Friedrich Engels a Karl Marx
en Londres
Manchester, 7 de septiembre de 1852

¡Querido Marx!

La traducción de Pieper me da mucho trabajo. El comienzo es precisamente
muy difícil de traducir y l’aimable candidat P. ha dado rienda suelta por completo a su encantadora
ligereza. A ser posible la recibirás el jueves.

Aquí ha ocurrido una novela con Pindar. Hace poco llego a su
casa, no sé si te lo escribí, y encuentro allí a su madre, a
very respectable old English lady, y a una joven dama que parecía muy poco inglesa
y a la que, por tanto, tomé por una rusa. El viernes pasado pregunté
a Pindar si esta Krasnävitza (beauté) era su mujer o su hermana:
— ni l’un ni l’autre, fue la respuesta. El lunes viene su madre
a mi casa: su amado Edward se ha ido, ha desaparecido. Yo no
estaba, pero lo oí y fui enseguida. Je trouve la digne mère en
pleurs, y me entero de lo siguiente: Pindar se ha encaprichado en Petersburgo con una sueca
(o finlandesa) y parece haberse fugado con ella, después de muerto
su padre. Se ha casado con ella en Inglaterra — es
la susodicha Krasnavitza. En Londres conoce a una francesa ||, como
la vieja, que naturalmente la pone muy mal, sostiene, antigua
puta parisina, y maîtresse de un fabricante inglés de comedias llamado
Taylor. Él le da clases, y el tranquilo candidato se enreda con ella en una
relación amorosa. Su mujer descubre la historia (la vieja había venido entretanto
de Kronstadt, había traído dinero y se había
reconciliado con la sueca) y para apartar a P. de la francesa
toda la familia se va a Liverpool. También allí hace venir a la loreta,
y la sueca, que parece tener mucha paciencia y tenacidad,
lo descubre de nuevo. Nueva emigración a Manchester, donde la
vieja por fin se amuebla y compra ella misma 2 casas (vive de las ruinas
de la fortuna del viejo Pindar, hecha en el Timber and Biscuit Trade, y en sus manos
malgastada). Pero P. hace venir también aquí a su francesa
— ha estado aquí seguramente 3 veces, lo sé porque
entonces me sablaba con regularidad y después pagaba con mucha regularidad.
Pero para poner fin al asunto, el sábado pasado se fuga
con ella, según afirma su madre, a Australia, como me parece más
probable, ya sea a Nueva York o simplemente a París. Ha sacado
190 £ que le pertenecían de los fondos, y se las ha llevado,
pero en el ómnibus perdió enseguida 20 £ (el camarero del hotel donde
se alojaba la francesa opina que ella se las habría birlado). El tipo
tenía dinero suficiente, su madre lo mantenía en todo, y tenía 100 £ de dinero de bolsillo.

La sueca ha viajado ayer tras él a Liverpool, tengo curiosidad por saber
qué resultará de ello.

El pobre diablo es perseguido de por vida, y de modo terrible, por su alocado
matrimonio juvenil con el ideal sueco — voilà ce qui a toujours
pesé sur lui. Con un poco más de práctica y habilidad habría podido
entretenir aquí muy bien a la francesa con sus 100 £, pero ¿dónde
va a sacar práctica un tipo que a los 21 años se encapricha con una sueca,
se fuga con ella y se casa burguesamente con ella! Si el estúpido muchacho
me hubiera contado la historia, habría sido una pequeñez arreglarlo.
Pero enredarse con una francesa à l’étranger en una segunda historia plus ou moins
vitalicia y en cualquier caso seria, fugarse con ella, quelle bêtise!
Elle lui en fera voir, ma foi! sobre todo si realmente ha ido
a Australia. Y encima su vieja es una persona terriblemente
bondadosa y débil, con la que Dios sabe qué habría podido montar.
Pero así como Kinkel en el prometerse, Pindar parece ver en el fugarse
la verdadera esencia de todo lance amoroso.

Tus noticias sobre Vetter, etc., y las de Londres son estupendas. Te devuelvo la
carta de Massol, también la de Weyd[emeyer] — las de Cluss las retengo aquí jusqu’à nouvel
ordre. ¿Qué hay con los artículos para Dana? La ausencia de Pindar me da más tiempo,
ahora impulso el ruso más con amore sine ira et studio,
y ya sé algo. Las Militaria están de momento at a discount. Las tareas de la oficina, muy bienvenidas.

Tan pronto como pueda, es decir, en un par de días, te enviaré dos
libras, que es todo lo que puedo desprender por el momento.

Tuyo
F. E.
Martes 7 de Sept. de 52.