Friedrich Engels a Karl Marx  
en Londres  
Manchester, 20 de septiembre de 1852  

120 Set. 1852.  

Querido Marx:  

No sabía que tuvieras tanta prisa con la traducción; dejé correr un poco el asunto, en parte porque, como te dije, no me encontraba bien, y en parte porque Pieper insistía tanto, para fastidiarle un poco. No obstante, me puse a ello ayer mismo y habría terminado de no haberse presentado en mi cuarto hacia las dos de la tarde el señor Schily, ya entrado en años, el cual quiere montar en Liverpool, con una supuesta patente de sosa, una fábrica que ha de rendir de cuatro a quinientos por ciento de ganancia neta y que, según las circunstancias, puede arrojar cuatro millones y medio de táleros al año. Quería discutir conmigo este plan aventurero… estaba a punto de meterse en ese timo con unos cuantos miles de táleros que su hermano quiere proporcionarle. El señor Heyse también anda metido en el asunto, pero no aporta nada más que su talento. Con toda probabilidad, el noble Schily, siguiendo el consejo a sangre fría que aquí ha recibido, apartará los dedos del negocio y aprovechará una oportunidad que se le ofrece de convertirse en agente de un traficante de almas para un estafador de emigrantes de El Havre, en Liverpool. || El señor Heyse acarició en cierta ocasión el limpio planctillo de emplear los fondos del Empréstito Nacional en esta estafa de la sosa, con lo cual se trabajaría democráticamente y, por medio de los millones que se iban a embaucar, se liberaría Europa. Es una lástima que del proyecto no saliera nada; la cosa parece haber fracasado principalmente porque no se consiguió encontrar treinta refugiados capaces de callar.  

Naturalmente, tuve la obligación de emborrachar al noble Schily… no había manera de escapar. En mucho tiempo no me había topado con un zoquete tan inofensivo. La estupidez, ignorancia y despreocupación de semejante hombre de convicciones sobrepasan todo. Cuando estuvo algo achispado y yo debatía con un tercer alemán, primo de Charles, no paraba de gritar, aunque con muy buen talante: “¡No se lo crea usted, que Engels no cree en nada, en nada de nada cree el E., esos tipos de la N. R. Z. no creen en nada, nadie puede sacar nada en limpio de ellos. ¡En nada de nada cree el E.!” Naturalmente, le respondí que los tipos de la N. R. Z., por el contrario, no hallaban la menor dificultad en calar inmediatamente a los de su calaña.  

Esta mañana el buen hombre ha zarpado de nuevo hacia Liverpool con honesto apretón de manos, y esta noche terminaré la traducción. Pero la cosa me retrasa terriblemente, pues tengo que volver a traducir sin excepción todos los pasajes un poco difíciles: Pieper se las arregla siempre con una traducción literal que da lugar a un puro sinsentido. Por lo demás, algunos pasajes son casi imposibles de traducir.  

Haré, sin embargo, todo lo posible por terminarla esta noche, de modo que la recibas mañana.  

Tu F. E.  

Si de algún modo es posible, te enviaré en estos días todavía una libra.