Karl Marx a Friedrich Engels 
en Manchester 
Londres, 2 de noviembre de 1852 

I 2 November. 52. 
28, Deanstreet, Soho, Londres. 

Querido Frederic: 

Recibida tu carta junto con las £5. Di 10 chelines a Dronke. 

Ha pasado ya el tiempo en que teníamos que andarnos con reparos para escribir abiertamente bajo nuestras direcciones directas. El sábado (30 de octubre) recibieron los abogados la masa de los documentos; el domingo, la segunda carta de Fráncfort; ayer, mi última carta con la declaración ante el magistrado. Hoy he enviado a Schneider II, directamente y certificada, la declaración aparecida en el Morning Advertiser de hoy, no tanto porque ello sea ahora todavía necesario, sino para que el gobierno prusiano vea que tenemos medios de forzar la honestidad de su correo y, en caso contrario, desenmascararla ante el público londinense. 

Los abogados han recibido todo lo necesario a tiempo, a saber, antes del cierre de la acusación. Por el momento soy de la opinión de que, a no ser que un nuevo incidente prolongue el proceso y haga necesaria una nueva intervención por nuestra parte, ya no saldrá nada más para Colonia. 

Adjunto una carta de Imandt a Cluss, que contiene más pormenores sobre la estafa de Kinkel-Willich. Hasta ahora no he tenido tiempo de leer la carta y me he limitado a hacértela copiar por Pieper. El viernes pasado fue despachada para Washington. 

El comerciante Fleury, de la City, declara que puede testimoniar que a él y a otros comerciantes se les han ofrecido bonos de empréstito para compra por parte de Willich-Kinkel. 

En este momento, el caballero de industria Willich vive a costa del ruso Herzen. 

Kinkel, antes de su partida a Manchester, según me comunicó ayer Freiligrath, se ha vuelto a meter en el culo —como mendigo y charlatán y dador de lecciones— de una masa de concejales de la City, comerciantes, etc., con renovado ardor de fuego. 

En cuanto al papelucho que falsamente se me ha atribuido, solo me falta aún la dirección de Moses Hess, que reside en Lieja. Le escribiré, en efecto: «Dime a quién entregaste los catecismos y quién los ha colportado en Alemania. De lo contrario, te declaro falsificador en la Indépendance.» Moses cantará de plano; y, si esta vez no ha sido la policía quien ha falsificado mi letra, sino Kinkel-Willich, los citaré ante un tribunal de aquí por falsificación de letra ajena. 

No olvides enviarme el final para Dana. El jueves se reúne el Parlamento. El artículo resulta ya algo anticuado. Pero después del viernes ya no tendría valor alguno. 

Un gran saludo a Weerth y a Strohn. 

Tuyo, 
K. M. 

El comerciante Fleury testimonia además que Willich le ha sacado libras casi todas las semanas a él y a sus amigos ingleses, bajo el pretexto de emplearlas para los refugiados. Ahora puede probarse que Willich-Kinkel rechazan a todos los refugiados con brusquedad, diciéndoles que no tienen ni un céntimo para tales fines. Willich les dice que él mismo carece de su pan de cada día; Kinkel les muestra, conmovido, a sus hijos y les regala, en el mejor de los casos, chalecos desechados del difunto Julius, del ausente Schurz o de su propia y solemne personalidad.