Friedrich Engels a Karl Marx  
en Londres  
Manchester, 5/6 de noviembre de 1852  

I Viernes  
Querido Marx,  

Me es grato saber que no soy el único que sufre. Anteayer y ayer estuvo aquí Strohn, como era natural se bebió con exceso, me dejó esta mañana a las tres y espero que haya zarpado hoy. Eso me ha dado el golpe de gracia y estoy hoy completamente derrengado. Esta es también la razón por la que hoy no te llega ninguna traducción; por lo demás, no importa, puesto que hay algún vapor de Southampton con el que puede ir la cosa y antes del día 11 en el Parlamento ni siquiera se produce un discurso de la Corona.  

Los documentos, pues, han llegado felizmente, también la carta de Stieber en su original. Ahora la cosa se pondrá divertida tan pronto como el noble acusador público haya terminado. Algo más estúpido que lo que dice Seckendorf no podría sacarse a la luz ni aun con el más penoso y forzado trabajo del pensamiento. Porque Engels ha hecho imprimir que los mejores comunistas eran los soldados más valientes, por eso hay que condenar a Bürgers por complot. El planteamiento de la cuestión encerraría en sí si el acusado ha tenido la voluntad — suspect de suspicion d'incivisme — y por eso sería también del todo indiferente que el acusado sea miembro de la Liga o no — ¡así, el señor Seckendorf, en su desesperación ante la condena de Daniels & Cía., exhorta directamente a los jurados a que absuelvan también a Bürgers y a Röser! El tipo tiene que haberse estado por lo menos ocho noches bebiendo aguardiente con agua pura para que se le haya podido poner la cabeza tan revuelta y confusa. En toda esa bazofia no hay tampoco ni una palabra to the purpose. Por lo demás, no he dudado ni un momento de la absolución también de Bürgers, etc., desde que el presidente dio a conocer el planteamiento de la cuestión. Es imposible convertir el lamentable manifiesto de Bürgers y sus viajes circulares en una «empresa» que tuviera por objeto la Constitución del Estado, etc. ¿O deberá decirse en los anales | de la historia: En mayo del año 1851, mientras en Londres se inauguraba el Palacio de Cristal, el sastre Nothjung viajó de Berlín a Leipzig para derrocar la Constitución del Estado prusiano y comenzar la guerra  

77  

Engels a Marx — 5/6 de noviembre de 1852  

civil? Además, se ha dejado caer el libro de actas, y, según afirma Strohn, entre los jurados hay v. Rath, v. Bianco, Leven, Leiden, Herstatt y otro más que son completamente buenos.  

Creo, tal como se desarrolla ahora la cosa, que en todo caso tenemos que publicar algo. Sólo sería bueno, e incluso necesario, que después del proceso Schneider y uno de los acusados vinieran a Londres — yo procuraría entonces venir a Londres un sábado y domingo, y cuando todo esté hablado, podrías venirte tú aquí y el manuscrito estaría listo en unos cuantos días. Entretanto, escribe al viejo Ebner para ver si puede colocar este folletito en Löwenthal — por mí, a medias cuentas, tanto en la ganancia como en la pérdida, entre él y nosotros.  

En lo que toca a Bangya, la sospecha más acuciante contra él se desvanece por sí misma tan pronto como queda establecido que él no dirigió la penúltima carta a Kothes. Esta noticia, que me escribió Dr[onke], de que B. ha dirigido la penúltima carta, o sea la última que llegó correctamente, me dejó sumamente perplejo. Pero, ¿cómo se le ocurre al pequeño febricitante inventar tales historietas? El asunto con Collmann también está podrido. Esa carta de C. es exactamente de la misma letra que las anteriores de Eisermann; te la devolveré mañana, pero soy de la opinión de que hay que conservarla. Il y a là un faux. Pronto sabremos por Weerth qué hay de Collmann; mientras tanto, haz que Bangya te dé una explicación de cómo el señor C. llega a firmar bajo una firma falsa, etc., y por qué «el hombre», y qué hombre, ha muerto, y cómo es que ahora de repente vuelve a estar vivo. Haz también que el señor B. || te nombre al «comisionista» en Londres a quien él «conoce» según una de las cartas. Para que Dronke tenga algo que hacer, que se informe en alguna librería alemana sobre Collmann.  

