a que no se ha estipulado contractualmente ningún plazo para la publicación del folleto, le declaro que tampoco se ha estipulado contractualmente que no podamos hacer imprimir el manuscrito original, en cuyo poder seguimos estando, en Bruselas o Nueva York, si nos place. Y tampoco se ha estipulado contractualmente que dentro de 14 días no aparezca la 2ª parte, que está terminada y forma un todo cerrado en sí mismo, en casa de otro librero, bajo un título especial, etc.  

Ahora, al asunto de Colonia.  

Yo, en lugar de Bürgers, etc., no habría permitido de ningún modo al señor Becker plantarse tan desvergonzadamente como el homme supérieur a costa de todos los demás y rebajar tanto el carácter de todo el proceso para triunfo de los demócratas. Defenderse y procurarse una apología a costa ajena son dos cosas distintas. Becker es uno de los epígonos de la revolución, que tiene mucha astucia pero poca inteligencia, y calcula con exactitud cómo ha de encaramarse a hombre importante. Todos sus talentos son los talentos d'un infiniment petit.  

El gobierno, en su desesperación, como ya sabes, en el informe complementario de Goldheim, se había refugiado en medios heroicos, pero no había hecho sino enredarse de nuevo en la trampa.  

La declaración de Goldheim proporcionó dos datos: «Greiff» y «Fleury».  

Emprendí, pues, indagaciones (alquilando a este fin incluso un mouchard prusiano) sobre Greiff. Obtuve así su dirección y hallé que vivía en 17, Victoria Road, Kensington. Pero ésta es la casa del señor Fleury. Quedó, pues, constatado que Greiff vive en casa de Fleury. Además, resultó que G. no figura aquí oficialmente como «teniente de policía», sino como agregado de la legación prusiana. Finalmente, que el sábado 6 de noviembre partió de aquí por unas semanas. Probablemente a Colonia. Él mismo declaró que partía por miedo a los marxianos, que Fleury lo había estafado, etc.  

Así pues, quedaba claro: Greiff, el superior de Fleury; Fleury, el superior de Hirsch. Así ha resultado también la cosa.  

Por otra parte, el viernes 5 de noviembre, Imandt y Dronke se presentaron en casa de Fleury, con la Kölnische Zeitung en la mano. Él, naturalmente, fingió sorpresa, sostuvo no conocer a ningún Greiff, se declaró dispuesto a hacer todas las declaraciones ante el magistrado, pero quería antes hablar con su abogado, dio dos citas para el sábado 6 de noviembre, una a las 2 y otra a las 4, pero se guardó muy bien de comparecer e hizo que la policía ganara así un nuevo día en el que nosotros no pudimos operar, fuera de algunas cartas preliminares a Colonia. Finalmente, el domingo 7 de noviembre, Dronke e Imandt le arrancaron una declaración que leerás en la «Kölnische». Te envío copia de ella, que en este momento no encuentro. Después de meter la declaración en el bolsillo, le dijeron que era un espía, que Greiff vivía con él, que nosotros lo sabíamos todo y habíamos jugado con la policía, mientras ella creía jugar con nosotros. Él, naturalmente, siguió jurando su inocencia.  

Por fin, mandé gente de acá para allá (entre otros al general borracho Herwegh) para dar con la vivienda de Hirsch. Resultó que vivía no lejos de Fleury, igualmente en Kensington.  

Antes de seguir contando, una cosa más. Toda la declaración de Goldheim te resultará muy clara si consideras: 1) que el 30 de octubre (sábado) Goldheim estaba aquí y se dirigió con el secretario de la legación prusiana Albert a casa de Greiff y Fleury. 2) que en la mañana de ese mismo 30 de octubre apareció nuestra declaración sobre las revelaciones inminentes en 5 periódicos ingleses. 3) que para ese mismo 30 de octubre, Fleury había dado una cita a Imandt y a Dronke, porque Dronke debía encargarse para él de la clase de francés en lugar de Imandt. 4) que, sin embargo, antes de que Stieber hiciera su 2º interrogatorio con las revelaciones sobre Londres, yo, inmediatamente después de su primer interrogatorio sobre Cherval, etc., envié una declaración a la «Kölnische Zeitung», al «Frankfurter Journal» y a la «Nationalzeitung», en la que ya se amenazaba a Stieber con su carta a mí. Esta declaración, ciertamente, no apareció en ninguno de los periódicos. Pero el correo y la policía, indiscutiblemente, habían tomado nota de ella.  

