Friedrich Engels a Karl Marx  
en Londres  
Manchester, 31 de octubre de 1852  

Querido Marx:  

Tal como está ahora entablado el asunto, no puede fallar. La carta de Stieber es un descubrimiento que vale más que todas las minas de oro australianas. ¡Qué suerte que el infeliz Nothjung haya guardado esos viejos papeles de la N. Rh. Z. y los haya enviado entonces a Londres! Sólo espero que la cosa llegue, pues sustraer algo así no lo consideraría delito ni siquiera el fiscal general. Mejor habrías hecho en no enviar esta carta con el encargo de registrarla, sino de otra manera. Entre Fráncfort y Colonia todavía puede ocurrir una desgracia, y aunque ya la copia prueba mucho, el original es demasiado importante. Alguien tendría que llevarlo personalmente o por expreso a Colonia. Con todo, espero que salga bien.  

Los otros documentos también son muy buenos, y ahora daremos un golpe sensacional.  

Por seguridad, envié ayer una carta a v. Hontheim, que será depositada en el correo en Amsterdam, y en la que le comuniqué en extracto el contenido de tu carta destinada a Schn[eider] y la no llegada de la carta de Schneid dirigida a Dronke. Así, pues, 4 copias y un extracto.  

Por otra vía enviaré hoy mismo una copia de la carta de Stieber a Colonia, y también haré llegar a la provincia renana recortes con el artículo del Advertiser del viernes y la declaración del Adv. del sábado, y en general notas sobre los crímenes de la policía, para arrojarlos entre los burgueses.  

Ahora, las siguientes propuestas:  

1) Dado el carácter sumamente equívoco de los únicos testimonios incriminatorios, carácter que en parte podemos ahora demostrar como inequívoco, tu testimonio y el de Lupus, Pieper, etc., prestados bajo juramento y debidamente autentificados, son muy importantes. Diga lo que quiera el ministerio público, no importa; los jurados nos consideran a nosotros y a los acusados como caballeros. Ahora bien, nada más sencillo que 2 o 3 de vosotros se trasladen a casa de Wingham y allí presten juramento sobre aquellos asuntos relativos a Londres que todos conocéis. Por ejemplo:  

a) que no existe ningún H. Liebknecht, sino sólo un W. L., que sepáis, y que nunca habéis conocido a ningún H. L.;  

b) que la señora Daniels nunca te ha escrito;  

c) que aparte de las reuniones de los miércoles no habéis tenido otras reuniones en otro local los jueves, y  

d) que declaras completamente falsas (utterly untrue) las afirmaciones contenidas en los protocolos de Hirsch sobre discursos, conferencias, etc., que se dice habéis pronunciado;  

e) que la nota que acompañaba al Catecismo rojo, y que el ministerio público considera redactada de tu puño y letra, no procede de ti —  

y cualquier otra cosa de las últimas vistas y primeras declaraciones de Stieber que parezca falsa y digna de refutación.  

Prestado juramento sobre todo esto ante Wingham, éste lo extenderá como un affidávit corriente —podéis traerlo ya redactado en inglés en borrador— y le pedís que se lo entregue a un policeman, el cual os acompañará al cónsul prusiano Hebeler en la City; éste deberá legalizar la firma de Wingham, so pena de perder su exequátur. Expedido así en 2 copias, podrá enviarse a Colonia y no dejará de surtir efecto. Considero esto sumamente importante, ya que así se observan todas las formalidades legales y la cosa es un acto judicial. Si a pesar de todo Hebeler se negara a legalizar la firma, acudís al primer notary public que mejor os parezca, quien la legalizará (esta última es una vía que, en un caso parecido, las autoridades de Prusia le indicaron a mi viejo).  

