Karl Marx a Friedrich Engels  
en Manchester  
Londres, 28 de septiembre de 1852  

I 28 de septiembre de 1852  
28, Deanstreet, Soho, Londres.  
¡Querido Engels!

Hace tiempo que no has recibido carta mía. La causa principal, Weerth, que ocupa plus ou moins las veladas que de ordinario dedico a escribir. Y, por cierto, no para mi gran diversión. Sabes que tengo a Weerth en gran estima, mais es penoso, cuando uno está metido en la mierda hasta el cuello, tener enfrente a un gentleman tan fino, al que hay que ocultarle las partes demasiado vergonzosas. Semejante situación produce una doble incomodidad, y espero que mañana parta para Manchester y que, cuando regrese, me encuentre en circunstancias en las que pueda tratar otra vez francamente con él. Por lo demás, creo que, aparte del estado de sufrimiento de mi mujer, no me ha mirado demasiado hondo en las cartas.

Le he entregado un gran paquete para que te lo haga llegar. Contiene documentos que pertenecen al archivo, algunos de los cuales ya conoces en parte, aunque no en su mayoría.

Adjunto el extracto de una carta de Barthélémy a Willich. B. ha entregado esta carta a un francés llamado Durand para que se la hiciera llegar a W. Durand, que no pudo descifrar la firma, preguntó a Dronke si podía hacer llegar el escrito a W. D. aceptó naturalmente, vino luego a verme, y Lupus, gran artista en este género, abrió la carta de manera magistral. D. ha copiado lo más importante –por lo demás, no contenía más que basura–. ¿Qué piensas de ese valiente Barthélémy, «al que le es imposible resignarse a dejar a Bonaparte gozar tranquilamente de su triunfo»? ¡Tiembla, Bizancio! En cuanto a la supuesta carta de Blanqui, me parece una mentira melodramática del sombrío Barthélémy. Pues ¿qué comunica sobre Blanqui? Que la situación de los prisioneros de Belle-Île es bien triste. Si Blanqui no tenía nada más que revelarle, habría hecho en todo caso mejor en guardarse para sí sus Tristes. Por lo demás, de toda la carta de B[arthélémy] se desprende que está completamente separado de la emigración francesa y de las sociedades francesas en Francia.

Para que puedas también ponerte «un poquito en el punto de vista histórico-universal», te envío adjunto un artículo de la Augsburger Allgemeine del espía A. Mayer, quien aquí en Londres ha sido echado «a la calle de la casa» incluso por los amigos íntimos de Willich y Schapper.

Ya te habré escrito que Herzen está aquí y anda haciendo circular unas memorias contra Herwegh, quien no sólo le puso los cuernos, sino que además le ha sacado a presión 80 000 francos.

No he podido trabajar todavía en un artículo, ni siquiera en el borrador del artículo final para Alemania. El incesante escribotear en la mierda familiar me absorbe de tal modo que desde hace 3 semanas no he ido a la biblioteca, cosa que aprovechaba al mismo tiempo para mantener en pie a mi mujer durante esta época tan fatal para ella.

A propósito.

Es un hecho positivo que la conspiración de los orleanistas gana cada día en actividad, extensión y posibilidades. Los señores se han coaligado con Cavaignac, Charras, Lamoricière, Bedeau. Entre los ayudantes de campo de L. Bonaparte hay 3 comprados, es decir, se han depositado para ellos sumas considerables en el Banco de Inglaterra. Con los republicanos puros se ha cerrado el siguiente contrato. Primero: formación de un gobierno provisional compuesto únicamente por generales. Segundo: Cavaignac recibe Marsella, Lamoricière Lyon, Charras París, Bedeau Estrasburgo como garantía. Tercero: el gobierno provisional exhortará al pueblo a decidir en sus elecciones primarias si quiere la Constitución de 1830 con la dinastía de Orleans, o la Constitución de 1848 con un presidente. En este último caso, se presentará como candidato Joinville –el judío Fould mantiene ininterrumpidamente relación con los Orleans–. El mes de marzo está fijado provisionalmente para la ejecución de la empresa, en el curso de la cual B[onaparte] deberá ser asesinado por sus ayudantes de campo en caso de necesidad. Pero se quiere que B. sea primero emperador y se haya desgastado aún más.

Yo mismo he hablado con el agente orleanista que viaja libremente de acá para allá entre París y Londres. Anteayer estuvo con Banya en casa del duque de Aumale.

Por una carta de Piali deduzco que lord Palmerston, en una audiencia privada en Londres, ha dicho a una aristócrata italiana exiliada toda suerte de cosas consoladoras sobre Italia, y asimismo se traza a sí mismo la «consoladora» perspectiva de ser «primer ministro» inglés en menos de un año. ¡A qué están entregados los viejos a la mentira y a la vanidad! Por lo demás, el señor P[almerston] se expresó con claridad al menos en un punto: Lombardía-Véneto, en caso de insurrección, tendrían que unirse inmediatamente al Piamonte. La tontería de una «república italiana» hay que dejarla para «el futuro».

Dronke, morador de la model lodging house, se disculpa por no haber escrito aún. «Tiene sus razones.»  
Tu  
KM.

En el sobre de la carta anterior que me devolviste se había intentado sin duda abrirlo. Pero, evidentemente, de manera torpe y sin resultado.