Así se explica del modo más prosaico la «clarividencia» de Stieber y la omnisciencia de sus agentes de policía en Londres. Todo lo demás que Goldheim dijo fueron fabulae. A Colonia he hecho llegar por distintas vías las aclaraciones necesarias sobre estas cosas, junto con la declaración de Fleury.  

Pero ahora viene la gran broma.  

Era naturalmente mi intención obtener un warrant contra Hirsch, para lo que justamente había indagado su vivienda. Pero no obtuve la dirección hasta el sábado. Si hubiera tenido el warrant contra Hirsch, estaba seguro de que éste haría caer en la trampa a Fleury y Fleury a Greiff.  

¿Qué sucede? Willich, en el mayor secreto, se dirige el viernes con Hirsch, en presencia de Schärttner, a la magistratura de Bow Street, hace que Hirsch confiese supuestamente en un documento extendido por triplicado que él y Fleury han estado fabricando los falsos protocolos desde hace aproximadamente medio año, envía estos 3 documentos 1) a Göbel, el presidente del jurado, 2) a Schneider, 3) a la Kölnische Zeitung – y le da a Hirsch el dinero para fugarse, incluso lo hace embarcar en el vapor, supuestamente para que confiese él mismo en Colonia.  

Todos nosotros nos enteramos de esto sólo por las indagaciones que emprendimos tras Hirsch, y en parte en Bow Street, donde queríamos obtener el warrant. Schapper le cuenta personalmente a Liebknecht que Willich no le comunicó palabra de todo ello. ¡Así, el señor Willich nos ha escamoteado de las manos el instrumento del procedimiento que queríamos entablar nosotros mismos en Londres! ¿Con qué fin? Es muy sencillo si se considera que desde hace un año era el homme entretenu del comerciante Fleury, por lo que en cualquier caso habrían salido a la luz cosas muy comprometedoras si nosotros hubiéramos echado mano a Fleury. –,  

Por lo demás, cuán alto concepto tienen de este Fleury (yo nunca lo he visto) los demócratas: Techow, al partir para Australia, le escribió aún desde el barco una carta en la que le atestigua que tiene la cabeza y el corazón en el lugar adecuado.  

El dinero que Willich le dio a Hirsch para la partida, seguro que él mismo lo recibió de Fleury para ese propósito.  

Hirsch ha confesado que intentó imitar la letra de Liebknecht y que trabajó bajo la dirección del comerciante Fleury (este perro, además, es rico y se ha casado con la hija de una familia cuáquera inglesa muy respetable), del mismo modo que Fleury trabajó bajo la dirección de Greiff. Así se confirma plenamente todo lo que yo había deducido inmediatamente del contenido y los datos que la «K. Z.» dio del libro de protocolos original, y que hasta ahora ningún abogado ha explotado debidamente.  

Que los acusados de Colonia saldrán libres, todos sin excepción, no está sujeto a duda en mi opinión.  

Me alegraría que escribieras a Strohn diciéndole que me obligaría mucho si me enviara en seguida algunas libras. De las 4 l. 10 sh. que recibí por tu conducto, se han ido casi 3 £. en los mensajes, mouchards, etc. Naturalmente, también nuestros pobres amigos de la Liga se aprovecharon de los muchos mensajes, citas, etc., para sacarme una suma muy soportable de faux frais de production para cerveza, cigarros, ómnibus, etc., que por supuesto tuve que liquidar.  

Recibirás los poemas de Freiligrath.  

A propósito. Reichenbach ha emitido una «Declaración litografiada» a todos los periódicos americanos, en la que se juega mal a Willich-Kinkel. De ella se desprende que Kinkel, entre otras cosas, se ha liquidado para sí solo 200 £. st. para su viaje. Procuraré el documento y lo remitiré al archivo.  

KM  

Saludos a Weerth. Vehse partió ayer. A Fráncfort ya he escrito por nuestro folleto. Si no escribimos, Becker se apodera de toda la historia para mayor gloria de Becker.