Friedrich Engels a Karl Marx  
en Londres  

Manchester, 24 de agosto de 1852  

Querido Marx:  

Esta noche se terminará de traducir el final de tu artículo; mañana o el jueves se hará el artículo Germany. Charles se ha ido de viaje por unos días y yo tengo mucho que hacer en la oficina, de modo que a menudo por la noche estoy completamente aturdido.  

Gracias por los materiales de historia bélica. ¿Podrías, quizá cuando tengas ocasión, mirar en el British Museum si allí se encuentran: 1) la Revista militar austríaca desde 1848; 2) el Semanario militar prusiano y el Wehrzeitung de Berlín; 3) cualquier otra revista militar, en especial revues, también francesas, desde 1848? — También una colección de la Augsburger Allgemeine Zeitung, sobre todo a partir de 1850. Estas cosas me son muy necesarias y, si de algún modo es posible, intentaría encontrar tiempo para trabajarlas allí a fondo cuando esté en condiciones.  

El extracto de la carta de Cluß nos muestra al père Weydemeyer bajo una luz aún más westfaliana de lo que jamás esperábamos. Bielefeld tout pur. Esto supera todo.  

El final de Johann Gottfried es muy grato. Al noble no le queda más que la desconsolada conciencia de haber cumplido con su deber y de engrosar las reservas de metálico del Banco de Inglaterra. ¡Y encima el famoso documento del Morning Chronicle resulta ser falso, con lo que su nueva fecha de la liberación del mundo, que él había fundado no sobre crisis comerciales inciertas sino sobre un hecho seguro e inevitable, se desmorona!  

La farsa Willich-Schily debe de haber terminado de manera divertida. ¡Pauvre Willich, cuántas veces echará de nuevo de menos, entre los filisteos que lo azuzan, la compañía del lobo rojo!  

¿De modo que el astro de la libertad de Harney se ha extinguido mortalmente?  

En efecto, parece que la crisis quiere venir, si bien las quiebras recientes fueron solo preludios. Por desgracia, la cosecha en el nordeste de Alemania, Polonia y Rusia parece pasable, en algunos puntos buena. Aquí también el último buen tiempo ha dado fruto. Pero Francia sigue metida en la salsa, y eso ya es mucho. — El pequeño pánico en el mercado monetario parece haber pasado; los cónsules y las acciones ferroviarias vuelven a subir con soltura, el dinero está más fácil, la especulación sigue muy repartida entre cereales, algodón, vapores, operaciones mineras, etc. Sin embargo, en el algodón ya se arriesga mucho; ante una cosecha que hasta ahora se presenta excelente, los precios suben sin cesar, puro efecto del gran consumo y de la posibilidad de que pueda producirse un breve período de escasez de algodón antes de la llegada de los nuevos suministros. Por lo demás, no creo que esta vez preceda a la crisis una auténtica fiebre especulativa, y si por lo demás las circunstancias son favorables, un par de malas noticias de las Indias Orientales, un pánico en Nueva York, etc., demostrarán muy pronto que más de un virtuoso ciudadano ha hecho, en el más completo silencio, toda clase de estafas. Y estas malas noticias decisivas desde mercados saturados no pueden tardar en llegar. A China y a las Indias Orientales se sigue enviando masivamente sin cesar, y sin embargo las noticias no son especialmente buenas, es más, Calcuta está decididamente abarrotada y aquí y allá quiebran comerciantes nativos. No creo en una prosperidad que vaya más allá de octubre o noviembre — incluso Peter Ermen empieza a preocuparse.  

Por lo demás, depende mucho de la intensidad de la crisis el que ella engendre de inmediato una revolución — de inmediato, es decir, en 6-8 meses. La mala cosecha en Francia tiene el aire de que allí pudiera estallar algo; pero si la crisis se vuelve crónica y la cosecha, a fin de cuentas, resulta algo mejor de lo esperado, la cosa aún puede alargarse hasta 1854. Confieso que me gustaría que me quedase todavía un año de tiempo para matarme a trabajar; todavía tengo muchas cosas que pasar.  

Australia también perjudica. Primero directamente por el oro y la cesación de todas sus demás exportaciones, así como por el consiguiente aumento de la importación de todas las mercancías; luego por la extracción de la población excedente de aquí, a razón de 5.000 por semana. California y Australia son dos casos que no estaban previstos en el Manifiesto: creación de grandes mercados nuevos de la nada. Todavía hay que incorporarlos.  

Tuyo  
F. E.