Karl Marx a Friedrich Engels  
en Manchester  
Londres, 25 de octubre de 1852  

25 de octubre de 1852.  
28, Deanstreet, Soho.  

¡Querido Engels!

En razón de nuestra correspondencia tenemos que tomar otras medidas. Es positivo que tenemos un espía en el ministerio Derby. Además, al menos a título de ensayo, vuelve a apostarse una guardia de protección (por las tardes) ante mi casa. Así que no puedo escribirte absolutamente nada que no considere prudente que llegue a conocimiento del gobierno prusiano en este momento.

Dana se porta de manera muy ruin conmigo. Le escribí hace unas 6 semanas y le dije exactamente cómo está mi situación y que necesito inmediatamente el dinero por los artículos enviados. Ha impreso los artículos con regularidad, pero no ha mandado el dinero. Naturalmente, a pesar de eso, debo continuar exactamente. De lo contrario, al final soy yo otra vez el castigado.

Ya había conseguido, hace 5 semanas, aplacar al casero con esa perspectiva de América. ¡Hoy se presenta el tipo y me arma un escándalo espantoso a la casera y a mí! Hoy, al recurrir yo por fin a la ultima ratio, es decir, a la grosería, se retiró con la amenaza de que, si no le consigo dinero esta semana, me echará a la calle, pero antes me meterá a un agente judicial en la habitación.

Hace 4-5 días llegaron, de parte de Cluß, 130 ejemplares del Brumario. Pero hasta ahora no he podido sacarlos de la aduana, porque en esta ocasión debo pagar 10 sh. 9 d. Tan pronto como esté fuera esa mierda, los enviaré al lugar convenido y giraré inmediatamente una letra sobre ellos. Ahora, con este asunto y el de Dana, tengo más de 30 libras por cobrar y a menudo pierdo todo el día por un chelín. Te aseguro que, cuando veo los sufrimientos de mi mujer y mi propia impotencia, quisiera arrojarme a las fauces del diablo.

Kothes y Bermbach han sido detenidos, porque yo había enviado a este último, por conducto del primero, un trabajo necesario para la defensa, que era algo voluminoso (a pesar del papel fino y de la letra minúscula). El gobierno creyó haber hecho una captura famosa. Pero el joven Saedt, al examinarlo más de cerca, juró seguramente por cielo e infierno para echar tierra al asunto, pues el expediente contenía curiosas estricturas sobre el talento, etc., del joven Saedt, y, de habérselas comunicado al jurado, solo hubiera contribuido a la absolución de los acusados.

En la „N[eue] Preuß[ische] Z[eitung]” se menciona a “G. Weerth” como miembro de la autoridad central en Colonia, y se cita ello del acta de acusación.

Dile a Weerth que no he sabido nada de Dunker.

Tu  
K. M.  

En cuanto termine el proceso, cualquiera que sea su desenlace, ambos debemos mandar imprimir 1 o 2 pliegos: “Al público. Para esclarecimiento”. No volverá un momento más favorable para hablar a la nación en grande. Además, no podemos tolerar la apariencia de ridículo que ni siquiera la dignidad moral ni la profundidad científica del amable Heinrich son capaces de disipar.

Cherval ha escrito él mismo a la Liga de los trabajadores alemanes de Londres: “es espía, pero en el noble sentido del ‘espía de Cooper’”. He hecho llegar, por vía segura, a uno de los abogados las aclaraciones necesarias.

En relación con la publicación antes sugerida sobre el “proceso de Colonia”, es preciso ya ir mirando por ello. Me parecería lo mejor que escribieras a Campe para que te indique un comisionista solvente, en caso de que él mismo sea demasiado miedoso. Como tú eres un hombre solvente, se le puede decir al comisionista que recibirá el dinero, por ejemplo, a tres meses (mediante letra de cambio), en caso de que entretanto no se haya resarcido ya (cosa segura) con la venta. Por lo demás, los gastos de impresión de semejante mierda no pasarán de 25 táleros.

Vale, y medita el asunto. Callar no podemos, y si no nos preocupamos a tiempo de la oportunidad de impresión, no llegaremos de nuevo en el momento adecuado. Naturalmente, habría que cuidarse de que el comisionista no sea un mero estafador, pues la cosa tendrá incluso valor “comercial”.