Friedrich Engels a Karl Marx
en Londres
Manchester, 4 de octubre de 1852

|4 Oct. 1852.
Querido Marx:

Adjunto £ 2.10. — Las 10 /- dáselas a Dronke, que me ha encontrado un libro eslavo muy valioso; lo que le regatee al tipo del precio es su comisión por el descubrimiento; puesto que es comerciante, hay que tratarlo según los principios del comercio. Pero que vaya en seguida y me envíe el libro por correo, en un solo volumen, como un periódico, con 6 sellos si pesa menos de 1 libra, con 12 sellos si pesa más. NB, si es un solo volumen; en caso contrario, 6 sellos por cada volumen, y entonces es mejor que salga sin franquear, en un paquete, por Pickford & Co. o Carver & Co. Si podéis encontrar la oficina de Carver & Co. (creo que allí se llaman Chaplin, Hörne & Carver, o Chaplin, Hörne & Co.), lo mejor es hacerlo con ellos, a F[riedrich] E[ngels] al cuidado de E[rmen] & E[ngels] — son nuestros transportistas. Éste es también siempre el mejor camino para hacerme llegar paquetes.

En cuanto vea con algo más de claridad mi camino para este mes, recibirás más. Hay que pagar algunas deudas, todavía no sé cuántas. De ello depende la suma que aún pueda enviar.

Weerth está en Bradford. No vendrá hasta dentro de 8 días.

La novela Pindar toma un giro completamente burgués. El pobre chico ya empieza a tener remordimientos. Como no le he dado noticias de su esposa y de su madre desde el quince de septiembre, me bombardea con cartas y amenaza con escribirles directamente a ellas pidiéndoselas. El tipo parece figurarse que yo me paso todo el día allí, como si los rasgos faciales finlandeses y el corazón escandinavo-germánico de su media naranja de sangre fría ejercieran sobre mí el mismo hechizo que antaño y aún ahora ejercen sobre él. El señor Pindar se había elevado un poco ante mis ojos con su evasión, pero estas cartas vuelven a hundirlo en lo más profundo. Es de pies a cabeza eslavo, sentimental en la frivolidad e incluso en la porquería, rastrero y altivo,

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y de inglés no tiene más que la exagerada —como ruso tiene que exagerarla— taciturnidad. En el último tiempo el tipo se había vuelto algo más locuaz, || y cuando por fin se abrieron las esclusas largo tiempo contenidas, no salió más que insulsez. Además, el enamorado Pindar tiene apetitos sumamente malolientes y no habla de nada con más gusto que de descubrimientos antinaturales. Es un tipo del todo inculto y al mismo tiempo pedante, no sabe absolutamente nada, salvo sus pocas lenguas, en materia de ciencia, incluso las matemáticas más elementales, la física y demás conocimientos escolares, y sobre todo en la historia más elemental es un perfecto ignorante. Sólo su silencio obstinado ha podido hacer creer que sea profundo. No es ni más ni menos que un pequeño burgués ruso con los apetitos de la nobleza rusa, perezoso, dilettante, de corazón blando, que se las da de hastiado, y para colmo de infortunio, maestro de escuela nato. He intentado durante todo el tiempo posible conservar una buena opinión de este tipo, pero es imposible. ¿Qué se puede decir de un hombrecillo que, al leer por primera vez una novela de Balzac (y además Le Cabinet des Antiques y Le Père Goriot), se muestra infinitamente por encima de ella y habla con el mayor desprecio de algo cotidiano y archisabido, mientras que ocho días después de haberse escapado, desde Londres, escribe a su abandonada esposa, que según todos los indicios lo decía completamente en serio, la frase: my dearest Ida, appearances are against me, but believe me, my heart is still entirely yours! Ahí tienes al tipo entero. Su corazón pertenece a la sueca, y así lo demuestran también sus cartas a mí, pero su rabo sólo quiere presentárselo a la francesa. Esta colisión, esta contradicción eslavo-sentimental-vulgar, es precisamente el atractivo que tiene para él en toda esta historia. Pero la sueca es bastante más astuta: le dice a todo el que quiera oírlo que él puede hacer con su corazón lo que quiera, con tal de que no saque nada carnal de casa. El tipo tiene, por lo demás, una falta de conocimiento del mundo y de visión, que está en la más ridícula contradicción con las espirituales pretensiones que, como ruso, tiene. No ha entendido ni el Manifiesto ni a Balzac; me lo ha demostrado con frecuencia sobrada. Que no sabe alemán es seguro, no entiende las cosas más sencillas. Que sepa francés me parece también muy dudoso. Una vez desvanecido el misterio || en el que se mantenía interesante, no queda más que una existencia fallida. Y el tipo, en sus cartas, sigue queriendo tejer todavía ese misterio desvelado hace ya tiempo; es ridículo. Ya verás: en el plazo de tres meses el señor Pindar estará de vuelta aquí y será bon fils, bon époux, bon bourgeois, plus taciturne que jamais y seguirá dilapidando como hasta ahora el resto de su fortuna materna, sin hacer el menor intento de emprender nada ni de dar un golpe. ¡Y ese tipo se escapa

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con una parisina resabiada! Ésa le va a abrir los ojos.

La nueva patraña del veraz Willich es muy hermosa.
Para que el libro no se me vaya al diablo, escribo al mismo tiempo a Dronke.
Tu F. E.

48 Great Ducie St. |

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