2) Ayer recibí de D[ronke] un largo escrito sobre Bangya. Debo decirte que, después de las miserables mentiras con nuestro manuscrito, de la carta de Duncker que Weerth te envió el martes, y de ser cierto que él dirigió la penúltima carta a Kothes, apenas me cabe duda de que es un espía prusiano. El hecho de que se mantenga con los húngaros no prueba lo contrario; si ante nosotros se remite a los húngaros, ante los húngaros se remitirá a nosotros. Este asunto debe investigarse sin falta y a toda prisa, y si el señor Bangya no da, dans les vingt-quatre heures, explicaciones suficientes sobre el paradero del manuscrito, la antigua dirección del supuesto Eisermann —calle y número— y sus fuentes de existencia sumamente problemáticas, soy muy partidario de que los abogados de Colonia pregunten directamente al señor Stieber qué sabe sobre cierto coronel Bangya. Después de las revelaciones ocurridas hasta ahora, el señor Stieber ya no se atreverá a falsear su testimonio, pues no puede saber lo que vendrá; al mismo tiempo habría que comunicar a Schn[eider] la historia del manuscrito para que la relate en la vista, después de lo cual no será necesario hacer por el momento ninguna otra declaración.  

3) Algunas personas de la Asociación Obrera de Stechan, miembros del comité, etc., podrían también comparecer ante el magistrado no con trocitos de papel, sino con páginas enteras o con los fragmentos más grandes posibles de la letra de Hirsch, y jurar que ésa es la letra de Hirsch. Cela vaut infiniment mieux que meros recortes no autentificados.  

El lunes os enviaremos de nuevo algún dinero para que no paséis apuros por ese motivo. Tu testimonio jurado podría enviarse al final de todo; eso tiene sus ventajas; sólo hay que procurar que todo llegue antes de que se cierren los interrogatorios de testigos.  

No olvides enviarme cuanto antes algunas direcciones seguras.  

La declaración de Stechan sobre la falsificación debe también ser jurada ante un magistrado. Cela pourra avoir de brillants résultats.  

Kinkel se paseaba hoy por la Bolsa de aquí, paseado por el populacho de los judíos alemanes locales. Sin embargo, ya les hemos metido a la gente toda clase de pulgas en las orejas, y Weerth le amargará la existencia tanto aquí como en Bradford.  

¿No podríais conseguir pruebas directas de la estafa de Kinkel a través de Reichenbach, por medio de Imandt o de otro modo, y enviar copias al Examiner and Times de aquí, al Guardian o al Courier, y a los periódicos de Bradford? Naturalmente, pruebas tan directas que esos individuos no tengan que temer ningún mal proceso. También podríais enviarlas al Dr. J. W. Hudson, secretario del Ateneo de Manchester.  

Str[ohn] está de nuevo en Bradford, algo enfermo, y vendrá aquí el miércoles o el jueves. Le escribo hoy y le doy instrucciones para que, cuando le envíes cosas, puedas contar con una tramitación hábil que no colisione con mis vías. Lo principal es que cada dirección comercial se utilice una sola vez.  

Hemos de conseguir que en adelante no se hable ya de raterías, sino de “estieberías”.  

Ahí está también el abogado Schürmann entre los defensores. Su dirección también puede utilizarse para envíos. Schneider es realmente demasiado peligroso.  

El asunto de Bangya también es importante por esto: supongamos que el libro de actas original no fuera de puño y letra de Hirsch, ¿sino copiado? ¿Entonces qué? De todos modos, Stieber ha jurado que no conoce a Hirsch en absoluto.  

Si los de Colonia —lo que, sin embargo, considero casi imposible si seguimos poniendo todos los medios para hacer llegar toda la información y todos los autos— fueran condenados a pesar de todo, tendremos que escribir algo sin falta. De lo contrario, creo que eso no haría sino atenuar el efecto de la derrota del gobierno. No obstante, incluso en ese caso, depende. Ante todo, de todos los autos, affidávits, etc., hay que guardar copias exactas, con todas las legalizaciones, etc., porque esas cosas constituirán una magnífica serie de pièces justificatives.  

Dronke me ha pedido 10 chelines, pues está enfermo y en apuros. Cuando llegue el próximo dinero, o sea el martes, dáselos o un poco más.  

Las direcciones me las envías mejor por Pickford o Carver.  

Saluda a todos y escribe pronto.  

Tuyo  
F. E.  

Llevamos aquí un registro exacto de todos los documentos que salen: fecha, vía de envío, etc.