Karl Marx a Friedrich Engels 
en Manchester

Londres, 30 de agosto de 1852

28, Deanstreet, Soho, Londres.

¡Querido Engels!

Por los documentos que te he enviado habrás visto cómo maniobran Kinkel-Willich. Ignoran su deposición por los garantes de su entorno inmediato y tratan de obtener subrepticiamente los votos uno a uno, razón por la cual también Schurz, inmediatamente después del 12, ha viajado a América. (Tiene además el propósito ulterior de fundar allí jardines de infancia amistos con la luz.) De lo que se trata para estos señores es de llegar por fin realmente a la administración de los fondos, de la que amenazan con retirarse si no se les complace. El point d'argent es ése. Los tipos han gastado 200 libras esterlinas, que difícilmente se les ratificarían aquí. De ahí el intento de hacerse autorizar directamente y «con la mayor rapidez» desde América para realizar gastos, o de recurrir a la adición de un tercer colega, para así poder actuar como constituidos. Han abordado el asunto a su manera astuta. Primero enviaron los documentos a América y a Suiza, a espaldas de los garantes de Londres. Luego entregaron los escritos a éstos el 26 (aunque fechados el 11 y el 12), con la indicación de considerar el silencio como aquiescencia.

Pero como posiblemente los votos de los garantes, también en América y Suiza, podrían inclinarse mayoritariamente contra estos señores, han convocado muy sigilosamente en Amberes para el 14 o 15 de septiembre una asamblea de garantes afines a Kinkel, para así precaverse contra todas las eventualidades mediante un supuesto acuerdo de congreso.

Pero por lo que sigue verás de qué índole son las «fuertes» organizaciones en Alemania con las que hacen alarde.

Sabes que se dice que Gebert ha viajado a América. Tout le monde lo cree. Pero el asunto es como sigue.

Kinkel-Willich han enviado a principios de este mes un emisario a Alemania, a saber, a Gebert, el borracho oficial de sastre. En Magdeburgo ha congregado a una llamada comuna comunista; se celebraron deliberaciones durante tres días consecutivos, tomaron parte entre 26 y 30 miembros, la presidencia la ejerció un tal Hammel, contra Marx y Engels se debatió con gran enardecimiento, — además de varias cuestiones administrativas y de organización se abordó la cuestión: ¿cómo y de qué manera podría crearse una imprenta? Se encontró a un pobre impresor establecido en Magdeburgo o sus alrededores, y con él se celebró un contrato. Pone su oficina a disposición de la propaganda, la antigua razón social se conserva. A cambio se le pagaron inmediatamente 100 táleros y se le entregó un pagaré por 350 táleros al final del año, a contar desde ahora.

La policía lo supo todo desde la partida de Gebert. Lo hace acompañar constantemente. Tenía a su informante en la asamblea de los nudos de Magdeburgo. Quiere encarcelarlo tan pronto como haya cumplido su misión y llevado a tantos como sea posible al atolladero. El asunto es muy perjudicial para nuestros presos de Colonia. Si encarcelan a Gebert, etc., considero que ha llegado el momento de denunciar públicamente y advertir contra esos tipos que, para una agitación fingida y para darse importancia, desde su seguro escondrijo hacen el juego a los gobiernos alemanes, especialmente al prusiano. He informado de inmediato a Colonia. Cómo me he enterado del asunto, solo puedo comunicártelo de palabra. Aquí el secreto postal es también una cosa problemática.

Willich se envilece por completo. Ya nadie le fía un céntimo a cuenta de que «eso» va a empezar. Su amigo Schärtner le declaró hace unos días públicamente que ahora debía terminar el «libre» comer y beber. Se puso rojo como un pavo y el implacable Schärtner le obligó, poniendo la teoría inmediatamente en práctica, a pagar al contado las copas que acababa de disfrutar. Un cierto, aunque insuficiente, sostén encuentra aún Willich en el fornicar con la vieja filistea de la casa donde vive. También esto se ha hecho notorio. Ya nadie cree en la ascética de este Sancho Panza. Cuando escribe a Johann y a otros que «el tiempo de la pluma ha pasado, ha llegado el tiempo de la espada», este último pasaje significa en claro alemán: «Ha llegado el tiempo del sableo.»