Es muy curioso, todas estas cartas llegan por ocasión, nunca tienen matasellos, están todas escritas en un tono tan desaliñado y displicente que el asunto parece sumamente sospechoso. También ésta está escrita «en una posada en casa de un amigo». Todo eso no parece businesslike. También la estúpida excusa de que es asunto suyo cuándo ha de imprimirse el manuscrito. En fin, aunque B. sea en esto tan honesto como es posible a un eslavo embustero, su amigo en Berlín me parece ser un canalla de primer orden. Pero ahora la cosa tiene que aclararse, ya que el señor C. aparece aquí directamente como propietario del manuscrito y como editor. Si no existe ningún librero de ese nombre, el cuento está acabado.  

La teoría de que un editor pueda tener un manuscrito años enteros en su cajón sin publicarlo es, por lo demás, nueva, y tampoco parece muy de librero. Lo de los libros infantiles también lo considero dodge; en Inglaterra  

78  

10  

15  

20  

25  

30  

35  

40  

Engels a Marx, 5/6 de noviembre de 1852  
(Quinta página)  

Engels a Marx, 5/6 de noviembre de 1852  
(Sexta página)  

10  

15  

20  

25  

30  

35  

40  

Engels a Marx * 5/6 de noviembre de 1852  

esa mierda no sale por Navidad; además está redactado de manera tan vaga e indeterminada que B. no puede deducir de ello ningún encargo positivo. En una posada no se escribe tampoco en un papel tan asqueroso, que se parece mucho más a una oficina prusiana. Enfin, nous verrons.  

Por lo demás, yo no puedo escribir aquí a B., pues no sé absolutamente ningún detalle de lo que ha pasado entre tú y él, lo que te ha dicho, las cartas que eventualmente te haya mostrado, etc. Entretanto, ahora lo tenemos.  

6 de noviembre. Ayer no pude enviar lo anterior por razones físicas. Desde entonces he vuelto a leer otra stiebereada en la «K[ölnische] Z[eitung]». Así que el || libro de actas original ha sido dejado caer, en cambio el señor Lieb[knecht] ha resucitado de entre los muertos en forma de un recibo por dinero. El señor Hirsch y consortes — pues tienen que ser varios — parecen haber estafado como es debido a los estúpidos policías prusianos. Il valait bien la peine enviar un teniente de policía a Lond[res] para que le endilgaran este fardo y, encima, la noticia de la sesión completamente secreta en tu casa.  

Pero, ¿qué historia es esa con Fleury, amigo de Dronke, a quien aquí se designa directa y abiertamente como agente de policía? Eso desviará algo la furia del pequeño contra B. También parece que alguien ha dado de hablar a causa de la carta de Stieber, pero eso no importa; el modo como el propio St. llama la atención sobre este documento y habla de «infames calumnias» no hará sino aumentar el efecto.  

Weerth está en L[iver]pool, no vuelve hasta dentro de unas horas, de modo que tengo que retener las cartas de Schneider y de Bangya hasta mañana.  

«¡Bürgers ha confesado haber sido colaborador de la N[ueva] G[aceta] R[enana]!» Eso es naturalmente suficiente para hacerlo condenar a la horca. Es cosa que nunca me ha ocurrido.  

Esta noche la K. Z. traerá probablemente las primeras noticias de que la hoja ha cambiado de rumbo. Los abogados han actuado muy correctamente al retenerlo todo, con tal de que ahora entren debidamente en acción.  

Tu F. E.  

Sábado |  

| No olvides enviarme enseguida los ejemplares de los poemas de Freilig[ath] en razón de Kinkel. En Bradford] ya tenemos gente que quiere pedirle que los lea en voz alta.  

Hirsch debe de estar todavía aquí, al menos estuvo positivement la semana pasada, cuando lo vi en el Ateneo. Otro tipo que se le parece como una gota de agua a otra,  

81  

Engels a Marx — 5/6 de noviembre de 1852  

estuvo también aquí y al principio me confundió. ¿Tiene aquí un empleo o lo busca? Por lo demás, la última vez que estuviste aquí, nos encontramos una vez con un tipo en Broughton que gritó: ¡Buenos días, Marx! No pudimos darnos cuenta de quién era: era Hirsch. El tipo hace, pues, viajes artísticos. Tan pronto como el proceso haya || pasado, hay que hacer que le den una paliza a ese tipo. |  

82