Karl Marx a Adolf Cluss
en Washington
Londres, 30 de agosto de 1852
(Extractos)

Los señores han maniobrado del siguiente modo. Ignoran su destitución por los garantes en su entorno más inmediato, que los ven con claridad, y buscan sonsacar los votos uno a uno, razón por la cual Schurz ha viajado también a América. (Tiene el propósito adicional de establecer allí jardines de infancia en el espíritu de los Amigos de la Luz.) Ellos, que hasta ahora han pescado en vano el control irrestricto de los fondos que Reichenbach les retiene, fingen que ahora están dispuestos a dimitir si no se conceden sus deseos. El punto para ellos es, más bien, echarles mano.

El point d'argent es éste. La gente ha gastado 200 libras, que difícilmente les serían ratificadas aquí. Mediante este golpe, mediante autorizaciones especiales de otros garantes, piensan arrebatarle el dinero a Reichenbach y, sobre todo, encubrir las 200 libras. Su truco fue como sigue. Primero, los documentos del 11 y 12 de agosto se enviaron a América y a Suiza a espaldas de los garantes londinenses. Luego los papeles se entregaron a estos últimos, el 26, con la instrucción de que, si no respondían antes del 1 de septiembre, su silencio sería considerado como consentimiento. – ¿Qué dice Weitling del hecho de que ahora el dinero haya de fluir por medios tortuosos al digno Heinzen? Los señores también se han cuidado de no mencionar que la Liga Revolucionaria de aquí ha fracasado miserablemente en su establecimiento, pese al prólogo de Kinkel y los ruegos de Gögg. Ni un solo hombre se ha dejado conmover. Lo que ahora llaman en Londres la Liga Revolucionaria es la cola claramente delimitada de 7 hombres tras Ruge, que existía antes con el nombre de Asociación de Agitación. Esta Liga comprende a los siguientes señores: Ruge, Gögg, Frank (de Viena), Ronge, Tausenau, Sigel (el otro); el comerciante de tabaco Oswald y el dominante Dralle se han sumado en lugar del general Sigel y de Fickler. – Dralle fue denunciado por el propio Dulon, porque abandonó corriendo su pequeño periódico de Bremen en el momento de peligro.

Willich se está yendo al traste por completo. Schärtner ha suspendido su comida gratuita y lo ha puesto públicamente de patitas en la calle. Ahora quiere irse a América y espera ser recibido amistosamente por la Liga Revolucionaria, a la cual, en efecto, había destinado antes las 1.000 libras como dote. Schärtner había sido acogido con cuidado en la Autoridad Central de la Liga de Willich. La posición de Willich en Londres se ha vuelto del todo insostenible; su vida de parásito ha llegado completamente a su fin. No hace daño si estos planes y grandes motivos de los patriotas se hacen públicos. – En el documento de Kinkel-Willich encontraréis la fina frase: el tiempo de la pluma ha pasado, ha llegado el tiempo de la espada; esto significa, en claro alemán y en sentido superior: ha llegado el tiempo del «Fechten».

El general revolucionario Techow parte en pocos días hacia Australia con Madame Schmidt (la esposa de Stirner). Lleva algún tiempo cohabitando con ella aquí. Pero ahora llega aquí su prometida. La señora Schmidt declara, al saberlo, que se retirará. Pero entonces aparece otro «novio» de su prometida, y esta dice que ya no quiere a Techow, porque vivió con la señora Schmidt, y que se casará con el otro. No obstante, él se queda en casa de ella, y el novio (el otro) a unas millas de Londres. ¡Pobre Buridan Techow!

Madame Pulzky se aburrió espantosamente. Cayó en sus manos uno de los periódicos americanos en que la mencionasteis.

A propósito. Szemere ha enviado su manuscrito a Webb; pero de antemano se pactó por escrito que debía imprimirlo sin cambios. Os resolveré el misterio de Szemere. El hombre es muy miserable y por eso prefiere que Webb le imprima sus cosas antes que hacerlo él mismo, lo cual podría muy bien.

[...] Hace unos días Félix Pyat convocó a los franceses que se mantienen unidos a él para una réunion y les presentó un programa que ahora ha de imprimirse. En él figura «Dios». Uno de los presentes protestó contra albergar a Dios en un programa revolucionario. Pyat, fiel al principio del gobierno directo, lo pone a votación. «Dios» sale aprobado por una mayoría de 7 votos. L’être suprême est sauvé encore une fois. Antaño se decía: Dios no abandona a los suyos. Ahora dice: los suyos no abandonan a Dios. ¡Una mano lava la otra!