El general revolucionario Techow no viajará hasta dentro de unos días a Australia con Madame Stirner y su novia. Pues vivía, como sabes, desde hace largo tiempo aquí con la Stirner. Pero ahora llega su novia, una persona acaudalada. Cuando la Schmidt se da cuenta de ello, declara que se retira. Mas luego, tras enterarse la novia de que Techow ha vivido con la Schmidt, declara que ya no lo quiere y hace venir a su eventual prometido, un granjero de Prusia Oriental. No obstante, él sigue viviendo en casa de ella y el prometido (el otro) a una hora de Londres. ¡Pobre asno de Buridán-Techow!

Hace unos días, Pyat (Félix) convocó a los franceses que le son afines a una reunión y les presentó un programa que ahora va a imprimirse. «Dios» naturalmente metió su cuchara. Uno de los presentes protestó contra el hecho de albergar a «Dios» en un programa revolucionario. Pyat, conforme al gobierno directo, hace votar. «Dios» pasa con 7 votos de mayoría. L'être suprême est sauvé encore une fois. Antes se decía: Dios no abandona a los suyos. Ahora se dice: Los suyos no abandonan a Dios. Una mano lava la otra.

El general Vetter había desaparecido de Londres por un largo período, nadie sabía adónde. El misterio se ha aclarado. Vetter viajó con un pasaporte americano, en el que figuraba como pintor, con su amante, una cantante de nombre Ferenzi. Pasó como artista. Ella dio conciertos en todos los lugares importantes, y así él ha llegado desde Génova y Milán hasta Roma, Nápoles, Palermo. Tenía los passwords y las recomendaciones de Mazzini-Kossuth. De este modo le eran accesibles los círculos secretos italianos, mientras que su oficio ostensible lo introducía en los círculos superiores. Hace algún tiempo ha regresado aquí y ha presentado informe al «comité central europeo». (Nota bene. Darasz ha muerto y fue enterrado la semana pasada.) El resumen del mismo, para gran pesar del «piadoso» Mazzini: Italia se ha vuelto completamente materialista. Solo se habla de comercio, negocios, sedas, aceites y otras miserias mundanas. Los burgueses calculan de un modo terriblemente positivo las pérdidas que les ha ocasionado la revolución de marzo y solo piensan en resarcirse sobre el presente. En cuanto a la iniciativa insurreccional, se alegran de dejársela a los franceses, a ese pueblo frívolo y sensualista. Lo único que temen es que los franceses se apresuren demasiado.

Ya te imaginas, querido, qué golpe de rayo para el arcángel Mazzini. El general Vetter, ya nombrado comandante superior de las fuerzas mazzini-kossuthianas, les declaró que, estando así las cosas, lo mejor que podía hacer era irse con su amante a América. A fin de cuentas, el desdichado Mazzini ha convenido con Kossuth en dejar de buena gana la iniciativa insurreccional a los franceses. Pero no a la vil multitud, sino a Bonaparte.

Desde París me escriben sobre ello, entre otras cosas:

«Kiss, emisario de Kossuth, ha entrado aquí en contacto no solo con los orleanistas, sino con los bonapartistas. Kiss ha trabado conocimiento con los hijos de Jérôme. Apoyándose en esta convencional relación, supo llenarle la cabeza a Kossuth para entrar en una alianza con el gobierno francés en favor de Hungría. El fantástico agitador cayó en el lazo y envió a tal efecto a Kiß, provisto de florines, aquí, a París. Kiß se divierte en cafés y otras casas, hace antesala de cuando en cuando ante Pierre Bonaparte, le levanta a éste una cortina de humo, escribe informes espléndidos a Kossuth y ya no hay duda sobre la liberación de Hungría. Estos revolucionarios por excelencia envían agentes para sellar con el “tirano” una alianza de vida o muerte.»

Mais ce n'est pas tout.

Sé de fuente segura que, en nombre de la «Centralización» polaca, el viejo loco Lelewel y Taddäus Gorzowski han estado aquí. Han presentado a Kossuth-Mazzini un plan de insurrección cuyo pivote es la colaboración de Bonaparte. Estos viejos asnos conspiradores caen en la trampa cada día de nuevo. Como agentes aquí tienen y han tenido a un tal conde Lanckoronsky o similar. Ese tipo (vive en 7 Harrington Street, Hampstead Road) es agente ruso, y su plan insurreccional tuvo el honor de ser corregido de antemano en Petersburgo.

Tuyo

KM